The Punisher Vol.2 (1987-1995) Recorrido por su primera colección propia
El camino hacia The Punisher Vol. 2 (1987-1995) no puede entenderse sin detenerse en la etapa inmediatamente anterior. Tras años como personaje secundario en otras series, Marvel apostó en 1986 por una primera miniserie en solitario —el Vol. 1, escrito por Steven Grant y dibujado por Mike Zeck— que, en apenas cinco números, redefinió el tono del personaje. La miniserie apostaba por un Frank Castle duro, realista y cargado de violencia explícita, en sintonía con la sensibilidad del cómic de los ochenta y con la popularidad creciente de antihéroes urbanos. El éxito fue inmediato: no solo consolidó al Castigador como un héroe a tener en cuenta en el Universo Marvel, sino que también abrió la puerta a que los editores lo concibieran como protagonista de cabecera mensual.
The Punisher Vol.2 (1987-1995)
El éxito de la miniserie facilitó el que apareciera en 1987 una colección mensual. Mike Baron y Klaus Janson fueron los encargados de inaugurarla, aunque el tándem solo se mantendría durante cinco episodios. Baron dedicó sus esfuerzos a escribir la serie durante cinco años, además de otro en el que también lo hacía con Punisher War Journal -PWJ-, siendo el guionista que más ha trabajado con el personaje y aquel al que se debe en mayor medida la concepción oficial del mismo.
Lo cierto es que el arranque de la colección resultó bastante interesante, sobre todo por la contundencia de los guiones, que lejos de tratamientos simplistas ofrecían una complejidad bastante destacable -en especial la historia del Predicador desarrollada en los números 4 y 5-. Sin embargo Janson abandonaría la colección por discrepancias con el editor de la misma, Carl Potts.
Tras esa marcha el encargado del dibujo pasa ser un joven llamado Whilce Portacio, que se mantendría en la serie entre los números 8 y 18. Esta es la etapa en la que se nos muestra el primer gran enfrentamiento con Kingpin, pero que destaca por ser la que introduce a Microchip.
Sin embargo el prometedor arranque de Baron se ve frenado en seco, mostrando una preocupante repetición de esquemas de un episodio a otro. Comienza a vislumbrarse que Baron comete el mismo error que Steven Grant pero por el motivo contrario: su trabajo, su Punisher, está sobredimensionado emocionalmente. No es ningún secreto que se trata de un guionista contundente, pero aquí se le va la mano. El resultado es el de unos personajes absolutamente enloquecidos; o mejor, el resultado es una descripción enloquecida de un comportamiento demente: como si un esquizofrénico describiese la obra y milagros de un neurótico. No existe la más mínima coherencia en las acciones: el protagonista tan pronto parece un ex agente de la Gestapo, como un anarquista que quiere dinamitar el Sistema.
En cuanto a los dibujantes, algunos tampoco ayudaban demasiado: y así en esta etapa concreta Portacio, que desarrollaba un buen trabajo en la narración de secuencias de acción, realizaba un dibujo también sobreexpresionado. Tras todo un baile de dibujantes como Larry Stroman, Erik Larsen o Russ Heath, nos encontramos con que el siguiente encargado del dibujo, Bill Reinhold, peca del mismo defecto que su antecesor pero además sin el talento de aquel para la cinética narrativa. Reinhold se ocupó de la serie entre los números 30 y 43, aunque con algunas sustituciones intermedias por parte de Mark Texeira. De esta etapa destaca sobre todo una línea argumental de seis episodios –35 al 40– que narra el enfrentamiento del Punisher con uno de sus enemigos más perseverantes, el conocido como Puzzle.

Hugh Haynes entra en la serie en el episodio 45 y se mantendrá como dibujante principal de la misma hasta el final del Suicide Run –episodio 88–, si bien durante ese periodo se pueden encontrar algunas líneas argumentales realizadas por otros dibujantes. El arranque de la etapa de Haynes une el innegable carácter de primerizo de éste a la etapa más floja del trabajo de Baron –la historia en la que el Punisher se va de excursión a Oriente medio, números 47 y 48, constituye lo peor que ha escrito en la colección–.
Mike Baron abandonaría la serie en el episodio 62 y, como no podía ser de otra manera, se despidió a lo grande. Su historia final, desarrollada en cuatro partes –números 59 al 62– y que contó con la labor de Haynes y Mayerik en los lápices, arranca cuando Castle se ve obligado a sufrir una intervención quirúrgica en el rostro debido a unos cortes de cuchillo, lo que aprovechará para solicitar que le realicen además cirugía plástica con vistas a desaparecer durante una temporada. El cirujano, que parece ser que había tratado con anterioridad a Michael Jackson, simplemente le desfigura el rostro de negro. Por si todavía había alguien que pudiese reconocerlo, decide trasladarse a Chicago, en donde se las verá con ciertos policías poco amigos de la integración racial. Rook, nombre utilizado por el Castle negro, recibirá la ayuda de cierto superhéroe local llamado Luke Cage con el que trabará amistad hasta que de repente comience a desteñirse, con la consiguiente extrañeza de sus nuevas amistades.

Braithwaite es lo mejor de saga, un dibujante con una marcada estética diferencial en cuyo trabajo destaca sobre todo la energía que consigue trasferir a las secuencias de acción, merced entre otros motivos a una profusa utilización de las líneas cinéticas. Posee además un estilo agresivo con el lápiz que se ajusta a la perfección al tipo de narraciones de la serie. Eurohit parece querer ser un intento de ofrecer una nueva visión de las aventuras del Punisher, y si lo consigue es en realidad por la labor de su dibujante.
La cuestión es que los autores cogieron gusto a la serie, y se engancharon realizando los cinco episodios siguientes –71 al 75–. Tras el rodaje, Abnett, Lanning y Braithwaite ofrecen un producto más interesante, en el que destaca aquello que rodea al protagonista: Castle se ve inmerso en una guerra con productores de crack, a la vez que asiste a la creación de una fuerza policial especial anti-vigilantes, auspiciada por un congresista preocupado por la seguridad ciudadana y el bienestar social de los votantes. VIGIL, organización que tendrá gran importancia en posteriores momentos de la vida del personaje, cogerá al Punisher entre dos fuegos al ir en su busca cuando su guerra con los distribuidores de droga se encuentre en el momento más álgido.
Survival es el nombre de la siguiente saga dentro de la colección. Abarca los números 77 al 79 y esta escrita por Roger Salick, aunque basándose en un plot de Val Mayerik que es también el encargado del dibujo. Narra las aventuras del protagonista cuando se ve perdido e indefenso en las duras tierras de Alaska. Su importancia reside más que nada en que puede considerarse como el inicio del proceso de recuperación de Mayerik como el dibujante de calidad que se vislumbraba en sus trabajos de juventud.

Precisamente tras Suicide Run se producirá un intercambio de equipos creativos entre colecciones, pasando Grant y Haynes a PWJ, mientras que en Punisher entra Chuck Dixon, guionista que poco a poco se estaba haciendo con el control del personaje. Fortress Miami, la primera saga de Dixon en la colección, comprende los números 89 al 92 y cuenta con el trabajo en los lápices del maestro Russ Heath. Se trata de una visita de negocios de Castle a la ciudad mencionada, en donde se encontrará con un estado de ley marcial en unas calles ocupadas por todo tipo de traficantes aficionados a las armas de fuego.

Tras un episodio –el 96– dibujado por el asturiano Isaac M. del Rivero, el siguiente marca el comienzo del fin. Supone la llegada de Rod Whigham, más historietista más correcto que vistoso, y que será el dibujante que en colaboración con Dixon se encargará de la colección hasta su cancelación. Esta etapa en la historia está marcada por la definitiva distanciación entre Frank y Microchip, de manera de cada uno seguirá la guerra por su lado. La cuestión tampoco quedará ahí y Microchip, que se ha agenciado un Punisher sustituto particular, buscará la jubilación del original. Para ello, aprovechando el conmemorativo número 100 de la serie, tenderá una trampa a Castle para aislarlo en una habitación, donde intentará hacerle un lavado de cerebro. La cosa no sale como se esperaba, y lo único que consigue es entablar un enfrentamiento directo entre los antes colaboradores –con participación de Bullseye como invitado especial–. El resultado será uno de los acontecimientos más impactantes de Countdown: la cuenta atrás que abarca las tres colecciones del personaje y que concluyó con la cancelación de todas ellas en el fatídico mes de julio de 1995. Por tanto, el número 104 de la serie fue también en que significó su cierre, tras ocho años de existencia.
Autor: Norman Fernández




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