The Punisher: primeras apariciones y vol.1: Círculo de sangre Los primeros pasos del patito feo de Marvel

Tras unos años en los que sus apariciones se vieron restringidas a las colecciones del hombre-araña, Castle consiguió alguna historieta con cabecera propia en revistas en blanco y negro como Marvel Preview; historias en las que el personaje pasaba de antagonista a protagonista y el tono se endurecía sensiblemente –ya no utilizaba balas de goma–, a pesar de que el guionista seguía siendo Conway –con alguna ayuda de Archie Goodwin–.
El cambio estaba posibilitado por el formato del tebeo, ya que los magazines en blanco y negro estaban destinados a un público más adulto, con lo que se podían desarrollar historias mucho más fuertes.
La concepción visual del personaje era uno de los elementos más destacables de esta versión primigenia. A pesar de no ser el dibujante de aquel episodio inicial, John Romita fue el responsable de un diseño cuya bondad el tiempo se ha encargado de contrastar: durante casi 25 años las modificaciones que ha sufrido el aspecto externo del personaje han sido mínimas –si acaso, ha habido una pequeña evolución desde un aspecto de malla de superhéroe hacia otro un poco más paramilitar–.
El impacto visual del diseño del Punisher contribuyó activamente a que su repercusión inicial evitase que pasara a formar parte del limbo de los personajes secundarios; mérito que hay que atribuir al trabajo de Romita. Tampoco conviene olvidar la aportación de Conway al crear un personaje, que si bien apenas consiguió desarrollar, tenía potencial. Eso sin olvidar otro elemento a destacar, que no es otro que el famoso Diario de Guerra del personaje, que permitió a Conway una utilización de los textos de apoyo, en primera persona, que se generalizaría durante los ochenta pero que era muy poco habitual entonces.

El propio Miller volvería al personaje en los episodios 182 y 184 de su Daredevil. Partiendo de donde lo habían dejado – la cárcel -, nos muestra cómo personas no identificadas con capacidad para ello ofrecen a Castle la posibilidad de salir a cambio de realizar algún trabajo sucio. Como vemos, la idea de partida presenta interés, aunque la utilización que se hace del personaje en el fondo apenas difiere de la llevada a cabo en Spiderman; esto es, como contraste del protagonista, como elemento para el análisis, por contraposición, de fines y métodos.
The Punisher Vol.1 ( 01/1986 – 05/1986)

La teoría nos dice que a partir de ahora se trataría al personaje por sí solo, pero la práctica se contradice. Al Punisher de Grant lo aquejan todos los personajes o historias escritas por este guionista: es emocionalmente plano. Situaciones y personajes carecen de profundidad, de emotividad, todo resulta frío y distante. El lector es incapaz de reconocer las motivaciones del personaje, sus sentimientos: no sabemos qué le impulsa a actuar de una forma determinada, por la fuerza poco nos aclara las situaciones o los comportamientos, lo que los convierten en antagonistas fácilmente sustituibles. Las acciones y responsabilidades no están claras ni explícitas: el propio guionista no termina de llenar de contenido y fuerza la idea de Miller, y muestra como al Punisher le ofrecen la libertad a cambio de hacer el trabajo sucio al Sistema. Esta idea, no exenta de interés y absolutamente desaprovechada, termina degenerando en una guerra sin sentido entre el protagonista y sus contratantes. O sea, un personaje basado, a falta de otros elementos, en el desarrollo de la premisa el fin justifica los medios se ensarza en una guerra con otros que comparten esa misma filosofía, por un aspecto formal: fin sólo justifica los medios hasta donde los lleva Castle, a partir de ahí vuelve a ser punible.
La serie limitada conseguía un gran éxito en su momento: según palabras de su guionista el primer número se agotó en dos horas; aunque ello se debió principalmente al dibujo de Mike Zeck –que se encontraba en uno de los momentos de mayor popularidad en su carrera-. Además, fue precisamente en los primeros episodios de esta miniserie -hasta que empezó a pillarle toro-, en donde llevó a cabo uno de sus trabajos con mayor espectacularidad visual.
Autor: Norman Fernández










