Astérix en Lusitania, de Fabcaro y Conrad El álbum 41 de los héroes galos nos lleva a la antigua Portugal
Dos años después de «El lirio blanco» (2023) nos llega «Astérix en Lusitania», el álbum número 41 de este clásico de la BD y que lo hace, simultáneamente, en otros 18 idiomas y con 5 millones de ejemplares de tirada mundial. En esta aventura de Astérix y Obélix repiten Fabcaro al guión y Didier Conrad a los lápices, una gran noticia después del buen sabor de boca que nos dejó el anterior álbum.
Al contrario de «El lirio blanco» (2023), en esta ocasión los autores optan por un álbum de viaje (el número 25 de los galos) llevando a nuestros queridos protagonistas a Lusitania (actual Portugal), un destino inédito que abre nuevas posibilidades narrativas y gráficas. Por un lado, Fabcaro explora con éxito los contrastes de un nuevo país que se visibilizan con mucho humor en el personaje de Obélix, contrapunto que funciona a las mil maravillas y uno de los elementos más destacados del álbum. Sacar a los protagonistas de la aldea le permite poner el foco narrativo en los habitantes de Lusitania y en desarrollar a Obélix, algo olvidado en las anteriores aventuras guionizadas por Ferri. Por otro lado, desde el punto de vista gráfico, Didier Conrad junto al colorista Thierry Mébarki, consiguen transmitir un país muy luminoso, con paisajes verdes, ciudades coloridas y ese tono melancólico tan característico. Además, visitar Lusitania supuso un doble reto gráfico al tener que recrear visualmente la ciudad de Olisipo (Lisboa), por lo que la documentación (se modeló completamente en 3D) como el detalle histórico ha sido un factor clave en el resultado. Además, Conrad tuvo una dificultad añadida, los habitantes de Lusitania habían aparecido en «Astérix en Hispania» (1969) pero solo en su versión masculina. En esta ocasión ha tenido que definir los personajes femeninos lusitanos desde cero.
«Astérix en Lusitania» comienza cuando «Venagaes», un lusitano que había participado en la construcción de la «Residencia de los Dioses» (1971), llega pidiendo ayuda a la aldea para salvar la vida de «Aversivés» encarcelado por los romanos y condenado a muerte. Astérix y Obélix emprenden viaje hacia Lusitania a bordo del barco del mercader fenicio Espigademaíz en una aventura que tendrá las señas de identidad clásicas: humor, aventuras y referencias culturales que son, a su vez, una foto de la sociedad de hoy pero sin anclarse a la actualidad. Así, encontramos homenajes al fado, al bacalao, la cerámica, a los azulejos y, sobre todo, a la saudade, esa soledad, nostalgia y añoranza, tan característica y símbolo de identidad portuguesa y eje cómico del álbum.
Humor y calidad gráfica en «Astérix en Lusitania»

El arte de Didier Conrad se muestra sólido y muy asentado en el dificil equilibro entre la fidelidad a Uderzo y su propio estilo, el cual vamos desgranando en pequeños detalles. Se siente cómodo tanto en las grandes escenas como el lenguaje gestual e incluso le perjudica el formato de álbum, que se le queda algo pequeño tanto en número de páginas como en tamaño de página (os recomendamos la versión de luxe que se ha publicado en Francia).
En conjunto, «Astérix en Lusitania» es uno de los mejores álbumes de Astérix desde la llegada de nuevos autores manteniendo la mezcla de humor, historia y crítica social, pero siendo respetuosos con el legado de Goscinny y Uderzo. No se lo pierdan.









