Más allá del arte de Spectrum, desde Azpiri hasta hoy
Hubo un tiempo en los que la elección de los videojuegos que comprábamos no estaban condicionados por lo que leíamos en la web o en los videos trailer de Youtube, ni mucho menos por los decenas análisis o reviews que ahora somos incapaces de digerir en su totalidad. La única manea de «evaluar» ese videojuego era la portada del mismo. Y ya sabíamos de antemano, sobre todo en los años ochenta, que lo que nos íbamos a encontrar en esa cinta de cassette tras eternos minutos de carga no era precisamente lo que la llamativa portada nos adelantaba. Pero nos daba igual, porque éramos incapaces de no sucumbir a aquellas «covers» que desde el primer momento se grababan en nuestra retina y nos hacían babear ante la posibilidad de traspasar la puerta al universo de los 8 bits, por aquel entones una tecnología que nos parecía más que suficiente para trasladarnos a otro mundo. Por ello , y como esto lo sabían las productoras, era clave elegir al portadista de los juegos. No había ningún estudio capaz de analizar la influencia de estos dibujos en la compra final del juego, pero también era verdad que el único adelanto que podíamos ver como presentación del juego era justo la portada del mismo.
En la industria patria si hay algún nombre que destacada por encima del resto en cuanto a la ilustración de portadas se refiere ese es sin duda el maestro Alfonso Azpiri. Suyas son las obras de títulos tan emblemáticos como Army Moves, Abu Simbel Profanation, Tuareg, Rocky, After the War, Lorna (basado en su cómic homónimo), etc.. Su legado es inabarcable, ya sea tanto en ordenadores (Spectrum, Amstrad, etc..) como en compañías (Dinamic, Topo Soft, etc..). Y no es extraño que prácticamente cuarenta años después de sus míticas portadas para los primeros ordenadores domésticos surjan lanzamientos como el libro Más allá del arte de Spectrum, desde Azpiri hasta hoy, de la editorial GTM Ediciones, que recopila algunos de sus mejores e inolvidables trabajos. Aunque se centra en el mítico Spectrum, todos los aficionados a los videojuegos de la época también podrán disfrutar de este homenaje puesto que casi todos los títulos conservaron la portada en otras «plataformas». Además la obra se completa con reinterpretaciones de memorables portadas por parte de profesionales del sector (incluida su hija).
Mención aparte merecen las sinopsis de los juegos que acompañan cada ilustración, muestra de la originalidad y picardía de la época. Nos encontramos con futuros distópicos donde solo sobrevive el más fuerte, planetas inhóspitos con sensuales guerreras, ladrones que buscan robar la casa del mismísimo Drácula, adaptaciones no oficiales de juegos recreativos que terminaron siendo oficiales tras el visto bueno de la propia empresa propietaria, videojuegos protagonizados por púgiles de nombre «Rocco» que se parecían misteriosamente a un héroe de película de boxeo de los ochenta, etc..
Plataformas, aventuras gráficas, beat´em up, simuladores deportivos, etc…. Nada escapó al arte del eterno Azpiri, que en sus cuarenta años de trabajo, tocó varios géneros como dibujante. Aunque a nosotros nos ganó para siempre el el ocio electrónico ochentero.





