Vangelis El hombre desconocido
Los grandes compositores de bandas sonoras han contribuido enormemente al resultado final de las películas más importantes de la industria del cine, suelen ser además compositores que se dedican en cuerpo y alma al séptimo arte y que prácticamente forman parte de la plantilla de determinados directores. Aunque quizás sean aquellos que más al margen viven de la fama que engullen directores y actores hay uno que tradicionalmente destaca por poseer un aura de místico y misterio, y cuyas partituras han aumentado esa sensación de personaje de otro mundo. Estamos hablando de Vangelis, el compositor griego que es quizás una de las figuras más representativas de su país de origen dada su trayectoria internacional y sus trabajos en el mundo del celuloide. De su mente y manos surgieron bandas sonoras como Carros de Fuego, Blade Runner o 1941: La Conquista del Paraíso.
Los aficionados al cine necesitábamos un libro dedicado a este enigmático compositor, y el autor Antonio García Piñera ha escuchado nuestras plegarias con su obra «Vangelis. El hombre desconocido», un recorrido por sus trabajos no solo dentro del mundo del cine sino al margen del terreno que le ha convertido en inmortal. En este libro conoceremos por ejemplo que Vangelis fue un auténtico autodidacta , jamás escribió una nota de solfeo y siempre componía desde su inspiración (casi divina). Creció en un entorno artístico y rápidamente se puso a crear melodías convirtiéndose en una joven promesa. Formó parte de grupos cuya inspiración fueron los mismísimos Beatles, compuso obras para todo tipo de cantantes, fue un prolífico productor y puso bandas sonoras a películas y documentales. Entre estos últimos se encuentran los documentales dedicados a la naturaleza , al espacio (trabajó para la NASA) o al mismísimo Vaticano. Y fue uno de los máximos responsables de las canciones de varios Juegos Olímpicos , pues entre sus amigas más admiradas se encontraba Montserrat Caballé. Incontables son las piezas musicales que se desgranan en este libro , y que los más cinéfilos recordarán sobre todo por aquella BSO por la que consiguió el Óscar, la mítica Carros de Fuego. Estatuilla que no recogió porque estaba trabajando en la no menos mítica Blade Runner, a las órdenes de un Ridley Scott que también se había rendido a su talento y que con el que repetiría en posteriores films. Varias fueron las versiones de la BSO de Blade Runner, título con el que comparte ese aire de melancolía tan sublime solo reservado a los más grandes.
Gracias Antonio por este regalo y por descubrirnos a este artista tan desconocido.




