La carta de David Fincher que envió a las salas de cine
El 12 de septiembre de 1995, con motivo del estreno en las salas de cine de «Seven», les llegaba a éstas una carta de David Fincher en la que indicaba lo siguiente:
Estimado gerente del cine y proyeccionista:
«Seven» fue rodada para inducir un estado de ánimo que es complementario al tema específico de la película. La copia que ustedes mostrarán es una copia interpositiva de mejora de contraste de color que requiere un mínimo de 12 pies «lamberts» para ser disfrutada adecuadamente.
Por lo tanto, solicitamos urgentemente que comprueben la pantalla con un medidor de luz antes de proyectar ‘Seven’. Si la bombilla parece insuficiente, por favor, cámbienla antes de que comience la proyección.
Apreciamos la ayuda con este asunto.
Les saluda atentamente,
David Fincher
Director de Seven
Como se aprecia en la misma, el director quería asegurar que la atmósfera de la película fuera tal y como la había ideado: un tono oscuro, con un gran contraste y un todo apagado que depende, de una manera crítica, de una luminancia adecuada. Una bombilla deficiente o un foco viejo podría arruinar esa atmósfera. Fincher advertía que si no se mide con un medidor de luz, la experiencia del espectador —y por tanto el impacto emocional de la película— podría verse comprometida.
¿Qué significan los «12 foot‑lamberts» de la carta de David Fincher?

La carta de David Fincher exigía 12 fL como mínimo para «Seven», un poco por debajo del estándar SMPTE, pero suficiente para mantener el contraste y ambiente oscuro que buscaba.
Este tipo de preocupación obsesiva por los estándares de exhibición de sus películas es habitual en algunos directores. Por ejemplo, James Cameron con «Terminator 2: Judgment Day (1991)», pidió que la película se proyectara con la máxima nitidez y luminosidad posible. Para ello distribuyó copias de alta calidad, supervisando personalmente la colorimetría para asegurar que las escenas nocturnas y los efectos del T-1000 no perdieran detalle. Durante el estreno insistió en que los cines revisaran el enfoque y la alineación del proyector para evitar halos o desenfoques que incidieran en los efectos CGI.
En alguna entrevista, James Cameron criticó sin tapujos a las salas que usaban bombillas gastadas o pantallas mal calibradas, declarando que eso “traicionaba el trabajo de meses de producción”.
También Steven Spielberg, con ocasión del estreno de «Jurassic Park (1993)«, envió copias con instrucciones de proyección para que los cines calibraran el contraste y brillo antes de cada sesión. La sensación de realismo de los dinosaurios dependía, en gran parte, de una correcta proyección de color y contraste, especialmente en escenas más oscuras, como la del T-Rex bajo la lluvia.
Spielberg trabajó con el equipo de ILM para crear un master con colores “neutros” que, aun con variaciones en la proyección, mantuviera la textura naturalista de los dinosaurios. Se recomendó a las salas el uso de pantallas de alta ganancia para mantener la sensación de tridimensionalidad, algo poco común en los cines de la época.
Otros directores como Stanley Kubrick con «2001: A Space Odyssey (1968)» (insistió en que los cines utilizaran proyectores de 70 mm y pantallas curvas), Quentin Tarantino con «Pulp Fiction (1994)» (quiso mantener el grano del celuloide y evitar copias digitales degradadas) o Christopher Nolan (recomendó niveles mínimos de foot-lamberts para proyecciones en salas IMAX) también establecieron exigencia para sus películas, pero la carta de David Fincher que hemos traído hoy ha quedado para la historia. Otro día hablaremos del resto :-).





