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DÍA 5. Vatnajökul – Jökulsarlón

Había sido una noche dura. Cuando baja el sol también lo hace la temperatura, unos 10 grados menos durante la madrugada, y te pilla de sorpresa en la tienda cuando ya estás dormido y no quieres ni pensar en salir del saco a por un jersey. Nos levantamos temprano porque había que recoger la tienda y estar preparados para la excursión al glaciar, prevista para las 9. En el parking nos ajustamos los crampones y el arnés y un todo terreno nos llevó a pocos kilómetros de allí, a una de las lenguas glaciares que caen del Vatnajökull. El guía nos enseñó a movernos por el hielo y a usar el piolet y marchamos glaciar adentro subiendo y bajando pequeñas montañas heladas y sorteando las profundas grietas que se forman. De vez en cuando se oía un río por debajo del hielo y pequeños pozos de color cyan aparecían constantemente ante nuestro heterogéneo grupo (2 suecos, 3 franceses, el guía islandés y nosotros).

Después de unas 2 horas de marcha paramos a reponer fuerzas con los bocatas y después llegamos al punto culminante de la excursión, un río que serpenteaba con rapidez por el hielo y se perdía en las profundidades en una cascada y un agujero vertical sin fondo visible. Cuando ya la gente estaba impresionada el guía nos dice que va a atarnos con una cuerda al arnés para que bajemos un poco a la altura de la cascada, en la boca del agujero al abismo. Así que inserta un par de clavos en el hielo y uno por uno vamos asomándonos a ese profundo pozo, pasillo hacia el otro mundo de haberse roto la cuerda. Todos nos hicimos la foto y media vuelta a buen ritmo, tanto que al llegar al coche estábamos destrozados, ¡menos mal que elegimos el nivel medio de 5 horas y no el de todo el día como en principio teníamos pensado! Teníamos pensado hacer también una ruta en motos de nieve, pero cuesta unos 120 € la hora, así que pasamos. Vuelta al camping y salimos hacia la siguiente etapa, el esperado Jökulsarlón, una maravilla al lado de la Ring Road. Desde la carretera casi no se ve, pero en algunos de los huecos que dejan los montículos que lo rodean ya se te escapan algunas admiraciones. No pudimos esperar ni a llegar al aparcamiento, paramos en la primera explanada que salía de la carretera y subimos ese montículo casi corriendo sin poder esperar a ver lo que desde el coche se había anticipado. Un gigantesco lago de colores que van desde el cyan al violeta refleja el glaciar que lo enmarca y reposando en sus aguas grandes bloques de hielo flotan plácidamente.

Los icebergs tienen formas extrañas y caprichosas, pero lo más llamativo son sus diferentes colores, la mayoría blancos, pero los hay también de color cyan de distintos tonos y negros si acumulan tierra volcánica. De nuevo estábamos ante una de las grandes maravillas de Islandia y apenas había gente en esa zona. Se nos ocurrió meter los pies en el agua para relajarlos, pero apenas 2 metros más allá de la orilla el dolor empezó a ser insoportable, y salimos zumbando, morados de rodillas para abajo. Hay un barco anfibio que te lleva por el lago entre los icebergs, no me acuerdo del precio, pero es igual, porque hay que montarse. El nuestro iba hasta arriba de alemanes y una islandesa que hablaba 5 idiomas nos iba contando cosas en alemán y en inglés, el motivo de los colores de los icebergs, el tiempo que tardan en derretirse (unos 7 años), y que la temperatura del agua es de 2 grados y de caer dentro morirías en menos de 30 segundos. Unos 45 minutos de paseo y como todavía teníamos ganas de más y el lago acaba en un río al lado del mar fuimos hacia allá, y cual no sería nuestra sorpresa cuando vemos bloques de hielo flotando en la orilla y las olas rompiendo sobre ellos. Una pasada.

Pero es que después de un rato haciendo fotos de repente aparece por un instante una cabecita con hocico y bigotes entre los icebergs, y luego más claramente 2 focas preciosas se paseaban a escasos 12 metros de la orilla, entrando y saliendo del agua cada pocos metros. Allí nos quedamos, mirando las focas aparecer cada vez en un sitio, entusiasmados por aquel momento y aquel lugar increíbles.Después de las dificultades del día anterior para encontrar alojamiento esta vez nos habíamos anticipado y teníamos reservada una granja cerca de Höfn, bastante cara, 8000 kr. (95 € la habitación doble, pero con sábanas, almohada y desayuno incluidos). Nos atendió una amabilísima señora que puso a nuestra disposición toda la casa, incluida la nevera, y allí cenamos tan ricamente después de haber vivido un día inolvidable.

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