El día amaneció muy nublado y en seguida comenzó a llover mientras el autobús recorría los 180 km entre Reykjavik y Landmannalaugar. Una distancia relativamente corta que nos llevó 5 horas de viaje entre paradas en estaciones de servicio, bajen a hacerse una foto con el Hekla de fondo y la carretera de tierra del último tramo, de 53 km, con sus respectivos vadeos de ríos, donde el paisaje ya empezaba a regalar algunas montañitas naranjas con sus manchas blancas de hielo por todas partes.

Por fin llegamos y cesó la lluvia, aunque el cielo estaba muy cubierto, pero ni las amenazadoras nubes apagan los colores diferentes de cada montaña: una gris,otra salmón, otra verde, otra negra y otra de siete colores. Landmannalaugar no es más que un refugio de montaña con algunos servicios, pero al ser comienzo o final del trekking Laugavegur siempre está lleno de excursionistas de un solo día y de montañeros acampados en los alrededores del refugio. Aquí puedes informarte de las rutas de una jornada por la zona, comprar algo de comida y mapas, aunque el que venden es el mismo que ya habíamos traído de Madrid, un mapa a escala 1:100.000 que de poco sirve si te pierdes, lo cual es difícil con lo bien señalizado que está el camino. Nos registramos en una lista de seguridad en la que pones dónde vas a estar cada día del trekking, y lo repites en cada refugio al que llegas, así si tienes algún problema y no has llegado al refugio que tenías reservado se da la alarma y comienza la búsqueda. Un belga que viajaba solo extravió el camino entre la niebla a la altura del volcán Eyjafjallajökull, el que erupcionó en 2010, y gracias a que estaba registrado en estas listas se dieron cuenta de que faltaba y pudieron rescatarle.

Comenzamos a caminar. 55 km por delante en 4 etapas hasta Thorsmork, donde termina el Laugavegur, más dos jornadas extras hasta Skogar. En total unos 80 km en 6 días, excursiones alternativas aparte. Muy asequible, la verdad, no es un trekking duro salvo por las condiciones atmosféricas, que suelen ser adversas y muy variables, en el mismo día puedes pasar del pantalón corto y camiseta a ir calado y congelado bajo cuatro capas de ropa. Mucha gente dobla alguna jornada y se hace dos etapas en un día. La experiencia nos demostró que es un exceso a evitar, ya que puede hacerse demasiado largo y no disfrutas igual del camino, que tiene cien recovecos para explorar, y un montón de “evening walks”, excursiones cercanas a los refugios que valen mucho la pena. En caso de necesitar doblar etapa lo más aconsejable es unir la primera y la segunda, es decir, pasar de largo Hrafntinnusker y llegar hasta Álftavatn en un solo día, y si se hace el trekking de 6 días hasta Skogar las dos últimas etapas entre Thorsmork y Skogar también podrían unirse, haciendo una etapa única de duro desnivel en unas 10 horas.

El camino comienza transitando por un paisaje volcánico dominado por montañas de colores salpicadas de neveros. Un escenario inusual y extraordinario que te hace sacar la cámara de fotos apenas transcurridos unos pasos desde el inicio de la ruta. Una inmensa pradera floreada lleva la vista hasta una cascada de dos tramos, rodeada de fumarolas humeantes y pequeños grupos de ovejas. Dan ganas de ir hacia allí, pero el camino gira a la izquierda y asciende una colina naranja, verde y ocre hasta un magnífico mirador desde el que se contempla el mar de lava con Landmannalaugar al fondo.Pronto van quedando atrás las voces de los grupos de chavales y excursionistas de un solo día y en el camino que se adentra en las montañas solo se ven caminantes con enormes mochilas a la espalda. Ya empieza lo bueno. Atravesamos larguísimas masas de hielo, las mayores que había cruzado nunca y el humo de las fumarolas ya no solo se ve a lo lejos sino que a ambos lados del camino suena el burbujeo de una fuente termal en ebullición. Nos desviamos para verlas de cerca y calentarnos manos y cara con su vapor. Es como si tuviesésemos una marmita gigante bajo los pies. Damos con un rincón precioso donde el glaciar desemboca en el río que lleva el agua caliente de las fuentes creando un túnel de hielo por el que entra una persona, con el agua hirviendo a tus pies y el hielo sobre la cabeza.

Decidimos comer allí mismo, jamón y fruta deshidratada al calor de las fumarolas y a pesar de su penetrante olor a huevos podridos, pero cuando dejas de andar el frío y la humedad se hacen notar, así que incorporamos una nueva capa de ropa a nuestros cuerpos y nos ponemos en marcha, ya que nos esperan 3,5 km de glaciares que atravesar. Al empezar a subir el primero vemos que a pocos metros hay un jacuzzi natural de agua lechosa en ebullición. Un río se le une cerca y probamos el agua con la mano allí donde se encuentran. Está templada. Un metro más arriba te quema la mano. El jacuzzi debe estar a más de 100 grados.El refugio de Hrafntinnusker apareció de repente entre la niebla justo cuando una fina lluvia horizontal empezaba a calarnos. The hut is hot, y es una gozada. Allí estaban nuestros nombres en la lista de reservas, nos instalamos en dos colchonetas de las literas de arriba, montamos los sacos y descansamos un rato con la idea de hacer una excursión cercana en cuanto levantara la niebla. Hay unas cuevas heladas a unos 20 minutos de camino, y en la cima del Monte Söðull, a 40 minutos de marcha, las vistas deben ser espectaculares. A veces parecía que las nubes se marchaban pero lo cierto es que el tiempo cada vez fue a peor, apenas si se distinguían las tiendas de los que desafiaban a la tempestad acampando alrededor del refugio, y cada visita al baño -que estaba en el exterior- se convertía en una carrera para exponerse lo menos posible al frío y la lluvia, así que finalmente dejamos la excursión para la mañana siguiente y nos dedicamos a cocinar nuestras dos latitas de fabada traídas especialmente para esa primera cena.
Desde la ventana se ven las fumarolas escupiendo vapor sin cesar flanqueadas por inmensas lenguas de hielo.