Detalle portada Tartufo - Moliere

La semejanza o paralelismo entre las figuras de Shakespeare y Moliére han sido siempre ineludibles debido casi a su contemporaneidad y a su dedicación plena al mundo del teatro. Por ello, quizás exceda en la abundancia de comparaciones, en su mayor parte ocasionado por la lectura continua de las obras. La pieza que nos ocupa es Tartufo, realizada por Moliére en 1667, fue obra de escándalo en la época y posteriormente perseguida. Esta comedia representa un punto de inflexión en la realización de este genero debido a su carácter crítico-social, fuera de las banalidades anteriores, cuya crítica era más fruto de una investigación filológica que propia de las obras.

La trama de la comedia es sencilla: dos jóvenes que se quieren y desean casarse, un padre que se opone y prepara otro matrimonio y ciertas personas “sensatas” que ayudan a éstos a un triunfo del amor. Todo este enredo gira en torno de un protagonista central, Tartufo, alrededor del cual los personajes se van dividiendo en “buenos”(Elmira, la madre, y su hermano Cleantes, los hijos, Damis y Mariana, con Valerio, su enamorado y la doncella) y “malos” (Orgón, la señora Pernelle y Tartufo), los cuales se mostraran muy bien caracterizados. Esta caracterización la encontramos en su lenguaje, Tartufo utilizará una retórica rebuscada, Tartufo: “Sí, hermano, soy un malvado, un culpable, un pobre pecador lleno de iniquidades, el mayor criminal que ha existido nunca. Cada instante de mi vida es un cúmulo de infamias. No soy sino un muladar de crímenes e inmundicias. Y veo que en esta ocasión, para castigarme, me quiere mortificar el Cielo. ..” la discreción de Elmira, la fogosidad de Damis (Acto I. Escena I), etc… también en el histrionismo de Tartufo (Acto III. Escena II), el transcurso se torna a veces dramático con las súplicas de Mariana, Mariana: (de rodillas). Por el Cielo que ve mi dolor y por todo lo que pueda ablandar vuestro pecho, renunciad, señor, al imperio que os da el ser padre y no obliguéis a obedeceros en este punto a una voluntad que yo tengo entregada. No me forcéis, con esa dura ley, a lamentarme al Cielo de lo que os debo y no me hagáis aborrecer la vida que, por mi mal, me disteis. Si, negando la esperanza que albergué en mi pecho, me impedís ser de quien osé amar, sálveme al menos vuestro favor, que, arrodillada, imploro, del suplicio de ser quien aborrezco. No me arrojéis a la desesperación, usando contra mí de vuestro gran poder.

La estructura de la obra nos deja cinco actos en los que la acción nos aparece muy distribuida: el primero, es un movido planteamiento de lo que se avecina, el segundo, presenta a los “malos” y por tanto, la amenaza del amor, el tercero, es el acto en el que triunfa el hipócrita, Tartufo, y en el cuarto y en el quinto, las vicisitudes de los personajes son resueltas de una manera muy hábil: en la escena V, del último acto, el momento parece se suma gravedad, Dorina hace las reflexiones más lúcidas, la tensión se mantiene hasta la escena VII, donde la comedia realiza un giro inesperado que conduce al final feliz. Como propio de una comedia, la obra posee abundantes escenas de gran comicidad, en el acto II, escena IV, se desarrolla una escena de amor y de falsos desdenes que resultan tan conmovedora como ridícula, uno de los mejores momentos cómicos se produce en el acto IV, escenas V y VI, con Orgón debajo de la mesa, el desenmascaramiento de Tartufo, etc.. o la ridícula reacción de Orgón en la escena I del acto V, “Orgón: ¿Que decís? ¿Cuando pienso que aquel semblante fervoroso, tan lleno de dulzura, escondía un corazón tan falso, un alma tan ruin? ¡Y yo que le recogí mendigando y sin tener nada¿ ¡Basta¡ Desde este momento renuncio a todos los hombres de bien. De ahora en adelante sólo me inspiraran horror, y seré para ellos peor que un demonio. “

Para finalizar, señalar que la obra planteada por Moliére es, a mi opinión, una comedia crítico-social, en la que se pretende la ridicularización de la beatitud social, a través de la exposición en público de aquellos defectos latentes en su época. Pese a las escenas cómicas y habilidad en el manejo de los elementos estructurales de la comedia, ésta resulta, en ciertos momentos, carente de la tensión creativa que poseen, por citar un ejemplo, las comedias de Shakespeare o de Lope de Vega.

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