La mandrágora, de Maquiavelo

Considerar que una persona, frecuentemente escritor, sea capaz de elaborar un ensayo político del tamaño de El Príncipe es, hasta cierto punto, concebible. Lo que nos costaría un poco más de esfuerzo sería asumir que, éste, posee talento literario para realizar una comedia teatral desenfada pero que, a su vez, posea una crítica alegórica del momento político contemporáneo que está viviendo, verdaderamente, escapa a nuestro alcance. Este el caso de Nicolás Maquiavelo y su obra, La Mandrágora.

Con una estructura sencilla, cinco actos precedidos por una canción que ambienta la acción que se está desarrollando, alguno realmente breve, los cuales forman la tradicional formula teatral de introducción, nudo y desenlace. Este breve contenido, en cuanto a extensión, es paralelo al número de personajes que forman la trama, tan sólo seis (Lucrecia es objeto pasivo y la mujer, elemento anecdótico). Dichos factores hacen que el peso de la obra resida especialmente en éstos, por ello, me referiré a los mismos de forma individualizada, con la convicción de que, su análisis, de gran parte de la idea del conjunto de la obra y los propósitos del autor.

Como he mencionado anteriormente, los personajes de la obra son sólo ocho, seis activamente: Callimaco, Siro, Micer Nicias, Ligurio, Sostrata, Fray Timoteo, una mujer y Lucrecia. Con un argumento aparentemente simple: un bello mancebo cae enamorado de la mujer de un personaje adinerado de la región y elabora un plan junto con un antiguo casamentero para conseguir a su amada Lucrecia, Maquiavelo traza la acción en época contemporánea y en la misma Florencia. Este aspecto le sirve para que, cuando un personaje critique o realice un acto no digno de su cargo social (caso de Fray Timoteo), al ser tiempo presente, este matiz se convierte en sátira. Por ejemplo, en el acto segundo, escena tercera, pone en palabras de Micer Nicias, «…Y eso porque aquí en esta tierra un doctor en leyes que no tenga un puesto público, encuentra quien le haga caso,.(crítica), …pero no me gustaría que estas palabras mías se repitieran por ahí, no vayan a caerme encima nuevos impuestos o algún enredo que me haga sudar». (Acto segundo, escena tercera), (ironía). Pero profundicemos un poco en cada uno de los personajes: comenzaremos por Callimaco. personaje enamorado, más por capricho que por sentimiento. A lo largo de la obra se nos muestra como una persona desesperada por conseguir a Lucrecia, capaz de hacer todo lo posible por conseguir ese objetivo. Recurre a los medios que tiene a su alcance, es decir, Siro (como ayuda), Ligurio (como casamentero) y su dinero, el cual no le importa gastar, a diferencia de micer Nicias. Astuto, en momento claves como su entrevista con éste, desconfiado, al que no le gusta ser engañado, «te creo aun cuando sé que la gente como tú vive de embaucar a los demás. Pero no creo estar entre esos, y si tú te rieras de mí y yo me diera cuenta, trataría de vengarme y perderías no sólo el acceso a mi casa sino la esperanza de todo cuanto te he prometido para el futuro»…(Acto primero, escena primera), persona acostumbrada a las cosas le vayan y que aquí le vuelven a salir. Siro es el criado de éste. Este personaje no admite muchos matices debido a que su psicología es uniforme a lo largo de toda la obra, siempre fiel a Callimaco, con una sola muestra de individualidad, dada en el acto segundo, escena cuarta, en la cual teme por su vida. Micer Nicias es quizás el personaje más importante de la comedia, hogareño, en cierta manera perezoso (en ir a los baños), obsesionado en tener descendencia, arrogante y orgulloso de su titulo de abogado:

Ligurio.- ¿Esta Callimaco?
Siro.- Sí.
Micer Nicias.- ¡ Cómo! ¿No le llamas Maestro Callimaco?
Ligurio.- No le importan esas nimiedades.
Micer Nicias.- No digas eso, tú dale el título debido y si no le gusta, ¡ que se aguante!.

Acto !I. Escena I

Incapaz de hacer frente a su mujer, la increpa mentalmente con frecuencia, (acto II, escena quinta), pese a ser una persona culta, doctor en leyes, es capaz de creer la historia de Callimaco o ser engañado por éste con frases hechas en latín así como demuestra un frecuente vocabulario no propio de su condición: …» o por el coño de San Poccio..», ..»mierda y remierda..», ..»porque no quiero hacer de mi mujer una puta y de mí un cabrón.» (acto II, escena sexta). Por último, es una persona avara, al que le duele dar dinero pese a que «vaya destinado» para el fruto de su deseado hijo. Ligurio es una personaje clave en el desarrollo de la acción, artífice de la idea que da como fruto el final deseado, mantiene en todo momento un doble rostro a micer Nicias y otro verdadero a Callimaco. Movido por la llamada del dinero, acepta el encargo de Callimaco, es hombre que ha vivido mucho, astuto y capaz de improvisar. Obviaremos el análisis de la Mujer, pasa casi desapercibida, posiblemente su finalidad sea la de mostrar la devoción popular de la época o simplemente, ser una «cuña» cómica e introductoria al personaje de fray Timoteo. Muestras de la pasividad y confianza religiosa más clara son los personajes de Sostrata y Lucrecia. Su aparición es breve y una, se solapa a la otra en protagonismo. Lucrecia es una mujer que mantiene dominado a su marido (algo dado en el texto pero que no se manifiesta claramente) y su madre, Sostrata es la que mantiene una gran influencia en ella y punto de apoyo para la obtención del final feliz que busca el autor. El último personaje y en el que más crítico es Maquiavelo, es Fray Timoteo, confesor de Lucrecia. Si buscáramos una frase para definir a este individuo, sería ideal el famoso verso de Quevedo: «Poderoso caballero es don Dinero», por éste acepta primero el posible aborto así como la posible muerte que se pudiera producir. Es astuto, consciente de que ha sido engañado, lo asume sabedor de la recompensa posterior, no duda en mentir hipócritamente si es preciso, ..» En verdad, he pasado más de dos horas pegado a mis libros estudiando este caso t luego de un profundo examen he encontrado mucho que en particular y en general conviene a nuestro asunto». (Acto II, escena XI)., este personaje encarna la situación clerical y por ello Maquiavelo se encarga de satirizarlo.

Tras esta corta exposición acerca de los personajes de esta obra, verdaderos protagonistas de la misma, y a modo de conclusión, señalar que, en su mayor parte por su brevedad, o por sus diálogos, tan próximos a la actualidad, La Mandrágora resulta una comedia vivaz, fresca, rápida y ante todo divertida, cuyo argumento sencillo ha sido resuelto de una forma ejemplar y cuyo único «pero» podríamos establecerlo en la falta de profundidad de algunos personajes, que carecen de un rol más amplio pero que no impide la más completa adicción a la obra desde se comienzo hasta su final, concluido con ese regusto amargo que deja el tiempo una vez nos ha hecho finalizar y cerrar el libro, dejándonos, como hipnotizados, mirando la pasta del mismo.

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