Europa conoció entre 1550 y 1660 una etapa de decadencia, de tales crisis y catástrofes que fue denominada por algunos historiadores “ el siglo de hierro “; sin embargo, considerado desde una perspectiva exclusivamente cultural, se trata de un período excepcional para el cultivo de todas las artes en todos los países europeos, especialmente en España

En las últimas décadas del siglo XVI, en Italia, en Francia, en España y en Inglaterra, se instalaron los primeros locales específicamente destinados a dar representaciones teatrales; se profesionalizaran las primeras compañías de actores y un nutrido grupo de geniales escritores que crearon una nueva comedia – obra de acción festiva y cotidiana, protagonizada por personajes comunes, de tono sencillo y desenlace feliz, cuyo objetivo es divertir al espectador y corregir hábitos sociales- que satisfizo los gustos artísticos y las ansias de esparcimiento y evasión de un público urbano, compuesto principalmente por aristócratas y burgueses, comerciantes y artesanos.

A Lope de Vega en España, a William Shakespeare en Inglaterra, a Molière, Racine y Corneille en Francia, les cupo el honor de inventar el teatro nacional de sus respectivos países y lograron alcanzar una calidad sólo equiparable a la de la antigüedad grecolatina.

Un abigarrado público popular aplaudió miles de comedias en las que vio plasmados sus ideales de vida, la historia de su pueblo, las acciones más heroicas; soñó con aquellas ficciones, aprendió a comportarse en sociedad y concelebró ideales políticos y religiosos, todo ello bajo la atenta mirada del poder, que desaconsejaba de los escenarios y clausuró no pocas veces los corrales de comedias.

El teatro de esta época nos ha dejado un esplendoroso y original conjunto artístico formado por varios miles de comedias y algunas inolvidables obras de arte literario.

El hecho teatral en el barroco.

teatro-barroco-01La obra de teatro, a diferencia de otros géneros literarios, no es meramente un libro normal, es decir alcanza sus verdaderas dimensiones cuando llega a un escenario

Y una compañía de actores la representa ante el público. Sólo entonces se hace teatro y llegan a su plenitud todas las posibilidades expresivas del texto dramático. Por eso parece conveniente que nos hagamos una idea exacta de cómo fue el hecho teatral.

Durante el barroco, qué trayectoria seguían las piezas desde que su autor las terminaba hasta que se aplaudían o silbaban en el teatro y a que influencias, a lo largo de tal proceso, era sometida la creación artística.

Normalmente la obra se escribía por encargo del director o jefe de una compañía, quien pagaba y retiraba el manuscrito de la casa del dramaturgo. Otras veces era el arrendador del corral de comedias quien compraba la obra o compartía los gastos con el director. Una vez que los comediantes se hacían con ella se iniciaba el montaje, el estudio del texto por parte de los actores y los primeros ensayos.

Actores y compañias

El oficio teatral empezó a ser en España una profesión más o menos estable en el siglo XVII. Antes de mediar el siglo llegan a nuestro país las primeras compañías italianas profesionalizadas[2], que actuaron ante la corte y después ante el pueblo; las más populares fueron las de los actores de la comedia dell’arte, que recurrían a la expresión corporal y al mimo más que a la palabra en representaciones improvisadas sobre el escenario a partir de un esquema previamente elaborado y acordado sobre el argumento, el desarrollo de la acción y su desenlace. A imitación de ellas las compañías españolas estables como la de Lope de Rueda, actor de excelentes aptitudes para los papeles cómicos.

Las compañías teatrales solían formarse para trabajar durante todo un año. En la Cuaresma, que era un periodo es obligado descanso por estar prohibidas las representaciones, los actores se reunían en los mentideros, – lugar donde para conversar se junta la gente ociosa -, donde se apalabraban contratos y se negociaban las condiciones laborales y económicas. La compañía empezaba su trabajo durante la Pascua de Resurrección y permanecía unida hasta la siguiente Cuaresma.

Las compañías se clasificaban según el número y la calidad de sus actores: desde las más modestas hasta las más prestigiosas. Recibían el nombre de legua, – Compañía de cómicos- recorrían el país representando por los pueblos. Las mejores eran las compañías reales, que gozaban de autorización oficial y actuaban normalmente en una sola ciudad aunque solían hacer giras; estaban compuestas a veces por docenas de actores; unos eran músicos y su misión era interpretar las melodías que precisaba el espectáculo, otros intervenían como figurantes, que pronunciaban parlamentos, y los demás eran especialistas en interpretar como el barba- Personaje grave y reflexivo, normalmente era un anciano -, el gracioso, galán, dama o criado, dueña etc.

Las compañías llevaban un repertorio amplio, constituido por obras de reciente creación y por otras más antiguas cuyo éxito se había comprobado ya. Una obra se representaba uno o dos días, por lo que la compañía precisaba cambiar de ciudad o disponer de repertorio variado. La consideración social de los actores y actrices nunca fue muy buena: los matrimonios y emparejamientos se hacían generalmente entre hombres y mujeres de la farándula, por lo que formaban un grupo un tanto al margen de la sociedad de su tiempo. Las relaciones entre los cómicos de una misma compañía no siempre eran cordiales.

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