El teatro en el Barroco (IV): Trucos, tramoya, público y la recepción del espectáculo
Trucos y tramoya:

En la España barroca los montajes teatrales en los corrales fueron de una sobriedad escénica absoluta. No había decorados ni apenas se utilizaba maquinaria; sólo la tramoya, una especie de pirámide movida por cuerdas, y el pescante, una sencillísima grúa, servían para producir apariciones y efectos especiales. Por el contrario, las representaciones ofrecidas en palacio o en las plazas públicas con motivo de la festividad del Corpus Christi derrochaban imaginación y trucos: decorados dispuestos sobre bastidores, toda suerte de ingenios para realizar efectos y trucos, iluminación artificial para los espectáculos nocturnos.
El público y la recepción del espectáculo

La sociedad barroca era ideológicamente homogénea y todos los ciudadanos sustentaban las mismas ideas sobre los principales temas: aceptaban la monarquía como forma superior de Estado, defendían ideales nacionalistas, profesaban la religión católica y admitían sin reservas la estratificación e inmovilidad social. Era lógico, por consiguiente, que en el teatro se exaltaran estas formas de pensar.
El público del corral de comedias era muy espontáneo y expresaba ruidosamente sus opiniones sobre la representación, especialmente los mosqueteros, en su mayoría analfabetos e ignorantes; aplaudían o silbaban permanentemente para manifestar su aprobación o disgusto, gritaban o hacían ruido, comían y bebían lo adquirido en la alojería y frecuentemente se enzarzaban en discusiones y reyertas. Por ello asistía a la representación un alguacil de comedias, que garantizaba el orden público tantas veces alterado por los airados o aburridos espectadores.
Y es que las ansias de diversión, la incomodidad del local sufrida principalmente por los citados mosqueteros, el rigor del frío y del calor y el ruido del ambiente propiciaban el desorden y la algaraza. Una vez realizada esta introducción del teatro barroco; es conveniente acercarnos a la figura de Felipe IV, por ser este el promotor de la obra teatral, en cuatro aspectos fundamentales: su persona, su relación con las artes, el teatro y Lope de Vega.
El teatro en el Barroco (II): el lugar teatral
El teatro en el Barroco (III): El espectáculo y la puesta en escena
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