Adriana, es una niña de una familia acomodada, burguesa, que sin embargo, no encaja en ese mundo serio de los adultos adinerados, en el que se resiste a entrar a pesar de ir haciéndose mayor. Por ello y por tener una madre que apenas se ocupa de ella, se cria entre tatas, criadas y demás servidumbre de la casa, e inventa un paraíso, un mundo imaginario, lleno de personajes como el unicornio que se pasea por la casa a su antojo, y conoce a su primer amigo y con el tiempo su primer amor, Gavrila…

Gravila es su nuevo vecino. Hijo de una bailarina rusa, que al igual que Adri, se cria sin sus padres, con la única compañía de su tutor, Teo, un ambiguo personaje, que le dará un tono muy transgresor a la novela, ya que esta se desarrolla durante la España de la República y del inicio de la Guerra Civil, aunque Matute pasa de puntillas por este escenario sociopolítico, sin darle mucho protagonismo.

Adriana y Gavrila crearán un mundo solo de los dos y para los dos. Lleno de juegos, lecturas, complicidad y un amor inocente, especial, tierno y no por ello, menos fuerte. Pero Adri, que rechaza el mundo adulto, se verá inmersa en él de repente, sin esperarlo, porque la vida siempre sorprende y manda…

“Paraíso inhabitado” es ante todo una novela muy bien escrita. Es buena literatura. Un libro de esos que nos mueve por dentro. Enhorabuena, Ana María Matute, por este Cervantes tan merecido.

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