¿Una novela de fantasmas protagonizada por una estrella del rock y una bailarina de strip-tease gótica, escrita por el guionista de Locke & Key, que además es hijo de Stephen King? Si ese no es el sueño húmedo del friki cum laude, no sé qué otra cosa puede serlo. El Traje del Muerto es la primera novela de Joe Hill, una historia de terror originalmente titulada Heart Shaped Box en referencia tanto a la canción de Nirvana como a una caja en forma de corazón que tiene un importante papel en el relato. No falta ni uno de los elementos que se podrían esperar: heavy metal, satanismo, chicas con piercings y tatuajes, sexo, fanatismo religioso y apariciones inquietantes. Con estos mimbres, cómo no, en Estados Unidos se vendió como rosquillas.

Judas Coyne es un maduro rockero semiretirado aficionado al ocultismo y con una amplia colección de rarezas sobre el tema. Cuando surge la oportunidad, no duda en comprar en una subasta por internet el traje con el que quería haber sido enterrado un hombre que ha muerto. Se supone que con el traje está comprando también el espíritu del hombre, lo que no sabe es que se trata de un espíritu maligno directamente relacionado con él. Comienza ahí una historia de venganza, huida y persecución. El espectro intenta hacer que Judas se mate y mate a todo aquel que le ayude. Un acoso que se extiende a la novia del músico a través del ambiente tenso, oclusivo y rural de los estados sureños. Un retrato de eso que llaman American Gothic.

Afortunadamente Hill posee un estilo personal que lo distingue de los mecánicos autores de best sellers de intriga absolutamente intercambiables. No se anda con rodeos, acude a los detalles precisos, intercala interesantes reflexiones y deja caer las oportunas alusiones al mundo del rock, el punk, el heavy, el blues y el country. Su protagonista no es un chico bueno, ni siquiera es atractivo, y esos tonos grises lo hacen más interesante. Ninguno de los personajes es totalmente maniqueo, sino que son humanos perfectamente caracterizados, que evolucionan a lo largo de la historia, que muestran de dónde vienen y cómo han llegado a ser lo que son. Pero, ay, eso no es suficiente para darle un poco de vida a la novela. Y es que no es fácil meter el miedito en el cuerpo simplemente con una narración.

La historia se alarga excesivamente y la trama es decepcionantemente sencilla y lineal para lo que se podría esperar a tenor del magnífico trabajo de Hill en el comic dibujado por Gabriel Rodríguez. No hay sorpresas, no hay piruetas, no encontramos los subyugantes laberintos que el autor construye en Locke & Key. Por mucho que sea entretenido, El Traje del Muerto no es un relato que atrape. Uno puede soltar el libro y continuar su lectura al día siguiente. O incluso al cabo de varios días. Neil Jordan está escribiendo el guión de la adaptación cinematográfica que él mismo adaptará. Seguro que funciona mucho mejor en la gran pantalla.

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