¿Que es microhistoria?

microhistoriaEn un artículo de Carlo Ginzburg «Microhistoria» : dos o tres cosas que sé de ella, este autor traza una breve semblanza del término microhistoria y de la implicación en su obra.

El primero en utilizar la palabra “microhistoria” fue un estudioso americano George R. Stewart, en 1959, profesor de la Universidad de Berkeley posee una amplia bibliografía y en una conferencia sostuvo que para interpretar un texto literario es necesario, en primer lugar, descifrar las referencias ambientales que contiene. Esta pasión por el detalle microscópico inspiró su libro Pickett’s Charge. A Microhistory of the final Attack at Gettysburg, July 3, 1863 (1959), donde analiza minuciosamente la batalla decisiva de la guerra civil americana.

En 1968 el mejicano Luis González y González insertó la palabra “microhistoria” en el subtítulo de su libro Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de gracia. En este libro se investigan las transformaciones producidas a lo largo de cuatro siglos en un pueblo minúsculo, siendo microhistoria aquí sinónimo de historia local, escrita desde una óptica cualitativa y no cuantitativa. El éxito del libro le animó a teorizar sobre la nueva corriente en dos ensayos El arte de la microhistoria, y Teoría de la microhistoria incluídas en dos colecciones llamadas Invitación a la microhistoria (1973) y Nueva invitación a la microhistoria (1982). Distinguía la microhistoria de la petite histoire, anecdótica y sin crédito.

Además González y González recordaba que la palabra microhistoria aparecía ya en 1958 en la introducción de Braudel al Traité de sociologie dirigido por Georges Gurvitch pero sin significación concreta, reconocida. En realidad para Braudel “microhistoire” tenía un significado negativo, era sinónimo de “histoire événementielle”, es decir, de la historia tradicional, identificada con la historia política desde los tiempos de su Mediterráneo escrito diez años antes (1949).

La microhistoria permanecía condenada, palabra calcada de microeconomía y microsociología, permanecía en una aureola tecnicista como se ve en la obra de Raymond Queneau Les Fleurs bleues.

La primera vez que aparece microhistoria en italiano fue en el capítulo de Primo Levi que cierra Il sistema periodico en 1975 poco después entró en el léxico historiográfico italiano perdiendo su originaria connotación negativa, en el origen del cambio semántico estaba posiblemente Giovanni Levi que habla de “Microhistoria” en lugar del “Microanálisis” utilizado por Edoardo Grendi.

En el transcurso de los años setenta y ochenta la historia de las mentalidades a la que Braudel atribuía una importancia marginal ha conseguido, a menudo bajo el nombre de anthropologie historique, un peso cada vez mayor.

Histoire et Ethnologie de Furet y Le Goff muestran como la historia etnográfica se propone romper con la historiografía tradicional en el sentido de que aquí los caminos de historia serial y microhistoria se separan ; una separación intelectual y política. Seleccionar lo que es repetitivo y serializarlo es algo que en la historia antigua es imposible y en la medieval muy difícil, en el plano temático de historia de las ideas e historia política también escapan por definición a este tipo de investigación. Pero el límite más grave estaría en el estudio de los comportamientos de roles económicos o socioculturales, ya que en cualquier sociedad la documentación está intrínsecamente distorsionada ya que las condiciones de acceso a su producción están ligadas a una situación de poder y además se anula la particularidad o excepcionalidad de la documentación existente en beneficio de lo homogéneo y comparable. Aunque es innegable que el conocimiento histórico implique la construcción de series documentales.

También es importante el significado de “microhistoria” en la reflexión de Krakauer donde microhistoria es sinónimo de investigación monográfica, lo compara con el primer plano cinematográfico introduciendo nuevos elementos. Sin embargo Krakauer admitía que existían fenómenos observables solamente a través de una perspectiva macroscópica, lo que significa que la relación entre macro y microhistoria no se da por realizada y sin embargo se la persigue. Krakauer propone como mejor solución la que da Marc Bloch en Société féodale donde Bloch hace un continuo ir y venir entre micro y macrohistoria. Krakauer concluye que la realidad es discontinua y heterogénea por lo que ninguna conclusión alcanzada en referencia a un determinado ámbito puede ser trasladada automáticamente a un ámbito más general. Para Ginzburg esta reflexión sobre microhistoria son su mejor introducción.

Ankersmit estudioso holandés de la teoría de la historiografía en su libro History and Theory de 1989 señala que en el pasado los historiadores se ocupaban del tronco del árbol o de las ramas, sus sucesores postmodernos se ocupan únicamente de las hojas, o sea de fragmentos minúsculos del pasado que investigan de forma aislada, independientemente del contexto más o menos amplio del que forman parte.

Giovanni Levi y Carlo Ginzburg han polemizado contra las posiciones relativistas -como la de Ankersmit-, para Ginzburg el acercamiento experimental que ha cristalizado a fines de los años setenta en el grupo de los estudiosos italianos de microhistoria se basaba en la sutil conciencia de que todas las fases que sigue la investigación son construidas y no dadas, construyéndose desde la identificación del objeto y su importancia, la elaboración de las categorías mediante las que se analiza, los criterios de prueba, hasta los modelos estilísticos y narrativos a través de los cuales se transmiten al lector los resultados obtenidos.

Las investigaciones microhistóricas italianas han examinado tanto temas de importancia reconocida como temas anteriormente ignorados o relegados a ámbitos considerados inferiores como la historia local. Lo que une estas investigaciones es la insistencia sobre el contexto, es decir, exactamente al contrario de la contemplación aislada del fragmento elogiada por Ankersmit. ¿Por qué se escoge un lugar y no otro ? cada caso tiene una explicación pero las investigaciones microhistóricas italianas han afrontado la cuestión de la comparación en clave de la anomalía, suponiendo como potencialmente más reca la documentación más improbable la “excepción normal” de Grendi. Como han señalado Levi o Cerutti cada configuración social es producto de la interacción de innumerables estrategias individuales, son una trama que sólo la observación cercana permite reconstruir. La relación entre esta dimensión microscópica y la dimensión contextual se ha convertido en el principio organizador de la narración, esta heterogeneidad constituye la máxima dificultad y la máxima riqueza potencial de la microhistoria.

A pesar del éxito internacional alcanzado por la Escuela, no contamos con ningún texto teórico que defina el paradigma bajo el cual se han amparado las investigaciones microhistóricas muy distintas y de desigual valor. La microhistoria italiana, como ejemplo paradigmático y central de esta corriente, no sigue una trayectoria similar a la de por ejemplo la Escuela de Annales con sus casos de absorción de poder.

Hay que atribuir parte del éxito internacional a un factor azaroso que es el de la cualidad personal de algunos microhistoriadores que son excelentes escritores, y sus obras son ejemplo de sabiduría narrativa como por ejemplo el caso de Carlo Ginzburg que luego analizaremos. Además otra característica es que los lectores pueden reconocer los avances e identificar a los protagonistas de la corriente, como por ejemplo al editor Einaudi y su colección “Microstorie”. Están relacionados con el ambiente de la Italia de la postguerra, siendo la editorial el baluarte cultural de la izquierda resistente frente al fascismo, editorial producto de la colaboración de Leone y Natalia Ginzburg -padres de Carlo-, de Cesare Pavese e Italo Calvino además del mencionado Giulio Einaudi. Eran años de resistencia política y de inquietud intelectual, años de riesgo y de extrema crueldad. En aquella época la persona que guardó los valores y la continuidad de la empresa fue Natalia Ginzburg. Varias décadas después la editorial se ha renovado incorporando a prestigiosas figuras que iremos recogiendo. En los años sesenta inaguraron grandes obras como la “Storia d’Italia”, “Enciclopedia”, etc. pero fue donde encontró su colección específica “Microstorie” a principios de los ochenta y dirigida por Carlo Ginzburg y Giovanni Levi.

En general se tiende a identificar la microhistoria con Carlo Ginzburg, esto es razonable internacionalmente ya que lo que más se ha divulgado internacionalmente es lo que se llama el “paradigma indiciario” que sigue el modelo de interpretación conjetural y que ha ahondado las confusiones o malentendidos que hay en torno a esta corriente.

Al identificar Microhistoria con Ginzburg sucede como con Annales o su segunda generación que no se reduce a lo que se ha llamado el paradigma braudeliano, así la microhistoria tampoco se agota con Ginzburg, aunque si encuentra en él su mayor resonancia en la obra “El queso y los gusanos” -al igual que Annales en Braudel y su obra sobre “El Mediterráneo”- produciría tal impacto que se tiende a identificar microhistoria con Ginzburg y con la citada obra. Así el éxito de Ginzburg se deba quizás más al error de otras versiones de la microhistoria menos divulgadas.

Pero es que Ginzburg es un brillante y consumado narrador por lo que su modelo se impone por la seducción que supone leer su obra. Él mismo Ginzburg reconoce que el fin de toda monografía histórica es captar el mayor número de lectores, dado que el problema básico de la disciplina es de comunicación. Esto no significa que la historia sea un discurso cuya verosimilitud se fundamente sólo en procedimientos retóricos. Así Georges Duby señalaba que aunque la técnica de un arte literario sea fundamental, a lo más que un historiador aspirará será a un “nominalismo moderado”, pues hay una necesidad de veracidad que separa al investigador del autor de relatos de ficción. Así Ginzburg admite que la realidad está fuera del discurso, aunque su captación dependa de un proceso interpretativo, su preocupación por el texto y la técnica narrativa de la historia ha permitido que su ejemplo se tome privilegiadamente y que sea visto como uno de sus rasgos más distintivos y, por supuesto, polémicos.

Pero la microhistoria no se reduce a Carlo Ginzburg, el ejemplo mayor de la tarea homogeneizadora es la colección mencionada “Microstorie” y así podemos hablar de microhistoria en libros de Carlo Ginzburg, Giovanni Levi, Franco Ramella, etc., pero no cabe duda que el significado de microhistoria se ha confundido o se ha derivado del éxito editorial de algunas obras. A continuación analizaré dos concepciones de aproximación microanalítica en historia : Ginzburg y Grendi. Pero no cabe duda que han existido intentos de ofrecer una posición alternativa a esa dualidad y quien mejor lo consiguió fue Giovanni Levi que quizá ha sido el primero en ofrecer una aproximación teórica de aquello que se llama microhistoria en el capítulo del libro Nuevas perspectivas en historia, en donde pretende lanzar una mirada global a la dirección de la microhistoria italiana pero señala que esta corriente no se basa en textos teóricos manifiestos, dice que es por esencia una práctica historiográfica.

Giovanni Levi intenta caracterizar la corriente historiográfica de la microhistoria y enumera un total de siete rasgos :

1- La reducción de escala.
2- El debate sobre la racionalidad.
3- El pequeño indicio como paradigma científico.
4- El papel de lo particular.
5- La atención a la recepción y al relato.
6- Una definición específica del contestos.
7- Rechazo al relativismo.

James Amelang resume la microhistoria italiana en seis elementos centrales o recurrentes :

1- La reducción de escala.
2- La preferencia por lo singular o por lo extraordinario.
3- El estudio de la historia social centrada en las clases populares.
4- El análisis basado en el paradigma indiciario.
5- Una aproximación transparente al conocimiento histórico.
6- Su predilección por la forma narrativa.

Es cierto que todos esos rasgos pueden hallarse de alguna manera en las distintas obras microhistóricas, pero es también cierto que muchas de ellas también pueden encontrarse en otras que no asumen la etiqueta mencionada. El microanálisis no es patrimonio de la corriente histórica italiana, varias disciplinas lo utilizan institucionalizándolo como la microeconomía, o como rasgo nuclear como la antropología. Así la virtualidad de la microhistoria consiste en haber introducido esa mirada micro en nuestra disciplina y en haber arropado esa aproximación con una metodología consistente pero heterogénea ; el objeto puede ser tanto lo excepcional como las formas básicas de agregación en cuyo análisis se persigue explicar la red de relaciones que la integran.

Como nos recuerda Levi, la mayoría de los microhistoriadores hunden sus raíces en el marxismo y la microhistoria fue un intento saludable de desembarazarse de las coerciones cognoscitivas y las ineficacias explicativas que la tradición politica había impuesto en Italia. Esta corriente nace pues de un hecho intelectual : la crisis del marxismo, es una respuesta en el ámbito historiográfico a una constatación cultural-civilizadora que acontece entre finales de los setenta y los ochenta : la crisis de la razón. Es el momento del surgimiento de la postmodernidad con la que en ocasiones se ha tratado de identificar a la microhistoria, sin embargo, lo que comparten es la certidumbre de una quiebra de paradigmas tradicionalmente sostenidos para explicar desde lo general una realidad que siempre es local. Los historiadores tratarán de formular algún nuevo “paradigma” bajo el cual integrar sus investigaciones parciales y dejarán de asumir una concepción positivista en el sentido de asumir la narratividad en el discurso histórico.

El debilitamiento del paradigma marxista dio paso a dos hechos :

a) La apertura a otras ciencias sociales como la antropología.
b) La renovación de la historia local alejada de aquel viejo cronismo. Así la microhistoria en principio parece que surge como historia local aunque luego evolucione en los sentidos que veremos a continuación.

a) Eduardo Grendi :

Por todo ello debemos apelar a aquellas definiciones propuestas por los propios microhistoriadores atendiendo al contexto en el que surgen. Los intentos iniciales en Italia datan de la primera mitad de los Setenta con Edoardo Grendi, que sensible a los avances producidos en las ciencias sociales, postulaba la adopción de una perspectiva micro para la historia que estaba acostumbrada a operar a gran escala, con larga duración y con procedimientos seriales que privilegiaban el anonimato y lo cuantitativo. Así la propuesta de Grendi desentonaba con el paradigma historiográfico de aquellas fechas, frente a la historia total de Braudel, Grendi defendía un modelo de análisis más modesto que permitiera reducir el objeto de investigación trasladando las demandas que surgían ya en otros planteamientos como la economía y la antropología, de donde Grendi subrayaba la vocación microanalítica de la antropología o el estudio de las relaciones sociales a través de sus distintas manifestaciones económicas, envidiando la atención de la antropología al contexto y asumía la tradición vinculada a Polanyi, Mauss, Boass o Malinowski.

Al margen de consideraciones sobre los avances de la antropología que aquí no nos ocupan, lo que interesa destacar es la coincidencia temporal y temática de la reivindicación de la mirada microscópica y contextual de Clifford Geertz y Edoardo Grendi. Para Geertz “microscópico” quiere decir que el investigador analiza los mismos megaconceptos con los que se debaten las ciencias sociales contemporáneas partiendo de los conocimientos extraordinariamente abundantes que tiene de cuestiones extremadamente pequeñas . Consecuencia de ello es la reducción de la escala de observación, pero Grendi iba más allá y defendía el análisis de las relaciones en aquellos ámbitos en los que el análisis pudiera ser significativo. Grendi hacia 1977 defiende el estudio microanalítico en las formas sociales y políticas más reducidas.

Grendi para llegar a esta conclusión fue influenciado del ámbito anglosajón lo que no es extraño ya que él estuvo en la London School of Economics. Grendi aprendió el relieve que daría a la noción del contexto y aprende en concreto de Thompson la reivindicación del protagonismo del individuo y del grupo social y la rigurosa contextualización del objeto histórico, de los individuos y los grupos. Thompson además censura ciertos vicios de su propia tradición marxista que olvida la mirada autocrítica obsesionada por el cientifismo y orienta el estudio hacia los protagonistas del cambio histórico : las clases populares y los individuos que las integran, la acción humana sólo puede explicarse en su contexto, pues las decisiones y sus implicaciones son fruto de una elección inextirpable a la experiencia. Así Grendi intenta además de subrayar la importancia de su método analítico, la forma en que éste aborda el estudio contextualizado de los individuos y los grupos , lo que le permite disolver esquemas de la historiografía conservadora y banalidades de la tradición marxista.

También Grendi tiene ciertas sintonías con Polanyi, que es un conocido antropólogo de la economía, desarrollo su obra en Gran Bretaña y EEUU desde su temprano exilio de su Budapest natal. En su obra “The Great transformation” publicada en 1944 Polanyi desarrolla un análisis de la economía de mercado y de sus orígenes, subraya la importancia de la economía “incorporada” que tienen los distintos tipos de transacciones. Así, la economía funciona como un subproducto de las obligaciones de parentesco, políticas y religiosas, tratando de desmentir que los mercados se contemplen como la forma omnipresente de la organización económica y que esa misma organización determine la estructura social y la cultura en todas las sociedades. Frente al axioma de Smith del interés económico como móvil de la acción social, Polanyi afirma el argumento inverso ; el hombre no tiene una propensión innata al tráfico, es sólo la necesidad social de organizar los recursos el factor que conduce al cambio. Así su conclusión es que el capitalismo concurrencial escindió la economía de la sociedad y del Estado, esta es la “gran transformación” que se da en occidente y de la que nacen los mercados “incontrolados” en los que la economía ha dejado de estar incorporada a la sociedad.

No tuvo repercusión en Italia o Francia hasta que Grendi o Annales destacan su obra en la década de los setenta. Grendi lo recupera con la publicación de “Polanyi, Dall’antropologia economica alla microanalisi storica” subtítulo este otorgado por Grendi que en la primera parte describe y analiza las categorías polanyanianas relacionándolas con la antropología inglesa, con el sustantivismo económico y con la antropología marxista. La segunda parte Polanyi pierde relieve y se da paso a un uso productivo de sus categorías, Grendi se propone suspender por un lado al teleologismo implícito o explícito que ha informado los análisis histórico-económicos del capitalismo y por otro, el referente normativo de los historiadores a la hora de evaluar sociedades, permitiéndole desarrollar una propuesta en virtud de la cual se pasa del procedimiento de la “micro”, de la unidad doméstica, a la “macro”.

Al margen de que la unidad doméstica, la comunidad o el mercado puedan ser objetos del discurso histórico, Grendi extrae la lección de una mirada microanalítica que no da por supuesto ningún elemento que no se explique en su relación contextual. Y así relativiza una de las características más celebres de la historiografía de la época ; la interdisciplinariedad. Así el significado no lo dan esas categorías extrahistóricas sino la red de relaciones factuales y personales.

Grendi había privilegiado la aproximación a la antropología pues esto ya lo han señalado los antropólogos -desde Marcel Mauss a Geertz-, por lo que cobra protagonismo la descripción polanyiana de la economía incorporada entendida como la imposibilidad la economía de la sociedad y por tanto obliga al investigador a una lectura total de un hecho, y no sólo una única mirada disciplinaria, Grendi elige las formas de agregación intermedias, en la medida en que éstas permitan aplicar esa mirada que reclama.

b) Carlo Ginzburg .

Quizás el poco conocimiento internacional del que goza Grendi sea debido al impacto de la obra de Ginzburg “El queso y los gusanos“ que mi compañero analizará. Sin embargo a Edoardo Grendi se le suele citar en los textos referidos a la teoría de la microhistoria. En el texto que junto a Carlos Poni presenta en 1979, Ginzburg se propone seguir un itinerario de investigación que se fundamente en perseguir al mismo individuo o grupo de individuos en contextos sociales diferentes.

El análisis basado en el nombre no abandona la fuente serial o la investigación serial. Lo que diferencia este análisis es el tomar o no el anonimato como horizonte analítico, aquí el centro de gravedad persigue a individuos concretos, buscando descubrir la imagen gráfica de la red de relaciones sociales en que el individuo está integrado. Rescata el objetivo de Grendi ampliándolo de significado, lo “excepcional normal” alude a determinados casos de estudios, a objetos de investigación que son extraordinariamente extravagantes para nuestro sentido común, pero normales en sociedades precapitalistas. Ginzburg y Poni hablan de los excepcional normal como si esto implicara también la creación de objetos de investigación definidos a partir de esta cualidad, algo que se aleja de la pretensión originaria de Grendi.

“El queso y los gusanos” puede dar sentido a ese nuevo significado de lo excepcional. Pero además Ginzburg publicará el celebre ensayo sobre el paradigma indiciario que establece un tercer nivel cognoscitivo. Así son tres los significados que se añaden a la microhistoria :

1- Fuentes.
2- Objetos de investigación.
3- Al método de conocimiento y a las inferencias a aplicar.

Una cosa es lo excepcional normal en el sentido de Grendi, el documento no serializable pero significativo por revelador. Otra cosa es buscar un objeto de investigación que, por su condición excepcional normal, pueda descubrir hechos o procesos históricos. Y otra finalmente, es el indicio como mecanismo de creación de un paradigma cognoscitivo.

El indicio es la forma de operar de determinadas prácticas o disciplinas como por ejemplo en la crítica de arte para atribuir autorías disputadas (Morelli), o en el método detectivesco para hallar pruevas de inculpación o exculpación (Sherlock Holmes) o en el psicoanálisis para detectar los síntomas de la psique profunda (Freud), los tres ejemplos son médicos y esta es la clave del paradigma indiciario : la sintomatología médica, es decir, parangonando la historia y la medicina como prácticas basadas en testimonios indirectos, observaciones indiciarias e inferencias conjeturales.

Ginzburg señala que la historia es la disciplina de lo concreto y el método nuclear de sus operaciones la abducción. Por contra si el propósito de una macrohistoria es el establecimiento de unas reglas que permiten explicar el proceso histórico, es posible que acudamos al método hipotético-deductivo. El problema que se presenta es la distinta naturaleza de las leyes históricas frente a las propias de las ciencias naturales por lo que Ginzburg lo primero que nos propone es conocer la naturaleza de las hipótesis en el conocimiento histórico para lo que postula del carácter deductivo o inductivo de su saber, pues la relación del historiador con su material no pasa fundamentalmente por estas opciones (aun cuando en ocasiones desarrolle modelos deductivos o inductivos) pero básicamente nos referimos a los cimientos del saber histórico cuyo razonamiento característico pertenece al proceso inferencial de la abducción.

El filósofo Charles S. Peirce señala que la inferencia abductiva es aquel proceso cognoscitivo en el que poniendo en relación una regla y un resultado, obtenemos un caso, es decir, sabemos que este resultado que se nos ofrece a la vista puede ser el caso de una regla que hemos sometido a hipótesis. El proceso abductivo interviene siempre que hay que poner en relación un hecho, con una explicación verosímil que debe ser verificada. Reconocer que el conocimiento histórico es siempre abductivo significa que el historiador no puede acceder de modo directo a una realidad que es, por principio, impenetrable. Pero su intención de restituir el pasado a través del uso de un material -la fuente histórica- es siempre indirecto y hay que descifrar siempre ese material en un procedimiento semejante al de las disciplinas sintomáticas que operan con escasas informaciones, captando algo que parecía sin sentido. Cuando Ginzburg sostiene que la realidad es impenetrable no dice nada nuevo, es al historiador al que compete crear el pasado que estudia.

La vocación de verdad que distingue al historiador se cumpliría con la obtención de pruebas o vestigios -las fuentes- para dar como resultado un relato versímil, pero Ginzburg va más allá, nuestro autor consuma la operación con un juicio de valor que puede ser tan arbitrario como el que parece criticar : los objetos de investigación extraños, marginales, raros, excepcionales, aislados, los convierte en zonas privilegiadas de esa realidad impenetrable. ¿Por qué hemos de admitir mejor la excepcionalidad que la serialización ?, nos estamos refiriendo a la capacidad explicativa del pasado y eso está aún por demostrar .

La microhistoria tal como se concibe a finales de los setenta se formula a partir de la crítica a una historia serial que parece agotada y que ha impuesto en ocasiones lecturas unilaterales. La microhistoria que sostiene Ginzburg lo lleva al otro extremo, unos documentos excepcionales para un objeto excepcional de acuerdo con una mirada analítica o interpretativa que subraya lo excepcional.

¿Por qué defiende la excepcionalidad como medio de aproximación al pasado ?. El primer elemento que tenemos es su adscripción a la historia cultural, Ginzburg ve que cualquier vestigio de esa realidad cultural sometida es excepcional (aunque ese sistemático sometiento convierte en normal aquello que creíamos excepcional), y además se necesita un criterio distinto de verificación que permita evitar que exageremos, por tanto Ginzburg se enfrenta a una documentación “heterogénea” y “desequilibrada” frente a lo cual propone nuevos instrumentos analíticos, apropiándose de un modelo inferencial -la abducción-, que no está sólo para lo excepcional pero que él había aplicado o aplicaría en el futuro para casos extraordinarios.

Finalmente se añade al problema de identificar el carácter abductivo de la investigación histórica, el fundamento discrecional de esta operación : la intuición. Así su método no consiente un proceso de verificación completa sino que admite un margen amplio de intuición. Enfrentado a fuentes heterogéneas lo que predomina es la incertidumbre, el paradigma indiciario es intuitivo, elástico, hace depender buena parte del discurso histórico de la cualidad personal, de la capacidad individual del historiador para revelar ese pasado. Así admitimos, junto a Ginzburg, que caben soluciones o afirmaciones puramente conjeturales, sin ninguna base empírica que las respalde.

Aquí es donde la microhistoria “cultural” de Ginzburg se separa de la historia de las mentalidades. Mientras la mentalidad se refiere a lo que hay de menos individual e irrepetible en los sujetos y apela a un contexto social del que hace depender la comprensión global de los casos estudiados, la cultura que Ginzburg estudia es singular en tanto se desprende de un contexto de mentalidad.

Ginzburg se enfrenta a ciertos usos de la historia para legitimar por la vía de la tradición posiciones del presente. Pero además Ginzburg utiliza el concepto de “historia muerta” para recuperar aquello que está sepultado, deformado o invertido y que sólo es recuperable a partir del uso sistemático del paradigma indiciario.

Su propuesta microhistórica requiere una forma discursiva basada en el relato. Su éxito se debe, entre otras cosas, a la forma narrativa, forma que el lector de aquellas fechas empezaba a reclamar, tras la saturación de la “historia científica”. Ginzburg defiende que si la historia es una disciplina basada en el procedimiento de la argumentación, en este caso, su fuerza reside en la convicción, y el mejor argumento es la presencia física en el lugar de los hechos, al modo del historiador clásico griego que estaba allí, siendo testigo directo de lo que acontecía. La narración de Ginzburg atrae y su paradigma indiciario parece implicar por necesidad la narración. Furet en su Histoire et Ethnologie había rechazado la narración como expresión típicamente de la historie événementeille. Ginzburg señala que el impulso hacia la narración le venía de la famosa novela Guerra y Paz de Leon Tolstòi donde se ve que un fenómeno histórico puede ser comprensibel solamente mediante la reconstrucción de la actividad de todas las personas que han formado parte de él (señala Tolstòi).

El problema del investigador de la temprana edad moderna o del medievo, es la ausencia de una documentación suficiente. La opción metodológica de Ginzburg adquiere sentido aquí pues unas fuentes escasas y sesgadas otorgan mayor valor a la documentación nominal que habla de la cultura de las clases populares. El problema es cómo remontarse desde información secundaria hasta una realidad más compleja. Si la historia es abductiva, la solución es desarrollar más hábilmente ese paradigma indiciario que permite leer, los rastros mudos formando una secuencia narrativa. Lo que más preocupa a Ginzburg es la interpretación de la realidad a partir de una cuidada reconstrucción de sus significados, llegando a la misma preocupación que los antropólogos, Ginzburg está interesado en el punto de vista del nativo, pero es la carencia de documentación la que le permite utilizar su modelo conjetural y le lleva a interpretar buscando la narratividad, haciéndonos pensar que estuvimos allí.

Todo esto es una diferencia sustancial respecto a Grendi y sus seguidores que centran sus investigaciones en épocas más cercanas a la contemporaneidad preocupándose sobre todo por la utilización errónea del arsenal de fuentes disponibles, por eso Grendi es un crítico pertinaz contra los abusos de la documentación serial.

LA MICROHISTORIA EN LA HISTORIOGRAFÍA ESPAÑOLA.

Desde España la perspectiva ha de ser diferente. Al observar algunas de las disimilitudes de la historiografía española se puede ver que es consecuencia a un vacío producido por la dictadura franquista aunque las respuestas que se han dado han sido tentativas. Así las impugnaciones de Santos Juliá por la que nuestra historiografía se hallaría, por desdén o por desinterés ante “un abismo insalvable, una frontera que no sabremos franquear” o de Ricardo García Cárcel que dice que “la historia local que se ha hecho en España no tiene nada que ver con la microhistoria a la italiana, ni con el ejercicio inductivo que toda investigación histórica a la anglosajona presupone ; ha sido mero caldo de cultivo del chovinismo parroquial o de estériles erudiciones de dilentantes curiosos” . Ambas afirmaciones parecen injustas.

En nuestro país es constatable una crisis evidente del modelo cognoscitivo marxista que tanto influyó entre los historiadores antifranquistas. Pero la diversidad que queremos acentuar es que mientras en Italia el marxismo constituía una poderosa tradición nacional encarnada por Antonio Gramsci y el gramscismo , en España los intelectuales se las tenían que ver con una dictadura cuya consecuencia más evidente en este terreno había sido el agostamiento cultural y la falta de una completa comunicación con el exterior. El marxismo aquí sirvió como plataforma de oposición intelectual. Los años del tardofranquismo y de la transición registraron un crecimiento exponencial de un lenguaje de inspiración marxista. El marxismo renovado podía ser una de las plataformas de reconstrucción teórica del análisis político e histórico, pero lo curioso era que se importaba y se desplegaba cuando en otros países -como Italia- también aquel marxismo heterodoxo se hallaba en crisis.

El marxismo llegó a España en fecha más tardía y se prolongó su influencia lo que al final hizo más aguda la crisis. Así aunque con retraso, la microhistoria puede ofrecer un tipo de análisis muy atractivo para nuestros historiadores en tanto que proporciona una suerte de transición no excesivamente traumática desde el marxismo hacia otras formas de análisis histórico que no se basen en la mera oposición “anti”.

También en España, una de las manifestaciones no previstas de la crisis del marxismo ha sido la renovación de la historia local, alejada de ese cronismo de campanario. Renovación verificada en la década de los ochenta y que ha ofrecido al panorama historiográfico español algunas de sus mejores obras.

Hay que entender las propuestas realizadas en España de aproximar la historia local con el modelo de microhistoria. Que se trataría como señala Ruíz Torres de “un tipo de historia local que se propusiera, como mínimo, relacionar los individuos y los grupos con las estructuras y los procesos sociales. Un tipo de historia local que, de este modo, no se apartaría del marco histórico general de las teorías y de los procesos sociales, sino simplemente de la historia nacional como punto de referencia, sin convertirse a cambio en suma de historias particulares contrapuestas a una historia nacional” . Como vemos las soluciones del microanálisis de Grendi son similares a estas, puesto que su pretensión fundamental es la de reconstruir la densa red de relaciones que forman ese agregado social sin olvidar el contexto en elque toma sentido. Sin embargo el ejemplo de Ginzburg marca que son las propias virtudes del historiador italiano de las que depende la excelente factura de sus producciones, esto no significa que las propuestas de Ginzburg no sean relevantes para la investigación como ya se ha dicho.

Así, lo local es más el método que el objetivo, puesto que éste se centra en esa comunidad para descubrir un proceso social complejo. debemos desterrar la creencia de que se busca en esta o aquella localidad el modelo a escala de conjunto, o que ese persigue un ámbito reducido como modelo de un experimento. Una comunidad se convierte en objeto de nuestra investigación porque es relevante en sí misma y porque aporta algo significativo al conocimiento histórico de una realidad general que se manifiesta a distintos niveles. Como diría Clifford Geertz la apuesta por el microanálisis debe aceptar que “el lugar de estudio no es el objeto de estudio”. Los antropólogos no estudian aldeas, estudian en aldeas. Uno puede estudiar diferentes cosas en diferentes lugares, y en localidades confinadas se pueden estudiar mejor algunas cosas…. Pero esto no significa que sea el lugar lo que se estudia” .

El hecho de aproximar nuestra historia local a la microhistoria italiana no soluciona el desfase que existe entre una y otra. Los historiadores españoles debemos aprender las virtudes de los italianos :

1- El historiador debe hacer un esfuerzo por hacer efectiva esa interdisciplinariedad. El análisis de la comunidad sólo es posible desde esta perspectiva, este ha sido un referente obligado tanto para historiadores como para sociólogos o economistas. Se deben disolver las barreras, multiplicar las lecturas, fundir los enfoques , ver los contextos en donde se deben insertar los nuevos conceptos.
2- La microhistoria ha desarrollado una preocupación profunda por el manejo de la documentación y el rescate de su significado más profundo, el ejemplo de Ginzburg es excepcional.
3- Hay que tener una atención reflexiva sobre el propio discurso, entendiendo por discurso no sólo el texto final sino también los procedimientos y los recursos -retóricos, o de otro tipo- que nos permiten presentar los resultados.