AméricaEn ambos casos, como ya hemos afirmado anteriormente en el contexto general de ambas revueltas, las rebeliones comuneras de Castilla y Nueva Granda fueron de una gran heterogeneidad social, lo cual explica en gran medida las diferencias e incoherencias internas que tuvieron los comuneros en ambas revueltas, precisamente por la diferencia de intereses en ambos casos, tal y como afirma Briceño pero que es también perfectamente aplicable al movimiento castellano;

“La existencia de dos clases distintas con intereses político-económicos distintos en el seno de un mismo movimiento insurreccional plantea un complejo juego de contradicciones”

Así paso en ambos casos y fue precisamente la contradicciones de intereses de clase lo que provoco en ambos casos, en parte, la derrota “interna” de la revuelta, mejor vista en el caso neogranadino con el abandono de la lucha por parte de Berbeo al conseguir en Zipaquira lo que a el, como criollo le interesaba o el caso de Plata, criollo infiltrado dentro del movimiento comunero, como el mismo decía para autojustificar su participación en “El Común” en marzo de 1781.

Sin embargo, la sociedad colonial americana era mucho más heterogénea y compleja que la española, y en ella participaron actores sociales que en Castilla no existían en el siglo XVI.

Una sociedad muy heterogénea

En el caso de la rebelión comunera neogranadina, la sociedad colonial española, como hemos visto en el contexto, es muy compleja y heterogénea.

Por un lado se colocan en la cúspide los españoles, que llegan a territorio americano a ocupar los mejores puestos políticos y administrativos y que desde el primer momento van a colocarse como el sector mas privilegiado con poder político y económico. Los puestos virreinales y los altos funcionarios del imperio colonial en territorio americano estaban reservados para españoles peninsulares. Algunos ejemplos de estos españoles que intervienen en la rebelión comunera a favor, lógicamente, de sus intereses seria el caso del Virrey Manuel Flores o del entonces arzobispo y después Virrey Antonio Caballero y Góngora.

Los descendientes españoles nacidos en territorio americano serian los criollos, en parte líderes de la rebelión comunera neogranadina y que pronto entran en contradicción con los españoles, pues aunque también obtienen poder económico, el poder político y administrativo les resulta esquivo, pues es monopolizado por los españoles liderados por los virreyes. Así pues, se verán desplazados de la soberanía política en los virreinatos americanos, exigiendo ya en el siglo XVIII y ya abiertamente en el siglo XIX la participación y la soberanía política que le ha sido esquiva durante 3 siglos.

Estos criollos tuvieron un peso económico fundamental, hicieron fortuna como comerciantes, rentistas, o burócratas, y que en el caso de la rebelión comunera, tienen un peso político fundamental, por lo menos en la primera parte como hemos visto. En esta primera parte de la rebelión comunera neogranadina, los criollos son los que capitalizan el descontento de los pobres en el tumulto de Socorro en marzo de 1781 y rápidamente serán los criollos, los notables locales americanos, los que “recogen el guante” de la indignación popular y se colocan a la cabeza de ese movimiento para conducirlo, lógicamente, a sus intereses político-económico fundamentales, orientados, tal y como se plasma en las Capitulaciones a la reducción de impuestos y a un mayor peso político de los criollos.

Estas medidas, que aunque puedan beneficiar y beneficiaron a los pobres, sin embargo eran orientadas claramente al beneficio de los criollos, al menos de los ricos. Una vez obtienen lo que en teoría se les ha prometido, abandonan la lucha rebelde y de hecho serán ellos los mayores enemigos, junto a los españoles y también los mayores blancos de las iras de los rebeldes liderados por Galán. Ejemplos de estos criollos ricos serian los líderes de “El Común” en la primera parte de la rebelión, Juan Francisco Berbeo o Salvador Plata.

No obstante, aquí cabria hacer una matización en el terreno de los “criollos”. Si entendemos por criollo simplemente a los americanos descendientes de españoles, indistintamente de su clase social, entonces también aquí habría que meter a los criollos pobres, a la masa social empobrecida del Socorro, algunos de los cuales eran descendientes de españoles pobres que emigraron a America, y por tanto también eran criollos. Un ejemplo de criollos pobres seria la celebre heroína Manuela Beltrán nacida en Charalá, pertenecía a una modesta familia descendiente de españoles, que manufacturaba tabacos y poseía una tienda de efectos de Castilla, y que se hizo famosa por encender la chispa de la rebelión en Socorro el 16 de marzo de 1781.

En las cúspides mas bajas, los indios y esclavos no tienen poder ni político ni económico y se encuentran como mano de obra, a veces esclava, para obtener los recursos económicos que enriquecen no solo a los españoles, si no también a los criollos.

En el caso indígena, y mestizo forzados a trabajar en un primer momento y pacientes de un sistema de trabajo como la encomienda (que consistía en que la corona asignaba o “encomendaba” a los conquistadores una serie de indígenas para usarlos como mano de obra y a cambio el conquistador les transmitía la cultura cristiana occidental) el repartimiento (trabajo por turnos) o el yanaconaje (aparcería), trabajan entre otros en las grandes minas de metales de Potosí y Zacatecas, o las de Antioquia, Novita, y Popayán en Nueva Granada. Por ello, verán en las rebeliones indígenas (Gaitana, Tupac Amaru…) el elemento libertador para redimirse de esta situación.

Muchos de estos mestizos, si bien se colocaron desde el primer momento bajo las ordenes del ejercito comunero, liderado por criollos, es cierto que siempre desconfiaron de ellos y trataron de colocar a partidarios suyos dentro del ejercito, como fue el caso de José Antonio Galán o Ambrosio Pisco. Fueron uno de los sectores sociales más perjudicados del orden colonial español, y por ello fueron de los más rebeldes. En comparación con la rebelión comunera castellana, seria su radicalismo comparable al de las masas campesinas castellanas que iniciaron revueltas antiseñoriales durante la revolución comunera. En radicalismo, ambos son comparables. Por ello, en la segunda mitad de la rebelión, tras las capitulaciones, serian ellos quienes llevarían la voz cantante en la figura de Galán, tomando las medidas mas radicales, atacando a criollos y españoles blancos ricos, y colocándose como súbditos bajo la soberanía del autoproclamado rey inca Tupac Amaru II del Perú.

Por su parte, los esclavos negros, capturados en África y transportados en los barcos negreros (posteriormente los asientos de negros) a America donde trabajaban en las minas y en las plantaciones en régimen de esclavitud en todo el continente, haciendo los trabajos mas duros que físicamente resistían mejor que los indígenas.

También los esclavos negros de origen africano, fueron el otro sector radicalizado de esta rebelión. Históricamente, como hemos visto en el contexto americano, los esclavos vienen de una tradición de rebeldía que se manifiesta en los palenques de fugados, y de lideres esclavos como el ya mencionado Benkos Biohó. Durante la segunda parte de la rebelión comunera liderada por Galán, los indígenas, mestizos y esclavos llevaron sus propuestas a la primera plana, y de hecho una de las medidas mas populares entre el pueblo tomadas por Galán en sus campañas por el valle del Magdalena, medidas que le valieron en parte la condena a muerte, fueron la liberación masiva de esclavos negros africanos en las haciendas y villas por las que pasaba.

Es de mencionar el hecho de que, tanto los rebeldes comuneros castellanos como los neogranadinos pusieron en su programa de actuación un rechazo bastante marcado al tema de la esclavitud. Galán se opuso a la esclavitud y libero a todos los esclavos que pudo. Los comuneros castellanos, en la Constitución de Ávila o Tordesillas, dejaron manifiesto su oposición a la esclavitud y su voluntad de terminar con ella.

Como vemos, a nivel social, al igual que en el caso castellano se ha generado desde el inicio de la conquista un malestar de doble tipo; entre los americanos y los españoles por un lado y entre la propia sociedad americana entre si, que será germen, como en el caso castellano de la revuelta social que radicalizara el movimiento comunero neogranadino en el siglo XVIII, son los “odios y tensiones heredadas” en ambos casos.

Una sociedad, como vemos, muy compleja, muy heterogénea y con grandes intereses de clase encontrados entre ellos, entre el propio bando comunero.

Un equilibrio entre la desigualdad

Por su parte, la sociedad castellana del siglo XVI, también era lógicamente y como todas las sociedad de ese momento, una sociedad desigual y estamental.

Era una sociedad con intereses encontrados, y con diferencias de clase marcadas, pero que a diferencia de los neogranadinos supieron encontrar un punto de mayor equilibrio entre ellos y supieron apoyarse unos con otros para lograr una causa común. Ello, lógicamente no implica que muchos campesinos se radicalizaran y trataran de forzar a la Santa Junta, o que muchos nobles abandonaran el movimiento comunero o se pasaran de bando por la heterogeneidad social del bando comunero. Sin embargo, supieron aliarse entre ellos (sin necesidad de un acuerdo escrito formal, como en el caso neogranadino) y juntos fueron a la guerra.

En la sociedad castellana del siglo XVI, no obstante, podemos distinguir tres sectores claramente identificados que van a participar activamente en la rebelión comunera castellana:

En primer lugar estan los nobles castellanos, que si van a participar activamente desde el primer momento en la rebelión comunera. En parte, estos nobles castellanos van a influir en un primer momento en la definición de un contra-poder castellano, al verse perjudicados claramente por los flamencos que copan los poderes y las altas autoridades del reino, desplazándolos del poder y quedándose con los impuestos castellanos para sus intereses europeos. También muchos de estos nobles, muchos de ellos señores feudales, ven con malos ojos y con mucho recelo el creciente poder de la monarquía absoluta, ya iniciada en época de los Reyes Católicos y que se manifiesta mas claramente en Carlos V, que introduce un modelo alternativo de monarquía absoluta, sin el contrapeso de la nobles o de los señores feudales.

Sin embargo, con el devenir y en parte con la radicalización de los acontecimientos comuneros, va a ser entre sus filas donde se cuente un mayor numero de abandonos por discrepancias internas o cambios de bando, por proteger sus intereses ante el auge de la rebelión campesina antiseñorial, atraídos por las promesas del emperador flamenco, como fue el caso del condestable de Burgos, el duque del Infantado, el conde de Alba de Aliste, el infante de Granada o el almirante de Castilla. También algunos de ellos, como el caso de Juan Arias Dávila, en un primer momento “ni participan ni se oponen” a la rebelión, si no que se colocan expectantes para ver, con el devenir de los acontecimientos, quien puede resultar victorioso para colocarse a su lado y apoyarlos. De esa forma nunca pierden.

No obstante, dentro de la nobleza o de los “notables” existía otra facción, una “nobleza venida a menos”, la nobleza media, la hidalguía o el patriciado urbano, que si constituyeron una base de apoyo mucho mas fiel a la causa comunera en todo momento, como fue el caso de destacados lideres comuneros como Juan de Padilla, Juan Bravo, Francisco Maldonado, Pedro de Ayala, Juan de Zapata, María de Pacheco o Pedro Lasso de la Vega.

Como vemos, ellos constituyen el grueso de la dirigencia comunera, tanto de la Santa Junta de Castilla como del ejercito comunero, y se podría, por tanto decir, que la dirigencia del movimiento comunero castellano estuvo en manos de una alianza de la baja y media nobleza y de las clases medias, que junto con el apoyo material de las clases bajas lideraron la rebelión comunera.

Caso diferente al neogranadino, donde la junta comunera inicial estuvo liderada en un primer momento por los criollos y notables americanos, que se alían con las clases bajas y mestizas para obtener el liderazgo del movimiento. Aunque es cierto que en ambos casos las clases altas (alta nobleza castellana y criollos americanos) acabaron abandonando el movimiento comunero, tanto por la radicalidad de este como por sus intereses de clase personales y particulares.

En segundo lugar, estaría el caso de las llamadas clases medias, que como ya hemos dicho, junto a la baja y media nobleza son el grueso de apoyo y militancia del movimiento comunero. Destacaría pues aquí una clase media de labradores, artesanos, profesiones liberales, agricultores o comerciantes.

Son trabajadores, pero de un nivel más elevado que los simples peones, campesinos o jornaleros del campo que conformarían las clases mas bajas y que también tendrían su peso en lo relativo a la radicalización. Entre estas clases medias destacarían algunos comuneros como Luis de Cuéllar, Antonio Suárez, Antonio de Aguilar, Gonzalo de Ayora, Alonso de Zúñiga, o el célebremente conocido Alonso de Arreo, alcalde de Navalcarnero y aliado de Juan Bravo.

Aquí cabria mencionar, a caballo entre la media y baja nobleza y las clases medias el papel que historiadores como Maravall, Maldonado o Pérez le dan a los judíos conversos, pues en su opinión tuvieron un peso especifico importante en la rebelión, al afirmar estos autores que tanto los Bravo como los Zapata estaban emparentados con familiares o tenían familiares judíos conversos. Por ello algunos de estos autores han creído ver en los conversos una fuerza impulsora de la rebelión (aunque esto tiene mucho de tinte paranoico antisemita, tan típico en la Castilla bajo medieval).

En tercer lugar destacan el pueblo llano, la clase baja o la clase trabajadora, que son trabajadores, peones, campesinos o jornaleros del campo que conformarían las clases mas bajas y que también tendrían su peso en lo relativo a la radicalización. No se conoce figuras relevantes del movimiento comunero pertenecientes a esta clase mas baja del pueblo llano, pues la dirigencia recayó en las clases nobles y medias, pero indudablemente, el pueblo llano fue una fuerza destacada en la rebelión comunera, como lo demuestra el peso que tienen en las rebeliones antiseñoriales en tierra de campos. También en las ciudades tienen su peso en la rebelión comunera.

Por tanto, como vemos, al igual que en el caso neogranadino, la rebelión comunera castellana tiene una gran heterogeneidad social, pero la diferencia fundamental entre ambos, es que mientras que en el caso neogranadino no encontraron un equilibrio total entre ellos hasta el final, en el caso castellano si hubo un acuerdo táctico más duradero.

No obstante cabria señalar aquí que ello en parte puede deberse a que en el caso neogranadino, las clases bajas eran mucho mas numerosas y radicalizadas que en el caso castellano, y por ello las clases altas recelaron de ellas mucho mas pronto y mas rápido, al igual que las bajas, ya que a pesar de la alianza, siempre recelaron entre ellas.

Otros sectores

Aquí cabria señalar aunque sea brevemente el peso que tuvieron algunos sectores sociales en ambas rebeliones, y que seria interesante comentar, como es el caso de la iglesia o de las mujeres.

En ambas rebeliones, ambos sectores sociales aparecen claramente identificados, aunque en uno de los casos comparten diferencias notables.

Empezando por la iglesia, parece más o menos claro, que estos tuvieron un peso especifico en el bando comunero castellano, no así en el neogranadino.

En el caso castellano los frailes y el bajo clero rural y urbano castellano, muchos de ellos de procedencia muy humilde, rápidamente se identificaron con el bando comunero, y predicaron a favor de la rebeldía con la tiranía de los flamencos, de forma que convirtieron sus pulpitos y misas en auténticos sermones incendiarios a favor de la causa comunera. Esta costumbre de los frailes y clero rural usando el pulpito para uso político fue una costumbre que, por ejemplo, se extendió bastante en las zonas rurales españoles del siglo XIX en los frecuentes enfrentamientos entre conservadores y liberales.

No obstante no solo el bajo clero apoyo la rebelión, también destaca aquí, por ejemplo, el caso del ya mencionado Antonio de Acuña, obispo de Zamora que aspiraba a ser arzobispo de Toledo, guerrillero y que participa en campañas militares en Tordesillas y en tierra de campos, atacando a las autoridades imperiales, el cual fue perseguido tras la derrota comunera, encarcelado y posteriormente ejecutado en 1526.

Es de destacar que tanto unos como otros extendieron el mensaje de la humildad, del servicio a los oprimidos y del rechazo a los opresores, y flamencos, que, seguramente, identificaron con el anticristo. Es importante señalar aquí que estamos en un periodo de cambio entre el feudalismo y el protocapitalismo, y que es una época con claras reminiscencias del pasado feudal, donde, y sobre todo en zonas rurales y muy atrasadas, se extendían mensajes espiritualistas, culpando a los malos gobiernos de las calamidades como castigos de Dios, y donde muchos de ellos abrazaron lo que se podría considerar en el caso de Acuña en una especie de “proto-teología de la liberación”.

De hecho, según algunos autores, como José Antonio Maravall, en todo momento los comuneros castellanos tuvieron un punto de vista místico, de forma que para los comuneros del siglo XVI la comunidad o el reino era antes que nada, en cuanto cristianos que eran, una parte exterior de un cuerpo místico. Sin duda, aquí tuvo mucha influencia la religión cristiana, que dio en parte doctrina a la rebelión comunera y tuvo apoyo de esta, al menos de una parte importante del bajo clero, pero también de algunos notables de la iglesia como obispo de Zamora Acuña.

Otro ejemplo de la implicación religiosa en la rebelión comunera es el nombre que se le da al máximo órgano político comunero, la Santa Junta de Castilla, bendiciendo cristianamente a la rebelión comunera con el titulo de santidad, lo que prueba que una parte importante de la estructura eclesiástica castellana, apoyo la rebelión.

Por otro lado, en la rebelión comunera neogranadina, no tenemos muchas mas referencia sobre este tema, pero podemos deducir una serie de cosas. Por un lado, no hay datos concretos de miembros del bajo clero que, al igual que ocurrió en la rebelión castellana participasen e incluso integrasen activamente las filas comuneras, en tanto que procedían de las clases mas humildes.

No obstante, si podemos hacer una deducción en tanto al alto clero. En Nueva Granada, a diferencia de en Castilla, todos los altos cargos de la iglesias se pusieron de lado de los españoles. No hubo obispos ni mucho menos arzobispos que participasen activamente en el bando comunero. Ello, se puede deber en parte a que el contexto de Nueva Granada y Castilla eran totalmente diferente. En territorio americano, los altos cargos como podían ser el de arzobispo u obispo, estaban, como todos los altos cargos americanos, reservados a los españoles y no a criollos y muchísimo menos a mestizos o indígenas, que estaban mucho mas excluidos de la vida política o administrativa colonial. Por lo tanto, al ser estos cargos copados por españoles, obviamente ellos estuvieron de su propio lado, del virreinato y no del lado comunero.

Un ejemplo claro de ello es el del propio Arzobispo de Bogota y posteriormente Virrey Antonio Caballero y Góngora, que ejemplifica ese apoyo total de la iglesia, al menos de los altos cargos de la iglesia católica americana al lado de los españoles y del virreinato. Góngora fue negociador e interventor de los españoles frente a los comuneros en Zipaquira, y en parte fue su talante negociador el que impidió la entrada comunera en la capital, al negociar en las afueras y firmar rápidamente las exigencias comuneras.

Por tanto, vemos como en este caso, en el apoyo eclesiástico a la rebelión comunera, encontramos una diferencia fundamental entre una y otra rebelión. En el cas castellano, muchos de ellos la apoyaron activamente, en el caso neogranadino, no.

Otro sector social que podríamos tener en cuanto al menos para mencionar en este caso es el de las mujeres. En ambos casos, y aquí si hay un acercamiento y una similitud mayor en ambos casos, encontramos a mujeres que de una u otra forma, en alguna parte de la rebelión comunera, participan en la rebelión y apoyan activamente a los comuneros. No obstante, lógicamente, la similitud llega hasta ahí, y los dos ejemplos que tenemos, poco o nada tienen que ver una con otra.

Del caso de Manuela Beltrán en Nueva Granda ya hemos hablado. Mujer criolla humilde, cigarrera y tendera, que aunque participe de forma anecdótica en la primera parte de la rebelión (al no tener mucha mas información sobre ella) sin embargo hace que su fama y su gesta sea mucho mas conocida que en el caso castellano, ya que su participación fue muy simbólica.

A Manuela Beltrán los historiadores le han adjudicado el famoso gesto de acercarse al Edicto que establecía las nuevas medidas fiscales, en medio de la multitud del pueblo en la plaza del Socorro, en marzo de 1781 y rompiese ante ellos el edicto, inflamando a la población congregada al grito de “Viva el rey y muera el mal gobierno” y llamando a la desobediencia al impuesto de barlovento.

Históricamente, este gesto provoco definitivamente la chispa que prendió la rebelión, pues automáticamente el pueblo inicio las protestas y disturbios por toda la localidad. Beltrán, a pesar de que no se sepa mucho sobre ella, ha sido y es considerada en la historia colombiana como una de sus heroínas nacionales, como una mujer rebelde y revolucionaria que participo activamente en la defensa del territorio colombiano frente a los abusos de los españoles como haría después la famosa Policarpa Salavarrieta (“La Pola”), y tiene un lugar destacable en la memoria nacional.

Por el contrario, las acciones de María de Pacheco en la rebelión comunera castellana, si bien son mucho mas activas, profundas y documentadas, su memoria se ha perdido en la historia y solamente los investigadores o interesados conocen de su vida. De María Pacheco sabemos su vida antes de la rebelión, su vida al lado de Padilla en Toledo, su resistencia en solitario y posteriormente su exilio y muerte en Portugal, estando enterrada en la catedral de Oporto.

Pacheco, que tomo el nombre de su madre, rechazando el apellido paterno y posteriormente el de su marido, mostró siempre un temple guerrero y rebelde, pues nunca acepto el papel de segunda en el hogar que la sociedad patriarcal reservaba a las mujeres en la Castilla de la época. Era de familia acomodada, de la alta nobleza castellana, con un alto nivel de educación y conocimiento, manejaba diversas disciplinas y varios idiomas y tras vivir en Andalucía, se casa con el líder comunero Juan de Padilla, marchando a vivir a la ciudad de Toledo.

Desde el primer momento de la revolución comunera en abril de 1520 en las primeras protestas comuneras, el matrimonio Padilla-Pacheco participa activamente, al ser Toledo prácticamente el primer o de los primeros focos rebeldes de toda Castilla en protestar y en formar “comunidad”. En estos sucesos, participaron desde el primer momento los dos, y especialmente María Pacheco.

Una vez que Padilla marcha a la guerra al frente del ejército comunero, María Pacheco no queda relegada (como no era costumbre en ella) a un segundo plano en el hogar, y forma parte activamente de la Comunidad de Toledo, liderando el proceso comunero en esa ciudad en todo el año que resulta hasta la derrota comunera en Villalar. No obstante, la tenacidad de Pacheco se evidencia cuando, al enterarse de la derrota comunera y la ejecución de su esposo en Villalar, renuncia a la derrota y mantiene, hasta octubre, durante 6 meses la resistencia comunera en Toledo, negándose a la derrota y evitando rendirse. Hay muchas leyendas que explican el arrojo de esta mujer durante la resistencia de Toledo como aquella que narraba la negativa de rendirse ante sus partidarios, llegando a colocar uno de los cañones del Alcazar de Toledo apuntando hacia la ciudad y amenazando con bombardearla ella misma si alguien se rendía a los imperiales.

No obstante, la evidencia se impone y Pacheco renuncia y rinde la ciudad en octubre de 1521, lo cual fue una sorpresa para los imperiales al ver como una mujer era la que gobernaba la ciudad y rendía ante ellos el último foco de resistencia comunera castellana. Posteriormente, Pacheco se exilia a Portugal donde muere casi en la mendicidad por las persecuciones y presiones que el emperador Carlos V ejerce para que fuese entregada y juzgada en Castilla.

El perfil de ambas mujeres, como vemos es muy distinto, tanto por su origen social como por su participación en la revuelta comunera, mujeres que en ambos casos sabían al menos leer y escribir, extraño para su época, pero si que es llamativo que en ambos casos, fueran dos mujeres les que en algún momento de la rebelión comunera llevaran la voz cantante y tuvieran el arrojo y el valor de liderar una propuestas que muy pocos se atrevían a hacer en aquellos momentos, y mucho mas llamativo es su participación en lo que entonces era un mundo de hombres, y para los hombres.

En el caso americano, para ilustrar con otro ejemplo hasta que punto la sociedad colonial era patriarcal resultaría interesante leer las memorias de la bióloga y naturalista de origen alemán Marya Sibylla Merian, que relata todos los problemas y trabas que tuvo que superar para ser una figura publica respetada y admirada por su enorme y fantástico trabajo naturalista y biológico al ser una mujer en una sociedad patriarcal.

Los Comuneros. La Revolución De Las Comunidades De Castilla (1520-1521) (Tapa dura)


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