Los_Comuneros_de_Castilla

“Por fin el Socorro y su cordura, solo camina al fin de socorrernos, y pues este ha de ser blasón eterno, viva el Socorro y muera el mal gobierno”. Virreinato de Nueva Granda, 1781

“Tú, tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres al sufrir que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor”. Reino de Castilla, 1521.

Los_Comuneros_de_CastillaEste año se cumplen 490 y 230 años de las rebeliones comuneras de Castilla y Nueva Granada, que, en el caso colombiano, se ven reforzadas además por las celebraciones del bicentenario de la independencia nacional colombiana que, históricamente, siempre ha considerado a la rebelión comunera como uno de sus grandes precedentes independentistas.

En ambos casos, resulta interesante hacer una reflexión sobre la naturaleza y alcance de ambos sucesos y, sobretodo, el poder hacer una comparativa de dos movimientos que compartieron algunas similitudes mas allá del nombre de sus movimientos (nombre que también comparten con otra rebelión homónima en Paraguay), pero que también tuvieron grandes diferencias entre ellas, mas allá de los 260 años que las separaron cronológicamente en el tiempo.

El objetivo de este texto es hacer, pues, una breve comparación histórica entre ambos acontecimientos que tuvieron de fondo el desarrollo histórico de un mismo estado, de un mismo reino; el reino de España.

Veremos en este breve recorrido las comparaciones, las similitudes y diferencias entre ambos movimientos que recibieron el mismo nombre, que surgieron en épocas de crisis en el reino español y que dejaron profunda huella en el devenir de los tiempos y en la recreación del ideal de resistencia y rebelión al imperio español en épocas posteriores en sus respectivos espacios; Castilla y Colombia.

El ideal del común o de lo común, enfrentado al poder imperial o real fue, no solo la génesis, el origen y la explicación del nombre propio de ambos movimientos, si no el elemento vehicular de ambas rebeliones, el porque de su existencia, la reivindicación de un doble espacio, de un doble poder; el espacio del común y el espacio real, al que se enfrentan en ambos casos, desafiándolo, pero sin llegar a pretender en ningún caso suplantar ese poder real, que es el contexto de fondo en el cual se desenvuelven ambos movimientos y en nombre del cual (el reino legitimo) actúan en ambos casos con el objetivo de legitimar sus actuaciones al menos, y como veremos mas adelante, por parte de los dirigentes del movimiento, frente a una resistencia de base mucho mas amplia y que pretendía llegar mucho mas lejos en ambos casos, y como ejemplo de contradicción dialéctica interna en ambos casos, y que llevo al limite a los movimientos comuneros, explicando, como veremos mas adelante, en parte por este motivo el fracaso interno de los movimientos comuneros.

Los movimientos comuneros de Nueva Granada y Castilla son dos elementos históricos fundamentales en el periodo de la edad moderna española y colombiana a los que es imposible dejar de acercarse para conocer mejor el desarrollo histórico, político y social de ambos países y para explicar la génesis en un caso y el ocaso en otro de uno de los mayores imperios coloniales de la historia; el imperio español.

1. Contexto Histórico

Para entender el desarrollo y evolución de ambos movimientos comuneros, es preciso detenerse brevemente a analizar la situación previa de partida de ambos movimientos y tratar de entender o indagar alguna posible similitud que explica el surgimiento de ambos movimientos.

En ambos casos, tanto en 1521 como en 1781, el imperio español se encuentra en un momento de crisis, de diferente tipo e índole, pero en un momento critico.

Históricamente, hemos podido comprobar como los motines, rebeliones o revoluciones a lo largo de la historia comparten un elemento común (al menos uno) entre ellas que es algún tipo de crisis interna o externa del sistema político en el que se sustentan. La revolución francesa surge como un proceso de crisis económica y de valores dentro de la monarquía borbónica. La revolución rusa surge como un proceso lógico de descomposición interna del zarismo. En épocas de bonanza o auge del sistema, no se producen crisis que conducen a rebeliones o revoluciones y todas ellas, pues, y en este caso, ambas revueltas comuneras comparten un mismo fondo común que es una crisis, especialmente interna dentro del modelo del imperio español, pero una crisis bien diferente en ambos casos y de naturaleza distinta. Asi pues, tenemos un doble modelo de crisis;

Crisis económico-identitaria

En el caso de la rebelión comunera de Castilla de 1521 no se produce en un contexto de falta de hegemonía o descomposición interna del imperio español. Muy al contrario, 1521 es un año importante para el asentamiento, por ejemplo, del poder y la expansión imperial en el continente americano. Es entre mayo-agosto de ese mismo año, apenas un mes después de la derrota comunera en Villalar cuando se produce la conquista de Tenochtitlan por parte de Hernán Cortes, y es general todo el periodo de la primera mitad del siglo XVI un periodo de expansión y consolidación del poder de conquista español en America.

Muy al contrario, la crisis que se produce en 1521 es de tipo identitario. Es una crisis interna en torno a la hegemonía y legitimidad del poder regio en la cabeza del imperio castellano (que al igual que en caso colombiano viene acompañado de un trasfondo de descontento social mucho mas amplio) entre unas elites extranjeras flamencas dirigidas por el propio emperador Carlos V que, desde Flandes tratan de coptar el poder político y económico de Castilla, centro del imperio español, apartando y marginando a los naturales castellanos (especialmente las elites nobiliarias locales) y apropiándose de los recursos económicos internos del reino castellano para financiar las campañas imperiales en la corte de los Habsburgo, muy lejanas de las ciudades castellanas.

No obstante, el conflicto con las elites flamencas viene de algo mas lejos que en 1521 y explica el problema heredado que estalla en ese momento.

El problema se remonta a los conocidos como Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, que, con el objetivo de ampliar sus posesiones y su influencia política en Europa y en America, efectúan diversos modelos de expansión; en el caso americano, se lleva a cabo una política de conquista, colonización y anexión de los territorios descubiertos por Colon en 1492. Por su parte, para ampliar su influencia europea, los soberanos peninsulares, a parte también de la anexión, optan por la manida costumbre entre la monarquía de las alianzas matrimoniales con las cortes extranjeras de mayor influencia en el mundo en aquella época. Entre otros, los soberanos de Castilla y Aragón casaron a varias de sus hijas, Isabel, Juana y Catalina, respectivamente con herederos de las coronas de Portugal, Austria e Inglaterra.

Así, mientras Isabel y Catalina no tuvieron un peso relevante en la política española si lo tuvo Juana de Castilla que, al casarse con Felipe de Habsburgo se emparentó con la distancia de los Habsburgo mientras que se colocaba como heredera, y posteriormente reina nominal de Castilla a la muerte de sus padres y hermanos.

Con el ascenso al trono castellano de Juana y Felipe en 1504, se produce la llegada a la corte castellana de nobles flamencos que, junto a los castellanos, adquieren un gran poder en el naciente imperio español. Sin embargo y aunque es ya en 1504 cuando empiezan a surgir malestares entre los castellanos por la presencia flamenca en los aparatos de poder, sin embargo, el equilibrio con los castellanos y el prestigio de la reina Juana de Castilla entre el pueblo castellano, hacen que la situación se mantenga una calma tensa tolerada, de momento, por las elites y el pueblo castellano.

Sin embargo, la temprana muerte de Felipe dos años después de subir al reinado y la situación de Juana de Castilla, que se encontraba en estado de incapacidad mental (su marido Felipe la acusaba de demencia, motivo por el cual se la conoció con el sobrenombre de “Loca” y se la recluyo en Tordesillas), provoco que la línea dinástica llegara hasta Carlos de Habsburgo, hijo de Juana y Felipe, y que nunca antes había pisado Castilla. Educado en Flandes como su padre, no conocía el castellano e ignoraba la situación de sus posesiones hispanas, por lo que la población acogió con escepticismo la llegada del nuevo rey. Tras su llegada en 1517, su corte flamenca comenzó a ocupar los puestos de poder castellanos, como el caso de Guillermo de Croy como Arzobispo de Toledo o Monsieur de Chièvres como su consejero.

Tras ser reconocido definitivamente y a regañadientes dos años después por las autoridades de Castilla y Aragón, que siguen sin aceptar al que siguen considerando como un soberano ajeno a los intereses y la realidad de Castilla y Aragón, se entera en Barcelona del fallecimiento de su abuelo, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, el emperador Maximiliano I de Austria.

Inmediatamente, pone toda su atención y esfuerzos a ser nombrado emperador. Traza un plan para hacerse con la corona imperial, para lo cual era necesario comprar no solo a los electores dudosos en el imperio, si no también gastar una ingente suma de dinero para los fastos de la unción imperial. Para ello, nada mejor que los rentables y recientemente adquiridos territorios de Castilla.

Para ese fin, Carlos de Gante convoca el 1 de abril de 1520 las Cortes de Castilla en la localidad gallega de Santiago de Compostela, donde el emperador se ve obligado a sortear las dificultades de gran cantidad de procuradores de cortes (representantes de las ciudades castellanas) que le son esquivos a la hora de concederle el servicio, un impuesto que donaría ingentes sumas de dinero para sus proyectos imperiales, los cuales son expulsados ( como en el caso de Toledo o Madrid) , mientras que muchos otros son sobornados por el emperador ( como en el caso de Segovia). Tras obtener así sus objetivos zarpa rumbo al Imperio, no sin antes colocar como regente en su ausencia a un cardenal de origen holandés, Adriano de Utrecht y en las altas autoridades del reino a flamencos. Tras ello, los castellanos indignados por la enésima ofensa frente a los flamencos, estallan.

A ello habría que sumarle una difícil situación económica y social interna en el reino castellano. El siglo XV, comenzó con una serie de malas cosechas y epidemias, que junto a la presión tributaria y fiscal provocó el descontento entre la población, colocándose la situación al borde de la revuelta. La zona que más sufre en este contexto es la zona central, con Valladolid y Toledo a la cabeza (basada en el comercio interior, los textiles y la agricultura), en contrapeso con la periférica, con Burgos y Andalucía como ejemplos, basadas en el comercio de la lana y colonial, respectivamente, y que ejercen una situación de monopolio económico respectivamente, tolerado por el estado, y que explican, en el caso burgalés su adhesión al bando imperial durante la rebelión.

A nivel social, como decimos, las malas cosechas, las epidemias y el rechazo a un orden social estamental opresivo, van a producir ya desde época bajomedieval rebeliones campesinas que se podrían entender como precedentes de las rebeliones campesinas que van a radicalizar al movimiento comunero y que en parte es una herencia de todo el proceso de tensiones y conflictos sociales existentes. Ejemplos de ello serian las rebeliones irmandiñas del siglo XV, los payeses de remensa de los siglos XIV-XV, las rebeliones urbanas catalanas del siglo XV, o los pogromos antijudíos del siglo XVI en Castilla (al buscar culpables o chivos expiatorios de la crisis).

La tensión económico-identitaria acumulada estalla en 1520; la rebelión esta servida.

Crisis sistémico-reformista

Por el contrario, la rebelión que se produce en el siglo XVIII en el Virreinato de la Nueva Granada obedece a una crisis mucho más amplia, una crisis en general del sistema colonial español, que arranca con las reformas borbónicas del siglo XVIII, pero que también comparte muchas similitudes con la crisis castellana del siglo XVI.

Similitudes con la crisis anterior son que la rebelión surge en un momento de crisis del sistema político español-castellano, similitudes son el rechazo hacia una imposición extranjera; en el caso castellano frente a las elites flamencas que imponen cargos e impuestos a los castellanos. En el caso neogranadino rechazo a la propia institución colonial española, que aunque aun no la rechace (“viva el rey y muera el mal gobierno”) denota, sobre todo entre las bases sociales mestizas, esclavas e indígenas un sentimiento abierto ya de rechazo a la autoridad colonial española, muy vinculada con lo indígena y lo pre-colombino como veremos, y que en general muestra un malestar con lo extranjero que les gobierna. Similitudes también por el malestar económico que vive el país, en el caso castellano por las crisis económicas heredadas y por las diferencias económicas inter-castellanas, así como el aumento de impuestos de los flamencos para sufragar las aventuras imperiales. En el caso neogranadino, la chispa que prende la llama es, precisamente, un aumento de los impuestos y las reformas fiscales como veremos mas adelante. También encontramos similitudes entre la crisis identitaria y la sistémica en lo referido al campo puramente social, a las contradicciones entre las clases y los diferentes intereses entre estas, que se manifiestas incluso dentro del propio bando de los comuneros en ambos casos al ser rebeliones muy heterogéneas.

Ya tendremos un apartado en el que mencionaremos los actores sociales de ambas rebeliones, pero de entrada cabe destacar la existencia de una diferencia de intereses en el caso castellano entre las elites nobiliarias, caballerescas, las clases medias y el pueblo común.

En el caso neogranadino se produce desde el mismo momento de la conquista y colonización del territorio en el siglo XVI una fuerte heterogeneidad y diferenciación de una gran diversidad de clases sociales y de culturas muy diferenciadas entre ellas, sobretodo entre los blancos españoles (o “chapetones”), los criollos americanos, los mestizos, los esclavos negros y los indígenas, principalmente, que generaron desde el mismo siglo XVI fuertes malestares, protestas y revueltas sociales, especialmente entre las capas mas perjudicadas de la colonización, como fueron los indígenas y los negros que van a protagonizar rebeliones como la de la Gaitana en Colombia o el inca Tupac Amaru I en Perú (no confundir con el otro Tupac Amaru) la propia rebelión del inca Tupac Amaru II y Tupac Katari en el siglo XVIII en el Perú y Bolivia que van a servir como ejemplo para los indios comuneros neogranadinos, o los palenques de esclavos negros en todo el continente americano, como el celebre Palenque San Basilio liderado por Benkos Biohó en Cartagena en los siglos XVI-XVII, y que mantuvieron en jaque al imperio colonial español.

Así pues, poco a poco, se fue creando desde el mismo siglo XVI una fuerte jerarquización social en Nueva Granada, como en toda la America colonial española, muy vinculada al color de la piel. Esto es el llamado concepto de la “pigmentocracia”, que tan adecuadamente describió el explorador Alexander von Humboldt en el siglo XVIII cuando dice que: “En América, la piel más o menos blanca decide el rango de un hombre en la sociedad”.

Ello explicara en parte la desconfianza que mestizos, indios y negros tienen por las elites criollas y española, tanto de su bando como del virreinal.

Por un lado se colocan en la cúspide los españoles, que llegan a territorio americano a ocupar los mejores puestos políticos y administrativos y que desde el primer momento van a colocarse como el sector mas privilegiado con poder político y económico. Los puestos virreinales y los altos funcionarios del imperio colonial en territorio americano estaban reservados para españoles peninsulares.

Los descendientes españoles nacidos en territorio americano serian los criollos, en parte líderes de la rebelión comunera neogranadina y que pronto entran en contradicción con los españoles, pues aunque también obtienen poder económico, el poder político y administrativo les resulta esquivo, pues es monopolizado por los españoles liderados por los virreyes. Así pues, se verán desplazados de la soberanía política en los virreinatos americanos, exigiendo ya en el siglo XVIII y ya abiertamente en el siglo XIX la participación y la soberanía política que le ha sido esquiva durante 3 siglos.

En las cúspides mas bajas, los indios y esclavos no tienen poder ni político ni económico y se encuentran como mano de obra, a veces esclava, para obtener los recursos económicos que enriquecen no solo a los españoles, si no también a los criollos.

En el caso indígena, forzados a trabajar en un primer momento y pacientes de un sistema de trabajo como la encomienda (que consistía en que la corona asignaba o “encomendaba” a los conquistadores una serie de indígenas para usarlos como mano de obra y a cambio el conquistador les transmitía la cultura cristiana occidental) el repartimiento (trabajo por turnos) o el yanaconaje (aparcería), trabajan entre otros en las grandes minas de metales de Potosí y Zacatecas, o las de Antioquia, Novita, y Popayán en Nueva Granada. Por ello, verán en las rebeliones indígenas (Gaitana, Tupac Amaru…) el elemento libertador para redimirse de esta situación.

Por su parte, los esclavos negros, capturados en África y transportados en los barcos negreros (posteriormente los asientos de negros) a America donde trabajaban en las minas y en las plantaciones en régimen de esclavitud en todo el continente, haciendo los trabajos mas duros que físicamente resistían mejor que los indígenas.

Como vemos, a nivel social, al igual que en el caso castellano se ha generado desde el inicio de la conquista un malestar de doble tipo; entre los americanos y los españoles por un lado y entre la propia sociedad americana entre si, que será germen, como en el caso castellano de la revuelta social que radicalizara el movimiento comunero neogranadino en el siglo XVIII, son los “odios y tensiones heredadas” en ambos casos.

Además, no obstante de las tensiones político-sociales, en una crisis sistémica como esta, se produce a su vez una crisis de toda índole, también de tipo económico, y por ello es también reformista, pues en parte la crisis neogranadina estalla por motivos económico-reformistas. Los antecedentes de esta crisis económica (que se da como en el caso castellano por motivo de los impuestos), nacen de la imposición de nuevos impuestos o monopolios, o de su incremento, algo que va a afectar los criollos comerciantes enriquecidos (que como vimos, tienen sobretodo su poder en la economía y no tanto en la política) tanto como a las clases populares que ven como los productos se van a encarecer, lo que produce una alianza de intereses inicial que explica el nacimiento del poder comunero neogranadino.

Estas nuevas medidas se originan en una política innovadora que trae la cúpula del imperio colonial español. Con el cambio de dinastía en 1714 y la subida al trono español de los Borbones de la mano de Felipe V, se introducen cambios de tipo económico-administrativo en el territorio colonial americano, lo que se conoció como las “Reformas Borbónicas”, que se caracterizo por; la creación de nuevos Virreinatos (este de Nueva Granda y el de Rio de la Plata), el refuerzo de los monopolios regios sobre el aguardiente y el tabaco (considerados básicos en el comercio colonial, lo que explica el inicial ataque a estos productos) y el incremento de impuestos como el de alcabala (impuesto a las ventas), el de armada de barlovento( impuesto a las ventas de artículos básicos como el algodón e hilo para sostener los enormes costos de la armada militar contra la piratería), o el quinto real ( impuesto establecido por la Corona sobre la extracción de metales preciosos, principalmente el oro y la plata).

Estos impuestos fueron establecidos por el visitador real Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, en la “Instrucción general para el más exacto y arreglado manejo de las Reales Rentas de Alcabalas y Armada de Barlovento” del 12 de octubre de 1780, y que será la chispa que estalle la llama de la indignación, y blanco de las iras y las criticas de la población neogranadina, tanto de criollos como del pueblo común que ven en estas nuevas medidas un ataque directo a su condición.

Así pues, el sistema colonial español sufre una crisis sistémica y hace aguas por todos lados; tensiones sociales, políticas, y económicas sumergen al virreinato de Nueva Granada en un caldo de cultivo perfecto para una insurrección generalizada.

La tensión sistémico-reformista acumulada estalla en 1781; la rebelión esta servida.

Como vemos, pues, aunque la crisis se manifiesta de forma diferente en las dos rebeliones comuneras (una es de tipo identitario y la otra de tipo sistemático), el transfondo viene a ser muy similar; resistencias y rechazos a una autoridad que consideran foránea, rechazo de los impuestos excesivos, crisis políticas y una fuerte polarización y tensión social en ambos casos que van a acompañar a ambas rebeliones durante los periodos históricos que estamos analizando.

Los Comuneros. La Revolución De Las Comunidades De Castilla (1520-1521) (Tapa dura)


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