Cuadro La Hansa

Antes de hablar del origen y desarrollo de la Hansa, conviene situar el marco y las circunstancias que dieron lugar a su aparición en la segunda mitad del siglo XII. Es necesario hacer referencia a la explosión demográfica que se produce en Occidente a partir del siglo XI, sin duda debida a la combinación de diversos factores:

– Incorporación de técnicas productivas que permiten obtener mayores y mejores cosechas y, por lo tanto, alimentar mejor a la creciente población
– Disminución de muertes masivas ya fuera por guerras o por epidemias.

Las recuperaciones económicas y demográficas van a hacer que las sociedades europeas se transformen radicalmente y pasen a ser colonizadoras y expansivas. Todo ello, dentro de un marco climático favorable que va a facilitar estos procesos. Procesos que se inician en época de Carlomagno y que continúan con lo que se ha dado en llamar la Drang nach osten, de los siglos XII y XIII superando la frontera del río Elba y penetrando en territorio eslavo. La actividad militar dirigida por los príncipes germanos que estaban en territorio fronterizo: Alberto el Oso desde Brandeburgo, Enrique el León desde Sajonia dará diversos frutos entre los que destaca la fundación de Lübeck y la incorporación de Lusacia, Silesia y Pomerania. En el siglo XIII, las Órdenes Militares, expulsadas de Tierra Santa, tomarán el relevo en la dirección de la expansión, así, la Orden Teutónica llevará a cabo la conquista de Prusia Curlandia y Estonia hasta el lago Peipus.

Esta ocupación militar de las nuevas tierras vendrá acompañada de tres procesos casi simultáneos:

a) La cristianización de las poblaciones sometidas.
b) La colonización campesina absorbiendo los excedentes demográficos de Occidente.
c) Desarrollo de la vida urbana en los territorios e intensificación de las relaciones comerciales. Aunque, según Ermelindo Portela, antes de la penetración alemana ya existía un proceso de urbanización de carácter eslavo a comienzos del siglo XII que había tenido como consecuencia la fundación de ciudades como la vieja Lübeck o Stettin en Pomerania.

Estas circunstancias climáticas ayudarán, además, a hacer más fácil la navegación en los mares Báltico y del Norte. Todo ello dará lugar a que el comercio florezca en las ciudades ribereñas. Vamos a ver como era y como se repartía ese comercio durante el siglo XII.

El comercio septentrional en la primera mitad del siglo XII

Los mares Báltico y del Norte, forman una especie de réplica septentrional al Mediterráneo. En la alta Edad Media, aseguraron una relación marítima entre Oriente y Occidente, complicada, sin embargo, por la necesidad de superar algunos obstáculos naturales entre los que destacaban los estrechos de Dinamarca.

La presencia de las ciudades alemanas en estos mares era muy modesta durante la primera mitad del siglo XII y su participación en el comercio de la Europa septentrional escasa, pues, dicho comercio estaba fundamentalmente repartido de la siguiente forma:

Los noruegos: Habían fundado numerosas colonias con las que comerciaban, además, frecuentaban también el continente: Jutlandia, Bremen, Utrecht, Colonia e incluso llegaban hasta Normandía, Islandia y Groenlandia por el Oeste, mientras que por el Este, recorrieron el Báltico. Llevaban pescado, pieles y cueros, mantequilla salada, madera y productos orientales traídos de los puertos del Báltico.

Este comercio, en principio semirural, tendía a concentrarse en ciudades emergentes, de las que cabe destacar las ciudades de Bergen y Oslo.

Los flamencos: Eran los amos del comercio sobre las costas meridionales del mar del Norte. Traficaban, sobre todo, con Inglaterra. Vendían sus tejidos y vino francés e importaban lana para sus manufacturas textiles, estaño, plomo y cueros. El centro comercial más importante de los Países Bajos será la ciudad de Brujas.

Los frisones: Serán preponderantes en el comercio en los Países Bajos septentrionales, en Alemania del norte e incluso en Escandinavia, extendiéndose justo hasta el Báltico, aunque, su desprecio por la vida urbana, en un momento en el que las ciudades se van a convertir en el motor de la vida económica, les hará entrar en una rápida decadencia.

Las ciudades alemanas: Colonia y Bremen: Iban adquiriendo protagonismo. A principios del siglo XI, el rey Ethelred II acordó proteger a los mercaderes del Imperio proclamándoles dignos de buenas leyes.

Colonia: Los coloneses obtendrán en 1130 el derecho a pasar una temporada en Londres. En fecha desconocida adquirieron una casa junto al Támesis, la Gildhall donde fijaron su centro de negocios y que fue la cuna de la futura feria hanseática.

  • Vinos del Rhin, productos de metal y armas; importan lana, metales y productos alimenticios.
  • Tejidos de Flandes.
  • Vinos a Dinamarca
  • Bremen: Actividades con Escandinavia

    Los gotlandeses: Dominaban el comercio en el mar Báltico sin que tuviesen ningún punto urbano importante. La actividad comercial se repartía entre establecimientos protegidos por elevaciones de tierra, uno de ellos, será la futura Visby. Su comercio se había extendido en todas direcciones, pero, especialmente, había seguido el camino de los Varegos hacia Rusia y se había concentrado en Novgorod.

    Llevaron a Novgorod tejidos flamencos, y trajeron pieles sintéticas, ceras y artículos preciosos de Oriente por la vía de Bizancio – Kiev.
    Así, poco antes de la mitad del siglo XII, el comercio de la Europa del norte se repartía aún entre comerciantes de naciones muy diversas. Habría que haber sido muy perspicaz para darse cuenta que, en un siglo, los mercaderes alemanes habían cambiado las condiciones de ese comercio en su provecho.

    Los barcos del Báltico

    A criterio de Jacques Heers, por las rutas occidentales navegaban, por una parte, los bajeles abocados al comercio regional, incluso al alto cabotaje, y, por otra, los que emprendían grandes viajes por cuenta de grandes mercaderes. Los primeros eran de dimensiones muy modestas. Por el contrario, la Hansa, que cargaba especialmente productos bastos de escaso valor (granos, madera, sal), armaba potentes navíos que pronto se hicieron famosos. Puede afirmarse que el desarrollo del comercio hanseático, especialmente a partir del siglo XIII, se debe relacionar con la superioridad técnica de sus navíos:

    1. Hasta el siglo XI, los mares del norte sólo habían conocido dos tipos de barcos: el drakkar vikingo, alargado, veloz, con remos y vela, apto esencialmente para la piratería; y la nave tradicional de carga rechoncha y lenta, de 30 toneladas e impulsada por velas.
    2. A finales del siglo XI aparece la kogge (coca mediterránea), de 30 metros de largo, 7 de ancho, 3 metros de calado y una estiba superior a las 160 toneladas. Una única vela la impulsa a elevadas velocidades para la época e incluso, podía avanzar con viento contrario. Puesta a punto y experimentada en el transporte de los caballeros teutónicos a las Cruzadas, fue el medio de transporte característico del mercado hanseático.
    3. En el siglo XIV aparece la holk, embarcación más gruesa y panzuda que poseía dos castillos situados a proa y a popa y que con el tiempo remplazó a la kogge.
    4. En el siglo XV los mercaderes de la Hansa empezaron a utilizar la krawel (carabela) de origen italiano y atlántico que permitía superar las 400 toneladas de carga.

    Además de estas embarcaciones que permitían salir a mar abierto, la hansa disponía de un gran número de naves de menor tamaño para la navegación de cabotaje y fluvial, como la snigge (50 toneladas), o la balinger, de fondo plano, utilizada para el transporte de sal y madera.

    La formación de la Hansa

    Desde mediados del siglo XII los comerciantes de las ciudades del Norte de Alemania, conscientes de las dificultades y peligros que limitaban sus intercambios, fueron desarrollando mecanismos de protección, y en ocasiones de presión, par lograr llevar a cabo una acción coordinada en los aspectos fundamentales. Esta acción, la llevarán a cabo sobre un espacio extraordinariamente amplio. La unidad de acción se impone sobre un mapa político complejo y afecta a ciudades dependientes de muy diversos señores: Unas sometidas al Imperio Germánico que actuaban coordinadas con otras de pequeños señores o de la Orden Teutónica.

    La Hansa se forma para la protección de sus mercaderes en el extranjero, y la protección de su comercio. Tenía una organización débil, desprovista de personalidad jurídica: no disponía ni de Hacienda, ni de ejército ni de marina permanentes. La única institución propia era la Dieta Hanseática, convocada irregularmente, de muy tarde en tarde y nunca con carácter general.
    Sin embargo, a pesar de estas debilidades estructurales y que las ciudades que la componían inevitablemente tenían que tener intereses encontrados, la Hansa pervivió alrededor de 500 años. El secreto de esta larga duración hay que buscarlo en el poderoso sentimiento de solidaridad generado por el deseo de participar en el comercio de la Europa del Norte.

    La mayoría de autores sigue a Philippe Dollinger en la inscripción de la historia de la Hansa entre dos fechas precisas:

    1. El comienzo está marcado por la fundación hacia 1158 de la ciudad de Lübeck, en este sentido, Jacques Le Goff lo identifica con la firma de un acuerdo preferencial entre mercaderes alemanes y gotlandeses en la isla de Gotland en 1161.
    2. La fecha de su fin puede ser fijada en el año 1630, fecha de la firma de la alianza restringida entre Lübeck, Hamburgo y Bremen que, de hecho, sustituía a la Hansa. Sin embargo, suele fijarse en 1669, fecha en que se reúne la última Dieta Hanseática y el fracaso de la última tentativa de restauración.

    El mapa de la Hansa

    Para Philippe Dollinger existen dos problemas para determinar el mapa de ciudades de la Hansa:

    1. El primero consiste en que no se conoce una relación completa de los miembros.
    2. El segundo en que se pueden utilizar criterios distintos para considerar o no una ciudad como miembro:

    • Las de pleno derecho, con participación en Dietas y obligaciones económicas serían unas setenta.
    • Las que gozaban de algunos privilegios comerciales llegarían a ser unas 200, muchas de ellas anejas a una más importante.

    La ciudad de Lübeck va a desarrollar el liderazgo sobre el conjunto de la comunidad hanseática, ciertamente, va a ser un liderazgo discutido. Colonia reclamaba también ese puesto honorífico, pero su posición excéntrica respecto al conjunto de ciudades la situaba en clara desventaja:

    – La región del Rin y las ciudades del Zuiderzee constituían el flanco occidental de la Hansa.
    – El centro geográfico se encontraba en las riberas de los ríos alemanes: Weser, Elba y Oder; y en las costas del Báltico.
    – Los límites orientales estaban marcados por Dorpart junto al lago Peipus.

    La enorme dispersión de ciudades que esta extensión territorial supone se compensaba con el enorme despliegue de sus mercaderes y un atisbo de organización. Se dividía el territorio en cuatro zonas: Westfalia, encabezada por la ciudad de Colonia; Sajonia, encabezada por Brunswick; Prusia, encabezada por Dantzig; y Wende, encabezada por Lübeck, que, como se ha dicho, tenía una cierta prioridad en el conjunto.

    Este sistema quedaba reflejado en las Factorías hanseáticas. Eran centros comerciales en Estados alejados y servían como escala de mercaderes, almacenes de productos y punto de dispersión a las tierras vecinas de los productos hanseáticos. Las factorías fundamentales fueron las de Novgorod, Bergen, Brujas y Londres. En ellas los mercaderes se “autogobernaban” en tercios según la procedencia, y tales tercios estaban formados por agrupaciones dobles: ciudades vendas y sajonas; ciudades de Westfalia y de Prusia; y finalmente, ciudades de Gotland y Livonia.

    Ciertamente el mapa comercial de la Hansa fue mucho más amplio que el de las ciudades que la compusieron ya que incluso llegaron a bordear la Península Ibérica, además, no se limitaron a recorrer las rutas marítimas; también frecuentaron las vías terrestres, pues cruzaban Europa de Norte a Sur por los corredores del Ródano, o buscaban los pasos alpinos para alcanzar Milán y Génova. Por el Este llegaban hasta Cracovia y remontaban los ríos rusos hacia los centros comerciales del interior. Por el Norte mantenían relaciones con ciudades noruegas y suecas, con puertos ingleses al Norte de Londres y con puertos escoceses, y llegaban a importar lana y otros productos de Islandia

    En todo caso, se trataba de una organización promovida por las ciudades ribereñas de Alemania con puertos activos y situadas en una ruta comercial muy frecuentada. Este será el núcleo permanente de la Hansa.

    La actividad comercial y la protección del comercio hanseático

    Como afirma Andrea Barlucchi, el mercader hanseático, hasta el siglo XIII solía ser un viajero incansable, propietario de la nave y de la carga y, con frecuencia, su capitán. Con este capital se trasladaba de un puerto a otro y realizaba el intercambio de mercancías. De regreso a su ciudad, vendía las mercancías obtenidas y preparaba la siguiente expedición. Esta primitiva figura fue sustituida durante el siglo XIII por la del mercader sedentario que dirigía sus negocios desde su almacén urbano y valiéndose de intermediarios. Desde su sede, enviaba sus mercancías a sus filiales en el exterior y solamente se desplazaba para realizar los negocios más importantes.

    La actividad comercial presenta varias modalidades según la época que se considere o la zona de que se trate. Dadas las características del trabajo que exige recorrer grandes distancias y disponer de un elevado capital en forma de navíos, mercancías o metálico, es frecuente la asociación de mercaderes normalmente integradas por pocos miembros.

    Las variedades que admiten esas asociaciones son diversas, desde las que están formadas por socios situados en distintos enclaves comerciales hasta las formadas por un mercader que aporta el capital y varios socios que realizan las actividades mercantiles.

    En cualquier caso, la práctica del comercio ponía en evidente peligro a los mercaderes, por lo que estos desarrollaron leyes y hábitos tendentes a minimizar los riesgos, así surgió, por ejemplo, la práctica de llevar a cabo viajes en grupo al mando de un jefe de expedición.

    Una vez que se establecían en un lugar, procuraban firmar pactos con el líder político de la región, primero para garantizar su seguridad personal, y una vez conseguida ésta, para obtener privilegios que incluso, en ocasiones, llegaban a superar a los de los comerciantes locales y que legaban a establcer en ocasiones, como dice Le Goff, una verdadera superioridad étnica. Por ejemplo, en un tratado de comercio suscrito con el príncipe de Smolensk y los comerciantes alemanes, se lee: “Si un ruso que sea deudor de otro ruso compra a crédito a un tratante alemán, el alemán disfrutará de prioridad para percibir su crédito…”.

    Contaban, asimismo, con la protección de los dirigentes de las ciudades de origen, normalmente también comerciantes, que se daban cuenta de los beneficios que para su ciudad aportaban sus colegas desde el exterior. Esta protección acabó plasmándose, desde el siglo XIII, en acuerdos interurbanos para defender las grandes rutas comerciales. Esta colaboración irá dando lugar a la formación de diversas asociaciones de ciudades de la que la más importante será la que en 1256 formen las ciudades vendas con Lübeck a la cabeza.
    Por su parte, los comerciantes establecidos en el exterior, en las distintas factorías irán procurando definir y ampliar sus privilegios. Imbuidos de un sentimiento corporativo muy fuerte, van a establecer reglamentaciones muy precisas sobre su organización interna, sus relaciones con comerciantes de otras naciones y con el poder local. El tema no es fácil pues, a menudo ellos mismos discrepaban o debían someterse al criterio de ciudades distintas a las suyas pero que en la factoría eran predominantes. Por ejemplo, en la factoría de Londres, predominaban los comerciantes de Colonia, pero en otras factorías eran los de Lübeck o los de Hamburgo.

    La aparición de los primeros problemas. La Liga de las Ciudades

    La llegada del siglo XIV coincide con el fin del período de bonanza que ha acompañado a los procesos a lo largo de la plena Edad Media. Los problemas de todo tipo que aparecen nos dejan como ejemplos más dolorosos la reactivación de la guerra y la reaparición en una forma especialmente violenta de la peste.

    Los mercaderes de la Hansa entran en contacto inmediato con la guerra. Uno de los motivos de la guerra de los Cien Años fue la disputa entre franceses e ingleses por el control de Flandes, donde, como sabemos, los alemanes tenían elevados intereses. Sin embargo, la situación de dominio ejercida por la alianza entre flamencos e ingleses, va a hacer que se mantenga la situación general de la zona.

    Sin embargo, la guerra reaparece en otra zona y esta vez afecta de lleno a las ciudades hanseáticas. El deseo del monarca danés de librarse del control que la Hansa ejerce sobre el comercio en su área, y la intención de los señores alemanes de recuperar el control perdido sobre las ciudades, fructifican en una alianza muy perjudicial para los mercaderes de la Hansa que ven interrumpidas sus relaciones comerciales con Rusia y muy dificultado su comercio con Escandinavia donde ven seriamente limitados sus privilegios.

    La gravedad de la situación hizo que se reforzara la coordinación entre las ciudades y en 1367 se reunió la Confederación de Colonia formada por 77 ciudades que aprobaron la financiación de una flota para luchar contra los daneses. Tras una serie de victorias hanseáticas, los daneses se verán obligados a firmar la Paz de Stralsund.

    Se trata de un momento fundamental para la Hansa, ya que se ve plenamente consolidada: recupera parte de sus privilegios, recupera el monopolio del comercio en los estrechos, disfruta del prestigio militar y puede incluso intervenir en los asuntos internos de Dinamarca.

    Mientras tanto, en Occidente, el paso del Canal de la Mancha se había convertido, a finales del siglo XIV y comienzos del siglo XV, en un paso inseguro multiplicándose los asaltos y los actos de piratería. Sólo la llegada al trono inglés de Enrique V logrará la pacificación de la zona gracias a la colaboración de hanseáticos y flamencos.

    Las pérdidas demográficas que asolan a Europa afectan directamente a la Hansa, llega a señalarse que el 23% de los lugares existentes en 1300 habrían desaparecido a finales de la Edad Media. Hay muchas causas para explicar el despoblamiento, pero el fenómeno más llamativo fue, sin duda, la aparición de la Peste Negra que afectó prácticamente a toda Europa.

    Resulta muy difícil cuantificar los efectos de la peste. Por lo que se refiere a las ciudades de Alemania, parece que fue especialmente dura con las del Norte como se demuestra en el caso de Bremen, donde se cuantificaron 8.000 muertos sobre una población que oscilaría entre 12.000 y 15.000 hbs. Dollinger se atreve a cuantificar el número de víctimas de la peste en un 25% de los habitantes de las ciudades hanseáticas.

    La consecuencia natural es la paralización de las actividades comerciales, porque se transforman las condiciones económicas desde el origen: las explotaciones agrarias quedan abandonadas o reducen su actividad; se producen movimientos de población de las zonas montañosas hacia las tierras más fértiles, se alteran, por tanto, los circuitos de distribución. Todo esto en una epidemia que, como se sabe, tuvo diversos rebrotes en la segunda mitad del siglo XIV y comienzos del XV.

    Ante todos estos factores negativos, las ciudades comerciales se percataron de la necesidad de modificar las escasas estructuras anteriores. Tenían la ventaja de haber aprendido ya a establecer una política común abandonando algunos intereses particulares y así hacer frente a necesidades más urgentes.

    La Confederación de Colonia será seguida por una serie de reuniones a lo largo de las siguientes décadas, la mayor parte de ellas celebradas en Lübeck, pero también en ciudades como Hamburgo y Bremen. Va a ser la época de mayor actividad política y militar, síntoma de que es el momento de mayor esplendor, aunque muchos autores consideran que es el momento en que se ha alcanzado la máxima expansión oriental y se trata de buscar nuevas vías. Por otra parte, comienzan a generalizarse los conflictos:

    1. En el área flamenca son constantes las pruebas de fuerza con los dirigentes locales que tendían a reducir los privilegios de los alemanes. Entre 1382 y 1392, éstos decretaron un bloqueo comercial que causó grandes perjuicios a Brujas que se vio obligada a renovar los privilegios a los hanseáticos.
    2. En Oriente, los comerciantes alemanes que habían avanzado al par que los caballeros teutónicos a la vez que conquistaban los territorios de Polonia, Estonia y Lituania, hasta el punto que el gran maestre de los caballeros era miembro de la Hansa, vieron como a finales del siglo XIV la unión de polacos y lituanos derrotaba a los caballeros teutónicos y se limitaban sus dominios e influencia en la zona.
    3. Al Norte se produce la unión de Suecia y Noruega con Dinamarca dando lugar a la llamada Unión de Kalmar (1397) y que era una potencial bomba contra los intereses hanseáticos en Escandinavia, por lo que la Hansa incentivará cualquier conflicto de los muchos que se irán produciendo dentro de la Unión.

    Sin embargo, los fracasos en este período se ven compensados por algunos triunfos. Así sucedió en Inglaterra, donde la Hansa mantuvo una guerra de cuatro años a partir de 1470. Gracias al bloqueo de las mercancías y a la utilización política del enfrentamiento interno de los ingleses en la guerra de las Dos Rosas, pudieron los hanseáticos renovar sus privilegios y recuperar el control de sus factorías de Londres, Boston y Lynn.

    En esta última guerra, quedó de manifiesto uno de los peligros más importantes que acechaban a la Hansa: el comportamiento independiente de alguno de sus miembros. En efecto, en esta ocasión fue Colonia, pero es un peligro constante, ya sea por la existencia de intereses divergentes o por las presiones de grupos influyentes en las ciudades, como la de los príncipes alemanes que mantenían unos puntos de vista muy alejados de los mercaderes.

    Oraganización interna de la Hansa

    Siguiendo a José Luis Martín Martín, la organización formal de la Hansa se debió tanto a las presiones militares ya apuntadas, como a la necesidad de actuar conjuntamente en las grandes factorías donde convivían comerciantes procedentes de distintas ciudades alemanas que formaban parte de una única nación. La aprobación de sus estatutos requería el acuerdo de sus ciudades de origen que de ese modo tenían que mantener una política común.

    El primer problema era determinar quienes podían formar parte de la comunidad de mercaderes germánicos, y en este sentido, los criterios no fueron siempre uniformes. En principio bastaba con proceder de una ciudad del Norte de Alemania, o del Báltico, o incluso de Suecia. Más tarde es necesario contar con la aprobación de las autoridades de la factoría. A medida que pasa el tiempo, los requisitos se incrementan hasta que, a mediados del siglo XV se exige expresamente haber nacido en una ciudad asociada a la Hansa.

    A) Órganos de Dirección

    A semejanza del Imperio, el organismo superior de las decisiones comunes era la Dieta General, cuyas juntas no eran periódicas, sino que se producían cuando existían problemas graves. Incluso, en este caso, no siempre se reunía la Dieta sino que se actuaba según las directrices de Lübeck, convertida en líder de las ciudades asociadas.

    Las Dietas Generales tenían fundamentalmente finalidades recaudatorias para hacer frente a los gastos y de coordinación y estrategia de la política comercial:

    1. Fiscal: Tasa sobre las mercancías y los navíos que participaban en el comercio. De esta forma, eran los propios favorecidos los que contribuían a cubrir los gastos ocasionados por su actividad.
    2. Militar: Era función de la Dieta la declaración de guerra. Se acordaba el número de barcos de guerra y de combatientes que debían participar en cada empresa y su reparto por ciudades en función de la potencia económica de las mismas.

    Cuando se discutía un tema que excedía de la competencia de los delegados, lo cual era muy frecuente pues sus poderes eran muy limitados, los acuerdos se aplazaban hasta recibir la aprobación de la ciudad de origen. Esto retrasaba enormemente la toma de decisiones, encarecía el procedimiento y creaba numerosos problemas internos, pero también contribuyó a perfeccionar los mecanismos de participación y a reforzar la solidaridad en las decisiones.

    El grave problema de las comunicaciones se resolvió mediante la convocatoria de Dietas Regionales, en ellas era mucho más fácil conseguir acuerdos pues los problemas eran mucho más homogéneos. Además, se utilizaban previamente a la Dieta General para conseguir acuerdos concretos que facilitaban las reuniones.

    La escasa burocratización de la Hansa dio lugar a que apenas hubiera funcionarios hanseáticos. Los acuerdos de paz suelen estar firmados por los ancianos y jurados de las factorías donde surgen los problemas, aunque, a menudo, se firman acuerdos privados entre patronos de las embarcaciones. Estos tienen como autoridades más próximas a ellos a los burgomaestres y consejeros de las ciudades de origen.

    Con el transcurso del tiempo, los acuerdos y decisiones se multiplicaron, y viejas decisiones tomaron la categoría de leyes por la costumbre. Fue necesario crear un corpus jurídico. Para ello se creó el cargo de Síndico de la Hansa que se encargaba de asesorar a los consejeros y representantes de las ciudades en los aspectos más técnicos.

    B) Medidas de Presión

    De cara al exterior, la fortaleza de la Hansa se manifiesta en sus intervenciones cuando peligran los privilegios habituales de los mercaderes. La respuesta suele ser en principio diplomática, si ésta se revela ineficaz, se procede al bloqueo comercial, y en último caso, a la fuerza militar:

    1. Vía diplomática: La relación de los mercaderes con los príncipes y señores locales fue buena en los primeros momentos ya que estimulaban el asentamiento de pobladores, el bien más apreciado por estos, sobre todo, en zonas de nueva colonización. Por eso, la vía diplomática para las reivindicaciones de los mercaderes hanseáticos relativas al pago de peajes, limitación de movimientos, imposición de nuevas tasas, etc., solía ser efectiva.

    2. Bloqueo comercial: Cuando la vía diplomática fallaba, los hanseáticos no dudaban en tomar medidas de fuerza. Se interrumpía el comercio con alguna ciudad o región, intentando el asentimiento de todas las ciudades interesadas en el mismo, una vez tomado el acuerdo, se llegaba a amenazar con pena de muerte a todos los mercaderes que ignoraran la orden. La aplicación del bloqueo tuvo, en ocasiones, consecuencias terribles para quienes lo padecían: La interrupción de suministros a Noruega que se abastecía por la Hansa de cereales y otros productos de consumo habitual, provocó importantes hambres , y obligó en 1294 a la firma de acuerdos que ampliaban los privilegios anteriores. Idéntico resultado tuvo el traslado de la factoría de Brujas.

    3. Intervenciones militares: Tras la organización de las ciudades alemanas del siglo XIV, se une a las medidas de presión la intervención militar. Precisamente una de las funciones de la Dieta General es la declaración de guerra y la organización de las fuerzas militares.

    La más característica fue la guerra contra Dinamarca. La armada se organizó tomando como base la flota de las ciudades vendas y de Livonia que proporcionaron 10 cocas con 100 hombres de armas cada una. Las ciudades prusianas aportaron 5 cocas también con 100 hombres, mientras que, por su parte, las ciudades del Zuiderzee, de Holanda y de Zelanda se encargaban de reclutar todas las cocas y combatientes disponibles. Ambas escuadras se dirigieron al Sund con severas instrucciones y la amenaza de ser excluidos de la asociación durante 10 años, con la prohibición de toda actividad comercial, si llegaban rendise.

    En tales condiciones, la expedición recorrió las costas danesas donde asoló el puerto de Copenhage, y se dirigió a Noruega con idénticas pretensiones.

    Era claro que la fortaleza militar de la Hansa residía en el ámbito naval, de manera que para las empresas terrestres necesitaba buscar aliados. En esta guerra contra Dinamarca la encontrarán en el conde de Holstein, en otros momentos será el rey de Suecia o la Orden Teutónica.

    Ciertamente, la sociedad hanseática no utilizó la guerra de modo habitual ni como medida de presión ni como medio de obtención de botines, e incluso, en los momentos de mayor fortaleza intentó evitarla.

    No obstante lo dicho, debe quedar claro que la tendencia expansiva de la Hansa era exclusivamente de carácter comercial, y al menos hasta el siglo XV, era perfectamente compatible con los intereses locales, ya que a excepción de las ciudades de Flandes, sólo las hanseáticas mantenían una política comercial definida. Los príncipes y señores que acogían a los mercaderes se sentían beneficiados con la corriente comercial que éstos establecían en sus dominios.

    Crisis de la Hansa

    La fortaleza de los mercaderes oriundos de las ciudades del norte de Alemania se mantuvo hasta finales del siglo XIV, en que se puede advertir un cambio profundo de la situación. A partir de este momento se generaliza una respuesta, tímida en principio, pero cada vez más firme de los distintos Estados que cada vez van a tomar medidas más proteccionistas respecto a los mercaderes foráneos, medidas que se deben fundamentalmente a dos motivos:

    1. La emergencia de un grupo de burgueses locales interesados en el comercio.
    2. La conciencia de la importancia fiscal que para las monarquías nacionales tenía el cobro de impuestos sobre la movilidad de los productos.

    Donde más claras son las nuevas posiciones es en Noruega que, incluso en los momentos de mayor presión hanseática, había prohibido a los comerciantes alemanes navegar al norte de Bergen. Más adelante, aparecerán medidas restrictivas a su comercio. Medidas parecidas se van a tomar en Suecia donde se va a privar a los extranjeros del comercio minorista y a reducir su actividad al marco estricto de las ciudades. Hacia 1422 Dinamarca solicita la presencia de mercaderes holandeses e ingleses que van a romper el monopolio comercial de los alemanes.

    En líneas generales, los Estados fueron diseñando una política económica con preocupaciones tales como la de reducir las importaciones de productos de lujo y controlar la exportación de bienes de consumo escasos. Los hombres de la Hansa se ven desplazados por la mayor participación de comerciantes autóctonos y de otras nacionalidades.

    Aunque sea difícil determinar cual fue la causa que desencadenó la crisis de la Hansa, parece que el interés por la actividad comercial en los países donde los comerciantes alemanes habían obtenido el monopolio les creó enfrentamientos constantes con su población y con los poderes públicos locales. De modo que el declive hanseático va paralelo, sobre todo, al auge de la actividad comercial de los ingleses y de los holandeses, y también de los vecinos nórdicos.

    El sistema político y militar de la Hansa tampoco era el adecuado. Se había impuesto en un mundo de pequeños señores feudales con fuerza local, pero las estructuras políticas habían cambiado profundamente a lo largo de los siglos y se habían fortalecido las grandes monarquías. Los Estados han centralizado y modernizado su fiscalidad; sus Haciendas son cada vez más potentes y pueden mantener ejércitos eficaces por períodos mayores de tiempo. Esto contrasta con el poder más limitado inseguro de las ciudades.

    También se ha considerado la incidencia de las querellas religiosas en el período de difusión del protestantismo. Es un elemento más que viene a complicar la situación porque introduce otro factor de división en el marco de las cada vez más difícil alianzas.

    Lo cierto es que con todas estas incidencias, el poder de la Hansa va siendo cada vez menor y muchas ciudades se van descolgando de la organización. Sin embargo, ésta va a durar hasta 1669 cuando se celebra en Lübeck la última asamblea a la que ya sólo asisten nueve ciudades. El caso de la Hansa en su último período es un ejemplo de una institución fuera de contexto histórico. Ningún gran acontecimiento acabó con ella; simplemente la dinámica social fue desplazándola a la zona de los “entes inútiles” y allí se fue consumiendo.