Venus del espejo - VelázquezTradicionalmente, se sitúa la fecha de su ejecución en 1648 aunque existen fuentes que la sitúan en el periodo entre 1648 y 1651 durante su estancia en Italia. En 1651 ya aparece reseñada en un inventario del Marqués de Eliche, gran aficionado a la pintura y también, a las faldas. La “Venus del Espejo” nos muestra una mujer recostada, de espaldas al espectador que se mira a un espejo sostenido por Cupido en un entorno cálido marcado por el telón rojizo de fondo.

El cuerpo de Venus marca la composición separando horizontalmente en dos el conjunto, esta línea horizontal se conforme a las curvas del cuerpo representado y un movimiento rítmico que se repiten en las telas en que se sustenta, aludiendo al clasicismo del autor. Nuestra mirada se centra gracias al dominio de la luz y al contraste que utiliza el pintor con las telas en las que se recuesta. A un tono claro en la parte inferior, le sigue una tela oscura e, inmediatamente, la claridez y luminosidad del cuerpo de Venus, cuyo mayor foco reside en el punto central del cuadro. A todo ello, Velázquez coloca un fondo de dos tonos de color que contribuyen a no dejar escapara la mirada del espectador y centrarle en lo importante del tema, enmarcado verticalmente por la presencia de Cupido sosteniendo el espejo.

En una gama cromática muy rica partiendo de tres tonos: rojo, blanco y negro, toda la obra muestra la pincelada suelta del pintor sevillano (a destacar en detalles como las alas de Cupido o el lazo que cuelga del espejo) volviéndose algo más delgada en la silueta de Venus debido a la necesidad de contraste con la tela blanca del fondo.

Respecto a su significado
, muchas son las hipótesis que surgen de este lienzo. Nos muestra una escena poco común, Venus en el tocador rodeado de un ambiente de intimidad solo rota por la presencia de Cupido que contempla la escena directamente. El otro voyeur es el espectador, que se cuela y observa una diosa ajena y absorta a lo que está sucediendo. El pintor sevillano utiliza el tema mitológico como excusa para representar el cuerpo femenino desnudo, al que envuelve de una carnalidad no muy común en la pintura de la época. Otra interpretación entronca con lo simbólico del barroco: la Vanidad (Venus que se recrea delante del espejo), la Verdad (lo que muestra el espejo) y el Amor (en la figura de Cúpido).

En 1914, una sufragista le atestó siete puñaladas por considerarla escandalosa. Desde entonces, unas medidas de seguridad extremas la acompañan allá donde vaya.

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