En 1513, el rey de Guzarat, reino de India, regaló un rinoceronte de Asia al rey de Portugal, Emmanuel el Magnífico. Deseoso de regalar a su vez el animal, el rey de Portugal decidió donar el rinoceronte al papa León X. La bestia sale entonces de Lisboa para ir a Roma y hace escala en Marsella en la isla de If en 1516. Este animal, entonces totalmente desconocido en Europa, suscitó la curiosidad de los habitantes de la ciudad y la de Francisco I que fue a admirarlo tras su regreso de Marignan.

Alberto Dürero realizó en 1515 el famoso grabado en madera del rinoceronte según un boceto de Valentin Ferdinand que representa al animal. El rinoceronte se quedó algunas semanas en la isla de If para partir después hacia Roma. Pero fue regalado al papa disecado, tras haber sufrido una violenta tempestad que precipitó al barco a los arrecifes en el golfo de Génova, recuperando su cadáver a lo largo de las costas. El grabado se puede admirar en el Museo del Petit Palais de París.