Detalle portada La primera ley 2

Portada La primera ley 2Si con La voz de las espadas Joe Abercrombie realizó un inmenso despliegue de presentación de mundo, intrahistoria y por encima de todo, personajes, es ahora con Antes de que los cuelguen, segunda parte de la Trilogía de la Primera Ley, cuando la verdadera interacción entre todas estas fichas de la partida se produce sobre el descomunal tablero, desde los escenarios ya conocidos hasta el confín del mundo.

Son tres los hilos que sigue la narración, ya apuntados al final de la anterior entrega:

En el norte, en la guerra contra el artero Bethod, encontramos a un West muy humano, casi sobrepasado por las circunstancias y aun con todo más cabal que todos cuantos le rodean. Destaca aquí su interacción con algunos personajes tan pragmáticos como carismáticos que no mencionaré por no desvelar demasiado.

En el sur, sobre la ciudad de Dagoska se cierne la amenaza gurka, por no hablar de la enmarañada traición interna que el favorito de la afición tiene que desentrañar, el tullido Glokta y sus magníficos pensamientos en cursiva, si cabe aún mejor aprovechados que con anterioridad. Por supuesto, ninguna de las apariciones del inquisidor tiene desperdicio.

En tercer lugar, pero más importante probablemente, tenemos “la búsqueda” comandado por el cada vez más misterioso Primero de los Magos, Bayaz, con su aprendiz Quai, con Jezal realizando todo un viaje del héroe. Ferro con más importancia y un Logen Nuevededos inconmensurable, el mejor personaje de esta parte con claridad, con diálogos por momentos brillantes. Aquí es donde se produce la mencionada interesante interacción entre personajes, que es sin duda donde más destaca la novela. No en vano tardó Abercrombie cientos de páginas en presentárnoslos en la anterior parte, para que ahora puedan chocar y mezclarse entre ellos, con sus marcadísimas identidades. También es importante mencionar que se sigue dibujando la interesante historia acaecida siglos atrás: los entresijos de Kanedias, Juvens, Euz y Glustrod. Leyendas de otra era que se entretejen con el argumento actual, disparando el interés… y las sospechas.

Es, sin embargo, en esta parte, donde también encontramos lo peor de la novela: la tremenda facilidad del lector curtido en fantasía para prever la historia y adivinarlo casi todo. Y es que —simplificando—, si en La Voz de las Espadas nos presentó unos personajes “Martin”, ahora los embarca en una búsqueda “Tolkien”, con una descarada Moria incluida. También he de reconocer que el final de este hilo me ha encantado, probablemente por los mismos motivos por los que otros lectores lo detesten y que no puedo explicar sin contar demasiado.

Aun con todo, un servidor perdona estos pecadillos contra la originalidad por un sencillo motivo: Abercrombie ha crecido muchísimo como escritor de la anterior entrega a ésta. No tiene casi ninguno de los errores de novel que detecté. Narra más fluido. Describe mejor. Los diálogos son más sólidos. Y no olvidemos que los personajes, aunque ya no supongan una sorpresa, siguen siendo igual de fascinantes y bien construidos.

Es por lo tanto un estupendo conjunto, con detalles mejorables, sí, pero que no empañan el resultado final ni me quitan para nada las ganas de seguir leyendo y acabar con la saga. Y lo más positivo de todo: Abercrombie sigue mejorando como escritor; aún no ha alcanzado su techo.

Por último os dejo con unas pocas citas extraídas del libro, incluyendo la que le da título, que Abercrombie coge prestada de Heinrich Heine, poeta y ensayista alemán, último de los románticos.

“Debemos perdonar a nuestros enemigos, pero nunca antes de que los cuelguen”. Heinrich Heine.

“Cuando cae un diablo, inmediatamente envían a otro”.

“La única cosa que una ciudad llena de gente es una ciudad donde no hay absolutamente nadie”.

“La suerte no existía. No era más que la palabra que empleaban los idiotas para justificar las consecuencias de su propia imprudencia, de su egoismo, de su estupidez. La mayor parte de las veces la mala suerte no era más que el resultado de los planes mal trazados”.

“Es curioso, mientras duran las penalidades, podemos soportarlas. Pero en cuanto pasa la crisis, las fuerzas nos abandonan”.

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