El Nombre del Viento, de Patrick Rothfuss

Portada El nombre del viento

Portada El nombre del vientoHace años que no tenía la experiencia lectora que me ha invadido con esta novela. Hasta ahora estaba siendo un lector bastante disciplinado, leía una cantidad de páginas o un periodo de tiempo predeterminado y pasaba a mi siguiente actividad de la vida cotidiana, en el 90% de las ocasiones dormir. Sin embargo, con El Nombre del Viento se hace un continuo el efecto “voy a seguir 10 minutos más / hasta acabar lo que está pasando ahora”, y esto se transforma en “45 minutos más / lo que está pasando ahora, lo siguiente y sus consecuencias”. Así es difícil no ponerse con el libro varias horas seguidas o leerse más de 100 páginas de un tirón. Y esto es lo que lo me ocurría desde hace años. Creo recordar que desde que leí 3º, 4º y 5º seguidos de Geralt de Rivia (no seguí leyendo porque en aquel momento no había más). Ambas obras son tremendamente adictivas.

Como os podréis imaginar por mis anteriores palabras, tiene un estilo narrativo de escritura muy medida, que facilita tanto la lectura como la introducción de cliffhangers (clímax al final de un capítulo) al más puro modo folletinesco. La alternancia entre capítulos más largos con otros de tan solo un par de páginas, le hacen manejar el ritmo como quiere. Es una delicia en este sentido encontrarse con unas páginas tan trabajadas, y es que a pesar de ser una ópera prima ha tardado más de 7 años en escribirse.

En cuanto a la historia, es brillante. Está escrita a tres niveles: el primero es el “presente”, en el cual aterrizamos y sobre el que vamos descubriendo los demás. El segundo y fundamental es el de la historia del protagonista, Kvothe, que empieza a contarse sobre las 100 páginas, lo cual demuestra que esta historia va a tomarse su tiempo en desarrollarse (será una trilogía). La tercera es en realidad la del trasfondo: la intrahistoria, las costumbres, los mitos, muy bien insertados dentro de las dos anteriores en general en forma de cuentos. Esta cosmogonía va a cuentagotas y siempre deja al lector con ganas de más, y poco a poco se irá entrelazando con la historia de Kvothe (la 2ª) para hacernos entender el primer nivel, el punto de partida, en un continuo viaje de ida y vuelta. Los mitos contados recuerdan a Tolkien en los mejores momentos del Silmarillion, como el propio autor reconoce tácitamente, pero también a la mejor Ursula K. Le Guin o a Angelica Gorodischer.

El grueso de la historia recuerda vagamente (en lo adictivo, en los cliffhangers que te obligan a seguir leyendo) a George R. R. Martin, y aunque no tengo la menor duda de que Patrick Rothfuss habrá leído a Martin, y se habrá deleitado con él, esta obra es mucho menos ambiciosa que Canción de Hielo y Fuego, y no creo que esté tan influenciada como he oído comentar. Si que encuentro grandes parecidos con la saga de Geralt de Rivia de Andrzej Sapkowski, en la narración culta y asequible, pero sobre todo en los paralelismos entre los protagonistas, Kvothe y Geralt, carismáticos antihéroes, personajes de gran profundidad a la altura de los mejores de la literatura fantástica, o incluso de la literatura.

Que no os asuste el hecho de que sea un best-seller.
Leedlo.
Disfrutadlo.

“Existe una camaradería que une a los hombres que han peleado contra los mismos enemigos o que han conocido a las mismas mujeres”.

“Existe una gran diferencia entre no tener miedo y ser valiente”

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