The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson

Portada The Boys 1Si el poder corrompe, entonces los superpoderes son ultra-corrompedores. Y lo que tenemos en las páginas de “The Boys” es una sociedad híper-corrupta, en la que los superhéroes no tienen límites, al haber descubierto que nunca deberán asumir las consecuencias de sus actos. ¿Y por qué habrían de asumirlas si sus habilidades sobrehumanas les otorgan una inmunidad diplomática de facto? O, dicho de otro modo, ¿quién se atrevería a castigar a un superhombre capaz de hazañas que ningún humano ordinario podría siquiera soñar?

En “El nombre del juego” (publicado en The Boys # 1 y 2, en octubre de 2006), el escritor irlandés Garth Ennis se sumerge en la depravación de un mundo en el que los poderosos reinan con supremacía mientras que millones de seres humanos deben simplemente conformarse con el statu quo. Ciertamente, el enfoque del género superheroico de Ennis es un genuino homenaje a las ideas establecidas hace casi 30 años por Alan Moore. Mientras Moore sólo sugirió o reveló brevemente las debilidades inherentes de la psique superhumana, Ennis las explota agresivamente. Pero, en última instancia, ambos autores tuvieron la valentía de explorar las verdaderas consecuencias de las decisiones de los superhombres, y al hacerlo le dieron al cómic una madurez sin precedentes.

Todo empieza en una tarde soleada, en Escocia. Hughie y su enamorada danzan al ritmo del amor. Por primera vez en sus jóvenes vidas, han descubierto qué se siente amar y ser amados. Después de una declaración íntima y un apasionado beso que Hughie recordará toda su vida, algo inesperado pasa. A-Train, un superhéroe estadounidense bastante conocido, rompe la barrera del sonido en persecución de un villano; el resultado de esta persecución será bastante trágico. En una fracción de segundo, la enamorada de Hughie muere a causa de la maniobra a súper-velocidad de A-Train.

Portada The Boys 2En una impactante secuencia, maravillosamente ilustrada por Darick Robertson, vemos a Hughie sujetando las manos de la chica, y en la siguiente viñeta ella ha sido destrozada, sus brazos han sido arrancados y su cuerpo fracturado está incrustado en una pared. Por supuesto, a A-Train no le importa un carajo la muerte de un inocente. Él no siente más que arrogancia y desdén por las vidas de la gente común y corriente, A-Train simplemente se rasca los testículos y abandona el lugar.

Este es el momento que cambiará la vida de Hughie para siempre. Después de una muerte tan traumática, otros jurarían venganza. Pero no el pequeño Hughie. Él simplemente se queda en su departamento, emborrachándose y fumando marihuana, e incluso firma un documento prometiendo que nunca presentará cargos ni demandará a A-Train.

Es en este momento de desesperación, después de tocar fondo, que Butcher –un misterioso agente secreto británico– encuentra a Hughie. Y le explica en qué consiste el juego. En qué ha consistido desde siempre. Para Butcher, los cientos de superhéroes que existen en el mundo son como una bomba de tiempo, listos para estallar en cualquier segundo. Ellos se han vuelto invulnerables a la humanidad, y tarde o temprano, se convertirán en las más grandes amenazas a nivel mundial. Ahora él está armando un equipo, un equipo que reunirá información sobre los ‘súper’ y los chantajeará cuando sea necesario, de esta forma los mantendrá bajo control.

En dos números, Garth Ennis construye un fascinante mundo, estremecedoramente similar al nuestro y no obstante diferente. En esta realidad el 11 de septiembre fue evitado y por ende las Torres Gemelas aún se alzan orgullosamente en el corazón de Manhattan. Aquí Butcher se burla de Hughie por sus absurdas teorías conspiratorias –Área 51, aliens, el tipo de cosas que podrían encontrar en un viejo episodio de «X-Files»– y le explica la verdad: las corporaciones gobiernan el mundo. Hombres codiciosos e insensibles se sientan en lujosas oficinas y deciden el destino de la humanidad, y lo que quieren es mantener el statu quo, hacer que aquellos que están en el poder permanezcan en esa posición. La horrible verdad no está escondida en un bunker subterráneo o en un laboratorio secreto, está allí frente a nuestras narices, porque como sugirió Edgar Allan Poe, a veces la mejor manera de ocultar algo es haciéndolo evidente.

El arte de Darick Robertson es tan hermoso que nos quita el alienta. Con imágenes altamente detalladas y líneas muy precisas y cuidadosas, convierte este mundo ya de por sí fascinante en algo que no podemos dejar de admirar. Complejas, ricas y llenas de emociones, las páginas de Robertson son un disfrute. Y, por supuesto, el coloreado de Tony Aviña es de primera. Así es como comienza el muy adictivo juego de “The Boys”. Y este, amigos míos, es el capítulo inicial de uno de los títulos más fascinantes de la década pasada.

[AMAZONPRODUCTS region=»es» asin=»8467911387″]