Portadas Swamp Thing 35, 36 y 37¿La vida de tus hijos tiene un precio? ¿Todo en este mundo puede ser comprado o vendido? Estas interrogantes son comunes en la sociedad actual, e imagino que Alan Moore debe haber meditado sobre ello antes de sentarse a escribir “Los periódicos de Cara-Nuclear”, publicados en “Saga of the Swamp Thing” # 35 y 36 en abril y mayo de 1985.

Todo empieza en una pacífica tarde. Abby duerme al lado de Swamp Thing, los árboles están reverdeciendo, las flores brotan y los únicos raros intrusos son los papeles periódicos que han sido arrojados por ahí: “Él observa las hojas impresas que aletean como gigantescas polillas, agobiadas por su propio peso, chocando torpemente contra los negros árboles. Sus páginas están llenas de tragedias obsoletas y rostros descartados; toda la histeria cuidadosamente registrada de un mundo al que él ya no pertenece”.

Y luego, a un par de millas, un viejo apodado Cara-Nuclear se cruza con un joven fugitivo. Cara-Nuclear es un vagabundo borracho, y de inmediato empieza a tomar un extraño líquido brillante mientras habla sobre Pennsylvania y la forma en que una empresa desechaba sus residuos nucleares. La contaminación es parte de nuestra vida, pero a veces olvidamos qué tan serias pueden ser las conse-cuencias, en especial cuando la responsabilidad corporativa es una virtud escaza. Hay películas -como “Erin Brokovich” de Steven Soderbergh- que muestran la tremenda crueldad de ciertas compañías que envenenan a personas, a conciencia, con radioactividad o sustancias químicas. Estas compañías no asumen responsabilidad alguna por sus actos, hasta que la gente empieza a demandarlas por millones de dólares, en algunos casos -en la historia de “Erin Brokovich”– la gente gana, en otros, no. Estas situaciones son de la vida real, pero lo que Alan Moore hace aquí es disfrazar el horror de la codicia corporativa en una historia alegórica de muerte y putrefacción.

Cuando Cara-Nuclear le da al joven vagabundo un sorbo de su bebida, entendemos qué es lo que ha estado tomando desde el inicio: residuos nucleares. Rápidamente, el joven empieza a descomponerse hasta que muere. Y Cara-Nuclear sigue en su búsqueda de desechos radioactivos. Él sabe que la compañía ya no los deja en Pennsylvania a causa de las demandas, y ahora los entierran en los pantanos de Louisiana. Cuando Swamp Thing encuentra a Cara-Nuclear, es contaminado por su cuerpo radioactivo. Si Swamp Thing es una criatura de la naturaleza, nada es más letal para él que la contaminación. Y lentamente, empieza a podrirse.

La conclusión de la historia es contada desde la perspectiva de ocho personajes diferentes. Todos comparten lo que saben, como lectores podemos armar las piezas del rompe-cabezas después de ver todo lo que experimentan estos hombres y mujeres. Este es un extraor-dinario recurso narrativo que sólo un puñado de escritores sabría cómo usar de modo adecuado. Alan Moore nos muestra por qué él es uno de los mejores y más influyentes autores de las últimas décadas al conectar todos los puntos y añadir así un nivel de complejidad sin precedentes. Hay momentos de verdadero terror en estas páginas, y al final Cara-Nuclear sigue libre. Nada puede detenerlo, ni la gente que murió en su presencia, ni la fauna que se pudrió. Pero tal vez lo más terrible es que Cara-Nuclear no es el monstruo real. Él es el producto de aquellos que buscan sólo ganancias, sin preocuparse por la vida. El monstruo real es la compañía, pero esta vez no hay demandas ni finales felices… sólo una última página que reúne docenas de recortes de periódico (seleccionador por Moore) que son testimonios de personas que desarrollaron algún tipo de cáncer como resultado de la exposición química o radioactiva; ellos fueron víctimas, después de todo, de la indiferencia y la frialdad de las compañías que botaron su basura sin preocuparse de las consecuencias.

Después de una historia tan intensa, uno pensaría que Alan Moore se tomaría las cosas con calma. Pero eso no es así. Por el contrario, “Patrones de crecimiento” es el preludio de la saga más épica de Swamp Thing: American Gothic. Y este ejemplar también marca la primera aparición histórica de John Constantine, un sujeto británico, un fumador crónico, un investigador de las artes místicas y un frío bastardo capaz de engañar a cualquier hechicero o demonio sobre la Tierra. Pocos años después, John Constantine sería el protagonista de Hellblazer, un título de Vertigo que duró por más de 25 años. Estos son sus -nada humildes- orígenes.

Stephen Bissette y John Totleben nos sorprenden de nuevo con imágenes alucinantes. Veamos el horror de la miseria humana y la descomposición corporal de Cara-Nuclear, que se hace evidente en el pútrido rostro de este alcohólico / adicto a los residuos nucleares. Vi este dibujo por primera vez hace más de 14 años y quedé maravillado por los detalles y el diseño en general. Este es un cómic que nunca podría olvidar. Ver a Swamp Thing derritiéndose en un charco de fluidos radioactivos es también un poderoso momento. El lenguaje corporal y los atributos físicos de los ochos personajes que narran esta historia son retratados con sumo cuidado por el equipo creativo, Billy Hatcher es un buen ejemplo de ello. Finalmente, “Patrones de crecimiento” cuenta con los lápices de Rick Veitch y gracias a él vemos a un joven John Constantine y a su amante Emma quien dibuja un invunche, un demonio homicida que eventualmente se abrirá paso en nuestro mundo, tal como vemos en la página siguiente. La idea de un humanoide con una mano cosida dentro de su propio cuerpo y su cabeza volteada de una manera que desafía la muerte causan una fuerte impresión. Desde luego, Bissette y Totleben también están a cargo de las portadas, y sus asombrosos conceptos visuales y detallado trabajo son un privilegio y un disfrute para quien los contempla

Swamp Thing # 38 & 39

Portadas Swamp Thing 38 y 39Hay un pueblo de los vivos y hay un pueblo de los muertos. En la superficie, los adultos van a trabajar a diario mientras sus hijos van al colegio. Bajo la superficie, en las oscuras y profundas aguas de Rosewood, los no-muertos están listos para enviar su progenie a nuestro mundo.

Las primeras páginas de “Aguas quietas” son bastante relevantes. Vemos a un grupo de joviales adolescentes que corren hacia el inmóvil lago Rosewood: “Los chicos están corriendo hacia al agua, riendo y golpeándose unos a otros, con la carne de gallina bajo el frío oro de la pálida luz solar”. Estos chiquillos están explorando sus propios cuerpos, tocándose en broma, listos para saltar desnudos en las heladas aguas de un lago al que nadie más se atreve a visitar. Pero ni el calor de sus cuerpos ni su exuberancia juvenil puede salvarlos. Pronto, entienden por qué todos le tienen miedo a este lugar, y es que uno de ellos se convierte en la víctima de un clan de vampiros que viven bajo el agua.

De hecho, si los vampiros son criaturas no-muertas, no necesitan oxígeno. Por lo tanto, vivir bajo el agua tiene sentido: mientras más profundo nadas, más oscuro es el entorno. En algún momento, la luz del sol desaparece así que estos vampiros viven en un “crepúsculo sin peso”. En el lago Rosewood siempre es de noche. El clan de vampiros alimenta a su reina con sangre fresca, ella está a punto de parir a una nueva generación de criaturas chupadoras de sangre, pero esta vez el horror no tendrá forma humana.

John Constantine advierte a Swamp Thing sobre estos nuevos engendros y lo envía a Rosewood. Hace dos años Swamp Thing había estado en este pueblo infestado de vampiros, y luego de una inundación todos asumieron que los vampiros habían sido destruidos (esta historia ocurrió en Swamp Thing # 3 y fue escrita por Martin Pasko). Bajo la guía de Constantine, Swamp Thing descubre que puede materializar un nuevo cuerpo en cualquier lugar del planeta. Así que simplemente deja que su cuerpo se desintegre en Louisiana para reintegrarlo en los bosques de Illinois.

En “Historia de pescados” vemos a los padres buscando a sus hijos, y somos testigos de la llegada de una generación de monstruos vampíricos. Dentro del lago, Swamp Thing pelea contra una horda de vampiros; en vez de hemoglobina, él tiene clorofila en sus venas así que no le pueden hacer daño pero ellos son tantos que él no puede matarlos uno por uno. Parecería un empate, hasta que Swamp Thing entiende que está pensando como un humano y luchando como un humano, algo que él no es. Así que en vez de usar sus puños se concentra y materializa su cuerpo alrededor del lago de Rosewood, y se levanta, tan grande y alto como una montaña, y toda el agua del lago se precipita hacia abajo, hacia el valle, y de este modo la luz solar y los violentos movimientos de la corriente son suficientes para exterminar a todos los vampiros de Rosewood.

El artista de “Aguas quietas” es Stan Woch, y el entintador, como siempre, es John Totleben. Stan Woch hace un trabajo absoluta-mente maravilloso. La secuencia con los muchachos saltando al lago es tan vívida, tan entusiasta, que uno casi puede oír el chapoteo del agua. El artista hace que este grupo de chiquillos cobre vida, y al mismo tiempo, crea a un muy amenazador grupo de vampiros acuáticos. Tal vez su diseño más innovador es el de la reina de los vampiros, una obesa y pálida mujer que se ve extrañamente femenina y aún así, muy inhumana al mismo tiempo. En “Historia de pescados” Stephen Bissette regresa, y crea páginas de incomparable belleza.

En el prólogo de este tomo recopilatorio, Stephen Bissette explica cómo, en muchas ocasiones, Alan Moore aceptó las sugerencias de su equipo artístico: Bissette y Totleben habían propuesto historias cuando Martin Pasko era el escritor, pero ninguna había sido tomada en cuenta. Moore, sin embargo, introdujo todos estos elementos argumentales aparentemente inconexos y creó “American Gothic”, una saga que definió como “una especie de ‘Easy Rider’ en versión de Ramsey Campbell”. En esta época, Bissette decidió que dejaría el título después del número 50. Él tenía una hija y su esposa estaba embarazada de nuevo, y criar una familia demandaba muchas horas, tiempo que no tenía ya que estaba luchando para mantenerse al día con las fechas de entrega; él menciona su “eterna incapacidad de completar 23 páginas en igual cantidad de días”. Ya había sido reemplazado antes por otros artistas, pero eventualmente decidió que no podía seguir con ese ritmo. Algo del todo comprensible, especialmente ahora que es raro encontrar a un artista, ya sea en Marvel o DC, capaz de terminar un cómic de 22 páginas al mes, y es por eso que los equipos artísticos hoy en día están en constante fluctuación, quedándose por pocos números en algún título sólo para ser rápidamente reemplazados después. Personalmente, después de colaborar con al menos 4 artistas diferentes para mis historias en GrayHaven Comics, me he dado cuenta de que no es factible demandarle a un artista que complete todo lo que uno quiere en un mes, así que lo que he hecho es tomar mis precauciones y producir menos de 12 historias al año. Sin embargo, en los 80, la periodicidad mensual debía mantenerse a toda costa.

Swamp Thing # 40, 41 & 42

Portadas Swamp Thing 40, 41 y 42La licantropía está asociada a los ciclos lunares. La luna llena exacerba a la bestia interior. Pero ¿qué sucede cuando, en vez de un hombre lobo tradicional, tenemos a una mujer lobo? ¿El ciclo lunar la estimula de la misma manera? ¿O su transformación bestial es afectada por el ciclo de la menstruación?

Después de destruir a un clan de vampiros acuáticos, John Contantine le pide a Swamp Thing que se embarque en otra aventura. Esta vez, sin embargo, no hay criaturas malignas, sólo una mujer denigrada y humillada por su esposo machista. Alan Moore explica las prácticas de los indios norteamericanos nativos y cómo solían exiliar temporalmente a las mujeres cuando menstruaban. Hay un estigma asociado con la condición femenina y la sangre del ciclo reproductivo.

En la historia, un marido se burla de su esposa, diciéndole que los indios tenían la astucia suficiente para deshacerse de sus mujeres durante “ese periodo del mes”. Moore presenta a una pareja de clase media y a sus vecinos de clase media. Los hombres bromean sobre el síndrome pre-menstrual y la infinita paciencia requerida para lidiar con esto. Las mujeres simplemente ponen la mesa y lavan los platos. ¿Han cambiado las cosas después de 28 años? Realmente lo dudo. Los hombres todavía se sienten más cómodos el machismo y las mujeres son levemente discriminadas en nuestra sociedad falocéntrica. En la mayoría de países, incluyendo el mío, las mujeres ganan menos que los hombres a pesar de contar con el mismo nivel educativo. Los casos de violencia doméstica continúan aumentando, y todavía son las mujeres las que son golpeadas por sus esposos. Todos los comerciales de televisión sobre productos de limpieza siguen mostrando la misma imagen: una ama de casa dócil cuyo único propósito en la vida es lavar la ropa. Es asombroso, y se supone que estamos en el siglo XXI.

Cuando “La maldición” fue publicada en Swamp Thing # 40 (setiem-bre de 1985), mucho lectores se escandalizaron. Además, la Autoridad del Código de los Cómics prohibía estrictamente el sexo y todo tema sexual. La menstruación era un tabú. No obstante, Karen Berger decidió publicar la historia de todos modos, y hoy en día, casi tres décadas después, sigue siendo una denuncia justificada. Stephen Bissette y John Totleben dibujan algunas páginas realmente espectaculares, mi favorita es probablemente la confrontación entre Swamp Thing y la mujer-lobo, los cuerpos monstruosos e inmóbiles antes de la lucha y el acercamiento detallado en los últimos dos paneles.

Me gustaría decir que después de 30 años el racismo no existe. Pero, por supuesto, si dijera eso estaría mintiendo. “Cambio sureño” (Swamp Thing # 41) empieza con la inofensiva llegada de unos productores de televisión. Están filmando una nueva telenovela en las plantaciones de Louisiana. Los lugareños han sido contratados como extras e incluso Abby Arcane visita el set. Sin embargo, la presencia de los vivos perturba en gran medida a los muertos: “¿En qué piensan, en sus lechos bajo tierra? ¿En qué piensan los muertos?”. Seguramente recuerdan… cientos de esclavos negros, torturados, mutilados, asesinados, piensan en sus amos blancos. Cuando Abby habla sobre la ironía de tener a los descendientes de esclavos negros actuando como esclavos negros en un show de televisón sólo para recibir un mísero cheque, ella le pregunta a Swamp Thing si eso es triste o chistoso. “Es humano” es su respuesta. El artista es de nuevo Stephen Bissette, pero como John Totleben estaba ocupado produciendo una hermosa portada pintada, el entintador invitado es Alfredo Alcalá. Alfredo provee una muy necesaria fuerza y rudeza a los lápices del artita, expresando así toda la ira y el odio entre negros y blancos.

“Fruto extraño” tiene una de las mejores páginas iniciales que he leído en mi vida. El esqueleto de un esclavo negro, enterrado hace siglos, no puede descansar. Quiere bostezar pero teme perder su quijada en el proceso, no puede levantar su mano para “frotar las telarañas” de las cuencas vacías de sus ojos. Siene la formación de hongos por cincuenta años, cuenta los insectos que caminan sobre sus huesos, los nombra, uno por uno, inventando “dinastías” de bichos, hace todo lo que puede, pero finalmente se da cuenta de que es imposible dormir. Y empieza a moverse. Y junto a él, en los ataúdes del cementerio, todos los muertos se despiertan, ansiosos, clamando libertad: “El dolor no puede ser enterrado ni olvidado. El dolor no puede permanecer en el pasado ni oculto bajo tierra. Aquello que está enterrado no se ha ido. Aquello que está plantado crecerá”. El resultado de siglos de esclavitud ya no está enterrado, y los pocos hombres blancos que permanecen en las plantaciones pronto serán presas de un ejército de muertos vivientes. Swamp Thing se las arregla para quemar a muchos de los zombis, pero algunos escapan. En la página final, uno de ellos “encuentra la comodidad propia de un ataúd trabajando en la taquilla de un lúgubre cine”, al venir de otra era, se siente más que satisfecho con el salario mínimo y la ausencia de derechos o beneficios laborales, su empleador sabe que esto es explotación, pero está tan feliz de encontrar a un hombre trabajador que nunca se quejará de nada.

Los lápices de “Fruto extraño” son de Stephen Bissette, y las tintas esta vez son de Ron Randall. En el prefacio de este volumen, Stephen explica que la última página de este número lo hizo darse cuenta de algo: “todavía resuena con la realidad de lo que estaba viviendo en ese momento. A diferencia del zombi de la taquilla, yo no era feliz sintiéndome encasillado” y así, después de dos años de trabajo sin parar, Stephen finalmente decidió que era hora de descansar. Sólo se quedaría hasta el final de la saga American Gothic. Y de este modo empieza el fin de una era.

Reseñas anteriores

Swamp Thing. La cosa del pantano de Alan Moore (1)
Swamp Thing. La cosa del pantano de Alan Moore (2)

Detalle recopilatorio USA Swamp ThingLa cosa del pantano de Alan Moore Nº 02 (de 03)
Edición original: Saga of the Swamp Thing 35-50 USA
Guión: Alan Moore
Dibujo: Rick Veitch, Steve Bissette, Stan Woch
Tinta: Tom Mandrake, John Totleben, Ron Randall
Color: Tatjana Wood
Editorial Planeta (junio de 2011)
Formato: Libro cartoné, 432 págs. a color
Precio: 35 euros