Starlight, de Mark Millar y Goran Parlov

Fiel a esta tradición, Mark Millar nos presenta a Duke McQueen, un hombre cincuentón que repentinamente se da cuenta que la realidad se le hace insoportable: su esposa, la mujer que le dio significado a su vida por más de 3 décadas, ha muerto. Y ahora todo lo que queda son los recuerdos, los trofeos polvorientos y la certeza de que la juventud es, de hecho, efímera.
Todo empieza con el funeral. Duke recuerda a su esposa y lo mucho que la quería, y también recuerda sus viajes interestelares, sus audaces aventuras en Tantalus, un planeta a miles de años luz de nuestro sistema solar. Pero el asunto es que nadie más comparte esas memorias. Los maravillosos secretos y la complicidad íntima entre él y su esposa les pertenecía solamente a ellos, y a nadie más. Y el resto del mundo considera que sus aventuras espaciales son o simples delirios o fantasías inofensivas.

En este escenario de rutina y tedio, una llegada inesperada sorprende a Duke. Krish Moor, un chaval de no más de 12 años, aterriza una nave espacial en el patio de Duke y le pide ayuda. Después de décadas de paz y prosperidad, Tantalus está una vez más bajo asedio.
Las frases ingeniosas, el humorístico intercambio verbal entre Duke y Krish son absolutamente refrescantes, y también proporcionan más de una oportunidad para contrastar la energía optimista y el vigor juvenil del muchacho con la fatigada aunque todavía ilusionada expresión de Duke; revitalizado por la presencia del chiquillo, Duke decide revivir su impulsivo pasado e intenta ser, nuevamente, el salvador de Tantalus.
Cuando Millar hace referencia a las viejas y tradicionales tiras cómicas de Flash Gordon también encuentra la manera de reanalizar y reelaborar los mitemas allí contenidos. Porque si Flash Gordon es la quintaesencia del conquistador europeo –disfrazado de salvador– en una tierra extraña y salvaje (gobernada, de hecho, por el Emperador Ming, un hombre de rasgos orientales que coincide así con el ‘terror amarillo’ de los 30s y 40s), Duke McQueen es todo lo contrario. Duke es el hombre que ha aprendido la lección, que ha entendido que él no fue a Tantalus sólo para conceder la libertad, simplemente fue allí para tener la más grande aventura de su vida.

El capítulo final de Starlight es un canto optimista y luminoso sobre la esperanza de un mejor mañana. Incluso un viejo como Duke McQueen todavía puede inspirar a la gente. Y aunque podría quedarse en Tantalus y ser tratado como un rey, decide regresar a la Tierra, a sus hijos. Porque incluso si es que ellos son adultos y ya no lo necesitan, él de todos modos quiere estar ahí. Por si acaso. Porque, como padre, todavía se preocupa por ellos y los quiere.
El estilo de Goran Parlov es reminiscente al de maestros europeos como Moebius; sus diseños elegantes, su esteticismo y sus líneas sueltas pero expresivas son una prueba de su talento. Quizá no sea tan refinado como Moebius, pero se las arregla para crear algunas páginas realmente hermosas. Millar y Parlov, trabajando al unísono, hacen de Starlight una de las mejores miniseries del 2014.
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