Portada The Secret Service 2Gary tiene 17 años y ya ha cometido algunos crímenes con una pandilla de delincuentes menores de edad. Una baja extracción social y la falta de educación lo podrían condenar a una vida en prisión. Sin embargo, su tío Jack utiliza sus influencias para mantenerlo lejos de la cárcel.

Jack es un espía que trabaja para la corona británica, al igual que el famoso James Bond. Está en medio de un importante caso, pero también quiere que su sobrino se entrene como espía. Hasta ahora, este chiquillo no ha visto nada excepto el lado desagradable de la realidad. Si su personalidad es un resultado de su entorno, entonces el proceso general de desarrollo de la identidad dependerá de muchos factores. Está el superyó de Freud (en este caso, Gary se siente culpable de la vida miserable de su madre y su hermano), los múltiples objetos-parte internalizados de Klein (la ambivalencia de Gary), y el ego central, el ego libidinal y el ego anti-libidinal de Fairbairn (las necesidades y urgencias en constante oposición al interior de la cabeza del adolescente). Pero hay algo más sobre la formación de la identidad y la delincuencia.

El padrastro de Gary ha abusado de él varias veces. Y los niños que experimentan una abundancia de abandono, rechazo y/o críticas desarrollan los correspondientes objetos punitivos internalizados. Por ende, para Gary, el mundo es percibido a través de la violencia y la anarquía. Pero al mismo tiempo así es como se ve a sí mismo, como un chico inservible y despreciable. Hay también una relación evidente entre la formación de la identidad del adolescente y la afiliación a una pandilla: un sentido de sí mismo incipiente crea en Gary una necesidad insaciable de aceptación, reglas y límites. Por lo tanto, las pandillas, aunque destructivas, proveen el sustituto patológico de aquello que está ausente en la infancia. Pero ahora que el tío Jack es parte de su vida, él le proporcionará al muchacho un nuevo conjunto de reglas y límites.

El padrastro de Gary cree que el chaval no tiene esperanza. La desesperanza denota ineptitud, mientras que la indefensión implica que la esperanza aún no está perdida. Gary está, de hecho, indefenso, pero su aparente torpeza e impotencia vienen de sus propias inseguridades y temores. Es bastante interesante observar que en las páginas iniciales de este número, Millar describe un arma que de hecho distorsiona la personalidad y reemplaza el pensamiento lógico con violencia y hostilidad puras. ¿Lo mismo le sucederá a Gary o eventualmente luchará contra la mente criminal detrás de tan nefasto invento?

Dave Gibbons nuevamente demuestra por qué es uno de los artistas más buscados de la industria. Sus páginas son un ejemplo de secuencialidad narrativa, limpia y dramática, intensa y bien ejecutada. Sólo la portada es ya asombrosa. Las tintas de Andy Lanning funcionan muy bien sobre los lápices de Dave. Y Angus McKie hace un extraordinario trabajo con los colores. Matthew Vaughn (el director de “Kick-Ass” y “X-Men: First Class”) colabora con el argumento, y creo que él haría un gran trabajo si es que “Secret Service” termina convirtiéndose en una película.

The Secret Service # 3

Portada The Secret Service 3Gary está siendo entrenado para convertirse en el más grande espía desde James Bond. Y su tío Jack no podría estar más orgulloso de él. El adolescente ha superado las pruebas e incluso ha roto uno o dos records. Su carrera como sirviente de la Corona Británica parece garantizada excepto por un pequeño detalle: carece de la sofisticación y sutileza que todo espía necesita.

¿Sería lo mismo si James Bond empezara a tomar cervezas en lugar de sus -agitados, no revueltos- martinis? ¿No extrañaríamos las respuestas ingeniosas y las intuiciones brillantes del agente 007? Gary no tiene ninguno de estos atributos, es un muchacho vulgar e ignorante que, de acuerdo a sus profesores, “existe en un vacío cultural sin conocimiento real más allá de los juegos de video y los reality de televisión”.

De una sola inspirada pincelada, Mark Millar describe al protagonista de esta miniserie pero al mismo tiempo describe las limitaciones de toda una generación. Ahora, no diré que la gente es esencialmente más estúpida hoy en día que hace unos siglos, pero me parece que la ignorancia de algún modo podía ser entendida en la Edad Media, cuando casi nadie sabía leer y los libros tenían precios prohibitivos. Pero en esta época, la cultura está al alcance de nuestros dedos, el internet es una fuente inacabable de información, sitios como Wikipedia redefinido el concepto del conocimiento enciclopédico. La estupidez era comprensible en el pasado, en la actualidad es imperdonable.

También diría que la cultura no debería ser interpretada meramente como referencias intelectuales, sino también como el vínculo entre la gente y sus tradiciones. El buen gusto, por ejemplo, es una creación cultural que recae firmemente en la tradición. Cuando uno ignora su propia cultura -en término de libros, música, arte, etc.- será también muy fácil ignorar las exigencias sociales.

Como parte de su entrenamiento, Gary va a un exclusivo bar y su misión persuadir mujeres… o para que bailen con él o para que lo besen. Los compañeros de Gary son elegantes, cultos y encantadores, y tienen éxito. Mientras que Gary fracasa miserablemente una y otra vez. Todo empieza desde lo más simple: la ropa. Los otros visten trajes sobrios, mientras que Gary está vestido como una estrella del hip hop con muchos brillos falsos. Si Gary es ostentoso es porque necesita llenar el vacío en su interior, las memorias de una vida de pobreza y miseria. Lo mismo le sucede a todos los que no tienen dinero y ven esa situación repentinamente revertida, y por ello siempre habrá un cierto rechazo hacia los “nuevos ricos”.

Dave Gibbons nos entrega páginas de acción trepidante (el tío Jack contra los soldados chinos) y su forma de retratar a Gary en su vida normal, cotidiana, es maravillosa. La portada de Dave es también una imagen poderosa y hermosa. Adoro la concisión visual de su propuesta y el impacto -figurativo y gráfico- de la botella estrellándose contra la cabeza del recluta.

The Secret Service # 4

Portada The Secret Service 4Gary es bueno con las armas, letal en combate mano a mano y un veloz conductor. No obstante, carece de la elegancia y la actitud distinguida de un James Bond. Para convertirse en un espía de la corona británica, él debe reinventarse a sí mismo bajo la tutela de su tío Jack.

Suceden muchas cosas en este cuarto capítulo de “Secret Service” de Millar. En primer lugar, vemos a Jack enseñándole a su sobrino cómo vestirse como un caballero. Luego, obliga a Gary a pasar un último test luego de administrarle una sustancia somnífera. El adolecente, entonces, despierta en Colombia, desvestido, sin dinero y sin armas. Es bajo estas condiciones que debe llegar a un lugar en el que encontrará un boleto de avión para regresar a Inglaterra.

Gary es rápidamente interceptado por un oficial de la policía, quien planea arrestarlo bajo cargos de exposición indecente. Incluso acusa al jovencito de estar involucrado en actividades gay. Seguramente, esto podría ser visto como una escena chistosa sobre un policía machista y agresivo y un joven desorientado. No obstante, creo que la desnudez parcial masculina observada por el policía es suficiente para provocar en él un miedo hacia la otredad, un miedo hacia la homosexualidad. Para el hombre de la ley, la homosexualidad es expresada en una personalidad, en un estilo de vida, pero también en una morfología que implica una anatomía indiscreta (en el caso de Gary sería estar medio desvestido).

Sin conocer el idioma, Gary debe hacer todo lo que puede para evitar ser arrestado y localizar la casa a la que debe llegar. Cuando llega allí, se da cuenta que la residencia es propiedad de uno de los más buscados señores de la droga de Colombia, con un pequeño ejército a su disposición. Gary debe matarlos a todos o morir intentándolo. Al igual que en números anteriores, Dave Gibbons hace un asombroso trabajo. Las escenas de acción, las locaciones exóticas y el comportamiento de los personajes son aumentados por las opciones estilísticas de uno de los más respetados y premiados artistas británicos. Aún hay muchos misterios por resolver antes de la conclusión de la miniserie, y estoy impaciente por ver qué pasará.

The Secret Service # 5

Portada The Secret Service 5En el primer ejemplar de “El servicio secreto”, vimos a un grupo paramilitar que había secuestrado a Mark Hammill (famoso por su rol como Luke Skywalker en la trilogía original de “La guerra de las galaxias”). En números subsiguientes, varias súper-estrellas de Hollywood son apresadas, y ni Jack ni Gary pueden adivinar por qué alguien raptaría a estas personas sin pedir un rescate después.

Jack, el mejor espía de la Corona Británica, sabe que el próximo en la lista es Ridley Scott, un famoso cineasta y el creador de la franquicia de “Alien”, un conocido ícono cultural. Así que ¿cuál puede ser el vínculo entre Mark Hammill, Ridley Scott y otras súper-estrellas que se han desvanecido de la faz de la Tierra? La respuesta, con el toque justo de irreverencia (algo que todos esperamos del escritor irlandés) es divertida y sorprendente. Pero no se preocupen, no planeo arruinar la sorpresa.

El Gary de este número es completamente diferente del Gary que conocimos en el # 1. El joven ha crecido, ya no es un chiquillo inmaduro que tenía una mala relación con su madre. Las cosas han cambiado. Pero tener al tío Jack como una figura paterna también significa que el luto por su muerte no será fácil. En una violenta emboscada, Jack es asesinado por los secuaces del hombre detrás de los secuestros, un hombre que tiene un plan secreto para destruir las vidas de 5 billones de personas en cuestión de horas.

Dave Gibbons tiene algunas páginas muy buenas aquí: la escena de sexo entre Jack y la esposa del villano es manejada con sutileza, y el momento de la muerte de Jack es retratado con el nivel de violencia necesario. En el próximo número, el último, las preguntas y los misterios serán resueltos. De manera memorable, estoy seguro.

The Secret Service # 6

Portada The Secret Service 6El mejor espía de la corona británica está muerto, y ahora le toca a su sobrino Gary salvar no sólo Inglaterra sino también al resto del mundo. En el capítulo final de “El servicio secreto”, Gary decide que para hallar aliados debe buscarlos no en las filas oficiales del servicio secreto sino en las instalaciones de entrenamiento. Es por eso que recluta a muchos de sus compañeros de clase, y juntos lanzan un último ataque desesperado, casi suicida, en el cuartel general del enemigo.

La estrategia de Gary es brillante. Su ataque frontal es sólo una distracción: al mismo tiempo, tiene a uno de sus chicos en la estratósfera intentando destruir el arma secreta del enemigo y a un grupo de tecno-especialistas desactivando el arma en tierra firma.

Además de Mark Hammill (Luke Skywalker en “Star Wars”) y William Shatner (el capitán Kirk en “Star Trek”) y otras famosas estrellas de Hollywood, esta vez nos encontramos con Patrick Stewart (el capitán Jean-Luc Picard en “Star Trek: the Next Generation”). ¿Qué podrían tener en común todas estas estrellas de Hollywood? ¿Y por qué fueron secuestrados al comienzo de la miniserie? Mark Millar ha encontrado una manera de balancear referencias a la cultura pop, parodias y homenajes en una cautivante narrativa.

Aunque, me parece a mí, hay algo más aquí. Millar ha explicado que cuando tenía 12 años le envió una carta a Dave Gibbons, sugiriéndole al legendario artista británico que trabajasen en una nueva serie creada por él mismo (el chiquillo había prometido que haría algo aún más grandioso que “Watchmen”, obra que Gibbons acababa de dibujar). Obviamente, en ese entonces Dave Gibbons sabía que ningún doceañero podría escribir algo memorable, pero aun así respondió con una misiva muy alentadora.

Millar tuvo que esperar por décadas hasta que llegó a ser uno de los autores más importantes e influyentes de la industria, y finalmente tuvo la oportunidad de trabajar en este proyecto con Gibbons. Millar ha expresado su admiración por “Watchmen”, y al igual que el plan secreto de Ozymandias demandaba el secuestro de ciertos científicos, artistas y pensadores a lo largo del mundo, el plan del antihéroe en “El servicio secreto” también demanda la captura de íconos culturales. En ambos casos, los prisioneros son mantenidos con vida para un propósito muy específico. Realmente he disfrutado este paralelismo, que tiene un enfoque muy humorístico.

Dave Gibbons dibuja algunas páginas muy buenas, como las que retratan la violenta confrontación final entre Gary y uno de sus oponentes. Las escenas de la orgía mundial, considerada en el cómic como “19 minutos de paz mundial” son también de primera. Y de este modo, esta miniserie llega a su fin.

> The Secret Service # 1, de Mark Millar y Dave Gibbons