Robo-Hunter: Verdus, de John Wagner y Ian Gibson

Portada Robo-Hunter 1La mayor parte del tiempo, escribimos sobre seres humanos. Escribir sobre animales, alienígenas o plantas pensantes es un reto difícil, pero creo que un buen escritor no debería tener problemas afrontando semejante desafío. Después de crear a Juez Dredd, uno de los personajes más legendarios del Reino Unido, John Wagner no se durmió en sus laureles. A fines de los 70s, las páginas de la antología de ciencia ficción “2000 AD”, eran el escenario ideal para crear nuevos conceptos e historias innovadoras, y Wagner tenía una enorme cantidad de ideas. Además de Dredd, el autor británico también sería el creador de “Strontium Dog” (¡uno de mis cómics favoritos!) y, por supuesto, “Robo-Hunter Sam Slade”.

“Definitivamente ningún robot debería estropearse. Fueron programados para nunca estropearse. Pero siempre se estropean. Lo sé muy bien. Durante cuarenta años me he ganado la vida capturándolos”, explica Slade en el capítulo inicial de “Verdus” (publicado originalmente en 2000 AD # 76-84 y 100-112, desde agosto de 1978 a mayo de 1979). La noción de robots que se enfrentan contra sus amos humanos ha sido usualmente la inspiración para relatos muy dramáticos, pero Wagner se concentró en el aspecto humorístico con excelentes resultados.

Portada Robo-Hunter 2 y 3“Cuando Slade les cae encima, ya nunca vuelven a levantarse”, es el lema del protagonista. El trabajo de un caza-recompensas especializado en robots renegados no es una tarea fácil. Pero años de experiencia, astucia callejera y un ingenio inquebrantable son suficientes para convertir a este antihéroe en un hombre muy carismático. Al comienzo de esta saga es enviado a Verdus, un planeta entero colonizado por robots, que están a la espera de recibir a los humanos. Pero cuando los humanos llegan pierden toda comunicación con la Tierra. Algo raro está pasando, y Slade es el único hombre capaz de descubrir la verdad.

Con todo un planeta de robots a su disposición, Wagner nos entrega algunas secuencias realmente hilarantes. Una de mis favoritas ocurre en un edificio de apartamentos. Los robots han estado esperando la llegada de la gente desde hace décadas, pero debido a su programación defectuosa, no fueron capaces de reconocer a los seres humanos, y por lo tanto la gente de la Tierra había sido etiquetada como Sims (humanos simulados), y condenados a ser prisioneros de por vida. Cuando Sam Slade llega a Verdus, su primera misión no es rescatar a los seres humanos o averiguar cómo las cosas se salieron de control, su primer y único objetivo es sobrevivir. Asediado y atacado por robots en cada calle y cada esquina de Verdus, él termina buscando refugio temporal en una residencia abandonada. Excepto que no hay tal cosa como casas abandonadas en Verdus, todas están habitadas por electrodomésticos robóticos e incluso muebles robóticos. La discusión entre los robots es una celebración de lo absurdo llevada al extremo; de hecho, mientras algunos de ellos admiten su aburrimiento esperando a los seres humanos que nunca llegan, otros no están seguros acerca de cómo determinar si Slade es de verdad o simplemente otro Sim. “Después de la debida consideración hemos llegado a una decisión […] nuestra decisión es que estamos indecisos”. Sin embargo Botas, el robot más listo del grupo, decide llevar a Slade a SJ1, alias Fumador Joe, el primer robot enviado a Verdus, y el único que conoce a los humanos.

Portada Robo-Hunter 4 y 5Después de una larga serie de desventuras y enfrentamientos sumamente amenos, Sam Slade se da cuenta de lo que debe hacer. En el proceso también conocemos a los robots tan íntimamente que no podemos evitar identificarnos con ellos. Ciertamente, Wagner es un escritor tan brillante que todos sus personajes, humanos y robots, son igualmente fascinantes. Uno de mis favoritos es el Comandante Kidd, de 1 año de edad, un piloto que fuma y suelta groserías constantemente, y el único que en lugar de resolver problemas causa estragos dondequiera que va; luego está Cutie, la robómetro de Slade, una aliada fiel que detecta robots y analiza sus debilidades, mientras habla muy seductoramente con su amo humano; ¿y cómo podría olvidar a Fumador Joe? Un viejo robot que actúa como un abuelo inofensivo, quejándose constantemente de la nueva generación robótica, es una máquina lenta y torpe, pero con un gran corazón en medio de sus circuitos. Hay muchos otros personajes memorables, como B.O. un robot de las alcantarillas que ha estado aislado durante medio siglo, “acompañado” por su doble personalidad (la forma en la que se habla a sí mismo nos recuerda a criaturas como Gollum, de “El señor de los anillos”). El Gran Cerebro, el robot más poderoso y evolucionado en Verdus, es también un personaje defectuoso, vencido por sus contradicciones internas. Y podría seguir durante horas.

Debo confesar que esta no es la primera vez que leo “Verdus”. De hecho, cuando estaba en el colegio solía releer todos mis cómics de “2000 AD” por lo menos una vez al año, y los ejemplares quedaron tan gastados que hace unos años tuve que deshacerme de ellos y comprar un nuevo set completo (en este caso, las reimpresiones de Eagle de 1984). Así que, obviamente estoy un poco parcializado. Robo-Hunter tiene un gran valor sentimental para mí. Pero, al mismo tiempo, al volver a leerlo ahora, después de tantos años, no pude dejar de reírme a carcajadas una y otra vez, y como sucede tan a menudo con las obras literarias verdaderamente asombrosas, descubrí cosas que había pasado por alto cuando era niño. Y en el proceso, mi admiración por Wagner ha aumentado considerablemente.

El co-creador de Sam Slade es Ian Gibson (aunque José Ferrer también colaboró en el primer capítulo). Gibson ya había demostrado que era un artista muy talentoso en Juez Dredd y otras historias de 2000 AD, pero en estas páginas realmente desata toda su imaginación. Diseñó literalmente cientos de diferentes modelos de robots, y creó una arquitectura futurista de gran escala y de aun mayor atractivo. Por otra parte, su compromiso con el proyecto fue tan fuerte que se convirtió en el único artista de Sam Slade durante años; incluso al ritmo frenético de esta publicación semanal, se las arregló para cumplir con todos los plazos de entrega sin descuidar la calidad de su trabajo. Juntos, Wagner y Gibson fueron los responsables de esta creación única y encantadora.

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