Detalle portada Providence 3 USA

Portadas Providence 1 y 2Hace más de una década, Alan Moore emprendió un ambicioso proyecto: explorar el universo fantástico de uno de los más grandes maestros del horror: H.P. Lovecraft. El primer paso fue The Courtyard, y luego vino Neonomicon. Ambos estaban firmemente anclados en el siglo XXI, y fue emocionante observar cómo el mundo actual era sometido a los horrores cósmicos y ancestrales de Lovecraft.

Providence, por el contrario, transcurre en el siglo pasado, en 1919. Y esta vez, la sensibilidad contemporánea se filtra a través de la estructura narrativa. Sí, estamos viendo el pasado, pero nos estamos enfocando en los elementos subversivos de aquella época, en las ideas y conceptos que incluso Lovecraft aborrecía.

Robert Black, el protagonista, es un joven que oculta su verdadera naturaleza ante una sociedad intolerante y discriminadora. En primer lugar, él es judío, pero a pesar del rechazo que esto podría causar, no sería algo tan grave. Sin embargo, también es homosexual, y con el fin de garantizar su supervivencia, su vida privada es su mayor secreto. En “El signo amarillo” (Providence # 1, mayo del 2015) se imparte una valiosa lección: “El amor es la única cosa fundamental […] no amar es desperdiciar la existencia”, pero Robert no puede amar, al menos no abiertamente, y tiene que sacrificar su libertad con el fin de conservar su empleo.

Portada Providence 3Por eso, sólo el miedo y la duda acompañan a Robert cuando conoce a Tom Malone, un joven apuesto que parece ser muy culto y educado: “Uno de los grandes trucos de Poe, creo, fue la forma en la que combina la ficción con la realidad”, sugiere Malone. Y me atrevería a decir que Moore comparte con Poe un talento similar, una capacidad extraordinaria para convertir la ficción en realidad, para entrelazar hechos históricos con ideas alocadas y conceptos espeluznantes. Moore tiene una cierta predilección por los períodos formativos, ya sea el siglo XX en Providence y Lost Girls, o las postrimerías del siglo XIX en From Hell y The League of Extraordinary Gentlemen. “Providence es un intento de unir lo histórico en Lovecraft con un mosaico de sus ficciones, estableciendo al hombre y a sus monstruos en Estados Unidos de una manera convincente y verdadera, durante el año clave de 1919; antes de la prohibición y Weird Tales, antes del voto femenino o el matrimonio con Sonia, antes de la huelga policial de Boston y Cthulhu. Esta es una historia del nacimiento de la nación norteamericana moderna, y el nacimiento del terror norteamericano moderno”, afirma Alan Moore.

De la misma manera que Lovecraft planteaba un horror subyacente en sus historias, algo que no podía ser percibido fácilmente en la superficie, el escritor británico se enfoca en la idea de que todos en New York luchan por preservar sus secretos; en efecto, hay una sociedad oculta dentro (o debajo) de la ciudad, una secta secreta que podría causar la perdición de toda la humanidad.

Si es que, de acuerdo con la teoría psicoanalítica clásica, asumimos que los “sueños o impulsos de los que no somos conscientes pueden estar detrás de nuestras acciones durante la vigilia”, entonces nos podremos identificar con los conflictos personales de Robert. Él ha estado reprimiendo sus sueños e impulsos durante mucho tiempo, y está atascado en el mundo de la superficie, lidiando con la creciente presión que se acumula en su interior. Hay una atracción sexual innegable entre Robert Black y Tom Malone, pero ninguno de estos hombres puede hablar abiertamente de sus sentimientos, quedando recluidos en el sótano oscuro de la negación.

Portada Providence 4La exactitud histórica y la investigación exhaustiva son los sólidos cimientos narrativos de Providence. En “El garfio” (Providence # 2, julio del 2015) la verdadera pesadilla comienza cuando Robert Black desciende desde el mundo de la superficie (las concurridas calles, la luz del sol y la fachada de normalidad que se respira en Red Hook) al inframundo (primero el sótano del misterioso señor Suydam, y luego una cueva subterránea debajo del sótano, y luego un vasto océano negro que no podría existir bajo la ciudad). La escena más aterradora ocurre cuando Robert Black se hunde en este escenario de pesadilla y encuentra a una criatura inhumana, extrañamente repulsiva.

“El miedo al acecho”
(Providence # 3, agosto del 2015), como sugiere el título, se refiere a la clase de miedo que no podemos ver con nuestros ojos, pero que sí podemos sentir instintivamente. Robert Black llega a Salem y allí encuentra a un grupo inusual de personas, un grupo étnico inquietante que a veces parece estar más próximo a los anfibios que a los mamíferos. De la misma manera que los críticos literarios han propuesto la teoría del iceberg en relación con las novelas de Hemingway, considero que la misma teoría podría aplicarse a Providence de Moore. Llegamos a ver, una y otra vez, sólo la punta del iceberg, mientras que la estructura masiva permanece oculta a la vista; sin duda, es un enfoque del terror sumamente sofisticado.

Hay aún más sutileza en “Simios blancos” (Providence # 4, setiembre del 2015). Alan Moore juega magistralmente con diferentes niveles narrativos, todos convergen en la página pero podemos examinar cada uno de ellos por separado. En primer lugar, tenemos el punto de vista de Robert Black, y luego tenemos un nivel superior que involucra al lector, capaz de ver cosas que Robert no puede percibir, y luego tenemos un nivel adicional que implica el paratexto del cómic que tenemos en las manos.

Portada Providence 6El suspenso sigue aumentando en el siguiente capítulo, acertadamente titulado “En las paredes” (Providence # 5, setiembre del 2015). La investigación de Robert Black termina en la Universidad de San Anselmo, en Manchester, allí desentierra más información acerca de la Sedes Sapientiae, una sociedad secreta experta en ocultismo y otras prácticas misteriosas.

La conclusión de este primer volumen es extremadamente escalofriante, como podemos ver en “Fuera de tiempo” (Providence # 6, noviembre del 2015). Mientras Black lee un libro de alquimia, un tomo vetusto del siglo XVI, su percepción temporal cambia. Las respuestas están en el libro: “Yo he de venir aquí para deciros que el suelo bajo nuestros pies alguna vez no fue más que sueño fugaz, y he aquí que así será de nuevo, ya que sólo en el mundo que está debajo de la superficie reside lo real, y nosotros y todos nuestros actos no son más que su sombra”, y esas respuestas son también pistas que deben seguirse con cuidado. Cosas extrañas le suceden a Robert Black, el tiempo fluctúa a su alrededor, y lo que parece ser un día realmente transcurre a lo largo de 2 o 3 semanas; en este contexto, un vulnerable Robert sufre una violación mental y física que le ocasionará un colapso nervioso.

Al igual que Watchmen, Providence tiene una riqueza metatextual admirable. Al final de cada capítulo, podemos ver lo que piensa Robert Black. Tenemos acceso a su diario, en el que comparte sus pensamientos más íntimos, así como sus relatos de ficción. Moore combina la cruda realidad de la vida de Black (así como sus furtivos encuentros homosexuales con hombres anónimos) con su amor por la fantasía, y la forma en que se imagina historias que aún no ha podido escribir. En otros capítulos, Moore también incluye los folletos o libros que Black está leyendo en ese momento, añadiendo así capa tras capa de complejidad narrativa.

Durante la lectura de Providence, uno siempre debe estar atento a los detalles más recónditos. Jacen Burrows hace lo que Poe aconseja en “La carta robada”, esconde las cosas justo en frente de nuestros ojos. Todo lo que tenemos que ver está allí mismo, en la página, pero sólo podremos encontrar estas pistas visuales si prestamos atención muy cuidadosamente a cada viñeta (por ejemplo, podemos encontrar fácilmente referencias visuales a The Courtyard). Burrows combina su amor por los detalles con una reproducción minuciosa de la arquitectura de la época. Sería difícil adivinar la cantidad de investigación histórica necesaria para este proyecto de largo aliento, y al mismo tiempo me cuesta imaginar a un artista más capaz que Burrows para plasmar todo ello. Por último, debo expresar mi admiración por las portadas, cada mes paso por el complicado proceso de decidir cuál es la portada que me gustaría tener, y es que hay muchas buenas variantes y a veces me gustaría adquirir más de una.

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