The Pro: La profesional, de Garth Ennis y Amanda Conner

Portada The Pro de Garth EnnisCasi todos los superhéroes tienen identidades secretas y una vida como civiles. Clark Kent, por ejemplo, es periodista. Hawkman es arqueólogo. Daredevil es abogado. Hulk es científico. Doctor Strange es un cirujano. Y así sucesivamente. A lo largo de las décadas, nos hemos familiarizado con el hecho de que los superhéroes tienen trabajos normales y decentes. Pero ¿no es ligeramente sorprendente que de los miles de personajes de Marvel o DC, ninguno de ellos tenga una carrera controversial, por así decirlo?

Bueno, el escritor irlandés Garth Ennis probablemente se hizo esa misma pregunta. ¿Por qué todos los superhéroes deben tener empleos decentes y respetables? ¿Por qué no pueden ser algo distinto? La respuesta llega, sin pedir disculpas, en las páginas de “The Pro”, un relato sobre “una prostituta superpoderosa con una muy mala actitud”.

La historia empieza con una ramera callejera, una mujer que intenta ganar algunos dólares para alimentar a su bebé y pagar el alquiler. Una mujer sin esperanza, sin alegría, con la certeza demoledora de que lo único que puede hacer en la vida es chupar penes o agacharse para ser penetrada por hombres tacaños que siempre intentan pagarle menos de lo que deberían.

Y esa es su vida hasta que el Observador (también conocido como el Voyeur), una despiadada parodia de Watcher, de Marvel, decide intervenir y otorgarle asombrosos superpoderes. Repentinamente, ella puede volar, tiene súper fuerza y resistencia sobrehumana.

Desde luego, incluso con poderes sigue siendo una puta. Maldice, fuma y no tiene empacho en acusar a los miembros de la Liga del Honor de ser los más grandes pervertidos que ha conocido. Aun así, ella es aceptada en las filas del primer equipo de superhéroes del mundo. Una vez más, el enfoque satírico de Ennis disecciona los clásicos arquetipo heroicos y convierte a la Liga de la Justicia de América en un grupo de bienhechores con comportamiento de santurrones. Aunque sus perversiones se ocultan bajo esta respetable y pacífica fachada.

Cuando la Liga intenta salvar a la ONU, la Pro señala que estos embajadores pagan por los más extraños y degenerados encuentros sexuales que uno podría imaginar. Su “lluvia dorada” no se puede comparar con las depravaciones que ha visto en el pasado. Obviamente, la vulgaridad, sexualidad salvaje y la profanidad de la Pro escandalizan a todos los integrantes de la Liga. Especialmente al Santo, una parodia de Superman, quien eventualmente es seducido por la prostituta y accede a una propuesta de sexo oral que tendrá graves repercusiones para su sacrosanta reputación.

La dama, una parodia de Wonder Woman, exhibe ciertas tendencias lésbicas, mientras que Speedo, una parodia de Flash, no puede parar de masturbarse en presencia de la Pro. A súper velocidad, por supuesto, es capaz de eyacular y limpiarse el pene sin que nadie se pueda dar cuenta de sus actividades…

Por supuesto, ninguna sátira estaría completa sin frotar un poco los miedos de Wertham. Como sugirió el psiquiatra, Batman y Robin son la pareja gay definitiva, aunque ellos nunca han estado tan obviamente fuera del closet como Caballero y Escudero (parodias del Dúo Dinámico). Finalmente, Lima es el típico personaje negro que existe únicamente para actuar como un hombre negro, de la manera más estereotipada (similar, ciertamente, a la forma en la que las minorías eran inadecuadamente retratadas en los 50s y 60s), reafirmando el racismo inherente en un mundo poblado por superhéroes blancos.

Seguramente, como lectores no serán capaces de dejar de reír con las absurdas aventuras de la Pro, pero el humor no quita la crítica social. Al final, hay una amarga afirmación sobre este maravilloso y colorido universo de escapismo. Los superhéroes no importan, nada de lo que hacen tiene consecuencias reales, ellos profesan haber salvado a la humanidad pero no son capaces de ayudar a la gente común y corriente, ellos no pueden cambiar nuestra sociedad para que mujeres empobrecidas como la Pro no tengan que vender sus cuerpos para lograr sobrevivir.

Tal vez, para Ennis, la verdadera prostitución yace en las marcas registradas corporativas y en las franquicias disfrazadas de íconos culturales, y en la naturaleza avariciosa de editores y empresarios que únicamente quieren exprimir cada dólar de los bolsillos de fans insensatos que consumirán sin fin la más moderna versión de sus héroes favoritos de la infancia.

> Otra crítica de The Pro: La profesional, de Garth Ennis y Amanda Conner, por Nacho.

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