Detalle portada Planetary (Norma Editorial)

Portada Planetary 13Si “Nube de memorias” fue un hito narrativo, entonces “Siglo” (publicado en Planetary # 13, febrero de 2001) es el comienzo de un nuevo capítulo, que combina sin esfuerzo las revelaciones del presente con los secretos del pasado.

Warren Ellis ya ha revelado la verdad: Elijah Snow es el Cuarto Hombre. Y en las páginas de “Siglo” por fin tenemos acceso a las piezas faltantes del rompecabezas. Todo comienza en 1919, cuando Snow encuentra un pueblo que no aparece en ningún mapa. En esa pueblo hay un castillo abandonado, y al interior del castillo hay horrores que hibernan a la espera de su llegada.

El artista John Cassaday rescata las atractivas características de las viejas películas de terror de los años 30 y 40, transmitiendo toda esta magia cinematográfica en páginas llamativas y hermosas viñetas. El laboratorio del Barón Von Frankenstein, por ejemplo, es una imagen inquietante de belleza sublime; es tan atractivo porque, además de la enorme cantidad de detalles, también incluye una reconstrucción minuciosa de los laboratorios de Frankenstein de diferentes películas, convirtiéndolos a todos en una expresión artística única y coherente.

Sin embargo, en esta nueva versión, Frankenstein no produjo sólo una criatura, sino más bien un número indeterminado de monstruos deformes. Elijah Snow debe luchar y derrotarlos con el fin de llegar a la biblioteca del castillo. Esta secuencia, magníficamente ilustrada por Cassaday, combina momentos de silencio con estallidos de violencia. En la biblioteca hay un mapa secreto del mundo, un mapa que incluye todos los hallazgos misteriosos, sobrenaturales y cósmicos que serán investigados por los Arqueólogos de lo Imposible un siglo después.

Es gracias a este mapa que Elijah Snow descubre una antigua conspiración, y decide visitar uno de estos conspiradores: Sherlock Holmes. Y ese es el comienzo de uno de mis momentos favoritos. Elijah Snow le explica al mejor detective del mundo cómo fue capaz de seguirle la pista. Snow era consciente de la existencia de John Carter (el héroe de Edgar Rice Burroughs que visitó Marte), el Dr. Griffin (el hombre invisible de la novela de H.G. Wells), Robur el Conquistador (una creación Jules Verne) y Carnacki (el busca-fantasmas) y su Manuscrito Sigsand (ambos creados por William Hope Hodgson). De la misma manera que Alan Moore reunió a los protagonistas de las novelas del siglo XIX en “La Liga de los Caballeros Extraordinarios”, Ellis explora este maravilloso concepto, haciendo algunos ajustes y modificaciones a estos famosos aventureros.

Sherlock Holmes se encuentra bajo la protección del Conde Drácula, pero Snow encuentra la forma de derrotar al vampiro. Entonces, y sólo entonces, Holmes explica cómo comenzó la conspiración: “nosotros, los extraordinarios, estábamos conspirando para hacer de este un mundo mejor […] Era nuestra esperanza utilizar nuestras mentes para aliviar los problemas de la sociedad humana y construir valientemente un nuevo mundo a partir de los restos del antiguo”. Pero como sucede a menudo, a pesar de sus buenas intenciones eventualmente ellos olvidaron su verdadero propósito.

Al final, Sherlock Holmes y Elijah Snow llegan a un acuerdo. Holmes se convertirá en el mentor de Snow, instruyéndolo en sus métodos. Décadas más tarde, Snow explicará más sobre este acuerdo: “Y así fue que estudié con el mejor detective del mundo durante cinco años, hasta que finalmente murió de viejo. Para su disgusto, nunca me deshice del acento en ese lustro. Me tomó otros diez años de caminar por todo el mundo para lograrlo. Pero nunca perdí mi amor por los secretos. Y creo que jamás lo perderé”.

Planetary #14

Portada Planetary 14En “Siglo”, tuvimos la oportunidad de ver a Elijah Snow interviniendo en los asuntos de los Extraordinarios, un grupo compuesto por criaturas sobrenaturales (Conde Drácula), personas con habilidades sobrehumanas (el Hombre Invisible) e incluso genios como Sherlock Holmes.

Aunque “Punto cero” (publicado en Planetary # 14, junio de 2001) es también una aventura que ocurre en el pasado, en esta oportunidad ya no estamos en el siglo XIX, sino más bien en un año más reciente: 1995. Todo comienza en el laboratorio de uno de los aliados de Elijah Snow. Un científico ha hecho un descubrimiento sorprendente: una vara de madera aparentemente normal es, de hecho, una poderosa arma de los Cuatro. De la misma manera que el Dr. Donald Blake golpea su bastón contra el suelo para transformarlo en Mjolnir, y por lo tanto, para convertirse en el poderoso Thor, el objeto analizado por el científico también se puede transformar en un martillo de poder indescriptible.

Como he señalado muchas veces en críticas anteriores, Warren Ellis ha rendido homenaje a diferentes géneros cinematográficos y literarios y, muy especialmente, a las convenciones y tradiciones de los cómics de superhéroes. Este martillo de Thor es, de hecho, un arma diferente a cualquier objeto producido por la humanidad, y pertenece a los Cuatro.

Elijah Snow, un verdadero Arqueólogo de lo Imposible, viaja a la armería de los Cuatro. El arsenal de Randall Dowling es tan grande que se necesita un planeta entero para contenerlo. Snow está abrumado por lo que ve, fila tras fila de armas se extienden hasta donde alcanza la vista. Y mientras camina por los pasillos infinitos de este arsenal, pisa innumerables esqueletos. Para hacer espacio para su armamento, Dowling exterminó un mundo entero.

Lo que sucede después es una astuta inversión de las reglas habituales de los cómics de superhéroes. Ciertamente, como lectores experimentados, nos resulta común que los Cuatro Fantásticos sean capturados por el Dr. Doom o cualquier otro villano, sólo para usar su ingenio y habilidades hasta escapar y derrotar a su enemigo. En “Punto Cero”, sin embargo, ocurre lo contrario. Después de todo, el héroe sigue siendo Elijah Snow y los villanos definitivos son los Cuatro. No obstante, Snow prepara una emboscada para William Leather y Kim Süskind (los equivalentes a la Antorcha Humana y la Mujer Invisible).

Así que vemos a estos personajes, tan similares a las creaciones clásicas de Stan Lee y Jack Kirby, bajo una nueva perspectiva. Y, del mismo modo que sucede a menudo en los Cuatro Fantásticos, la inteligencia suprema de Randall Dowling (contraparte de Mr. Fantástico) es suficiente para derrotar a Snow y al equipo de Planetary. Dowling realiza un procedimiento experimental en Snow, borrándole la memoria. “Somos viejos y poderosos y nos aburrimos fácilmente. Disfrutamos el juego que Planetary representa. Pero no podemos darnos el lujo de perder, señor Snow”, explica Dowling.

Por supuesto, no puedo terminar esta reseña sin mencionar las notables contribuciones artísticas de John Cassaday. Desde el exquisito diseño del martillo del dios del trueno, hasta la composición elegante pero dramática del arsenal de los Cuatro. Cassaday sobresale tanto en las escenas tranquilas como en las secuencias llenas de acción (por ejemplo, la lucha entre Leather y Jakita Wagner). Creo que hay una razón por la que Cassaday seguía siendo relativamente desconocido antes del 2001, y es que es en las páginas de Planetary donde el artista demuestra por qué es el más talentoso de esa década.

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