Acerca de Expocómic 2012

Cartel Expocomic 2012No es fácil realizar una valoración de la edición de este año de Expocómic. Unas semanas antes de su celebración la organización recibió la noticia, por parte del Ayunamiento, del cierre del Pabellón de Cristal y a tan sólo 7 días del día de apertura su nueva ubicación, el antiguo Matadero de Madrid, situado en la Plaza de Legazpi y un espacio fijo en la agenda cultural madrileña. Es, por tanto, una situación dificil de barajar y más aún de organizar, ubicando espacios para las exposiciones, stands, escenarios y cafeterías, así como la logística de acreditaciones, etc…

Teniendo en cuenta todos estos aspectos, Expocómic 2012 se ha caracterizado por continuar con los defectos, ya habituales, de pasadas ediciones. Siguiendo el modelo de Salón de Barcelona, el evento madrileño intenta abarcar todos los ámbitos presentes (número de stands, presencia de editoriales y autores, conferencias, cosplay, karaoke…) en el catalán sin llegar a ser fuerte en ninguno de ellos. Como cada año, las grandes editoriales como Panini, Planeta, Ediciones B o EDT han brillado por su ausencia dejando el protagonismo a ECC Ediciones (debutante este año y con «Antes de Watchmen» como reclamo), Astiberri Ediciones, Norma Editorial y Dolmen. Éstas últimas resultaron lo más positivo gracias a la presencia de sus autores, entre los que se encontraban David Rubín, Jordi Bayarri, J.A. Iglesias, Azpiri, Sergio Bleda, Felipe Cava, Bartolomé Seguí o Miguelanxo Prado.

Respecto a los stands, en un espacio más reducido y con peor iluminación que en sedes anteriores, encontramos alguno de cómic antiguo y varios de tiendas de Madrid, predominando aquellos de merchandising y en concreto aquellos relacionados con el mundo del manga, algo llamativo teniendo en cuenta la existencia de una cita exclusiva como es Expomanga. Al contrario que con los stands, las exposiciones se encontraban desperdigadas por el amplio recinto del Matadero, siendo una autentica yincana encontrarlas debido a su mala señalización y, en algunos casos, su peculiar ubicación (no tiene desperdicio la de J.M. Berenguer pegada a la cafeteria). Una vez halladas, destacaba la correspondiente a José Ramón Larraz, un lujo de originales de un gran maestro.

Otro de los aspectos más negativos, y que se repite año tras año, es la celebración de conferencias y/o charlas en el escenario principal. Ni sentado en primera fila era posible escucharlas nitidamente debido al ruido de los stands y a otra pequeña cafetería situada a escasos 20 metros del mismo. La suma de todo ello resumía el evento comiquero en un lugar de compra de novedades y merchandising, salpicado de firmas de autores nacionales, algo que no tendría nada de malo si no fuera porque cuesta 5 euros entrar en el recinto. Si la organización de Expocómic no puede estar a la altura de todos los aspectos que caracterizan el Salón del Cómic de Barcelona, quizás debería buscar otro modelo o centrarse sólo en alguno de ellos para ofrecer algo realmente bueno al noveno arte. Quererlo todo es ir directo a un fracaso que se repite año tras año.