Imagen de Neon Genesis Evangelion vol.3 - 01Algunos adolescentes son intensamente melancólicos, apáticos incluso. Parecen flotar alrededor del mundo sin tocar a nadie. Sin comprometerse, sin arriesgarse a permitir la cercanía del otro: yo era así. Y Shinji Ikari, por supuesto, es así. Después de dos volúmenes y literalmente centenares de páginas, él no ha sonreído ni una vez. Y repentinamente, justo cuando está por embarcarse rumbo a casa con Misato Katsuragi, se topa con Toji Suzuhara y Kensuke Aida, tal vez sus únicos dos amigos. Es en ese momento, después de tontear con los chicos, que Shinji finalmente ríe. Es un sonido que Misato nunca antes había escuchado.

“Supongo que quizás solamente estaba viviendo en automático”, confiesa Shinji. Y eso me recuerda una brillante línea de Nicole Kidman en “The Hours”: “Mi vida me ha sido robada. Estoy viviendo en un pueblo en el que no deseo vivir. Estoy viviendo una vida que no tengo deseos de vivir”. Me sentí completamente identificado con esa frase durante mi adolescencia. Así que entendía a Shinji perfectamente, sabía lo que era vivir en automático, aceptar la vida como una obligación en vez de una oportunidad. Hay tantas interrogantes filosóficas en las etapas 13 a la 19 (“Cicatrices blancas”, “La habitación torcida”, “Lo que sus ojos carmesí creen”, “Memorias abandonadas”, “La noche antes de la batalla”, “Batalla, sangre” y “La luna dentro de la oscuridad”) pero también acción e interacción entre el protagonista y el resto del elenco.

Imagen de Neon Genesis Evangelion vol.3 - 02Los días pasan, Misato y Shinji aprenden a compartir la misma casa y a coexistir sin tensiones innecesarias… Lo único que parece causarle molestias a Shinji es que Misato usa ropas muy reveladoras. Pero, ¿no sería el sueño húmedo de todo muchacho vivir con una mujer sexy y sin inhibiciones? El asunto, tal vez, es que Shinji no es como la mayoría de los chicos. Él no es como Toji o Kensuke, que siempre están detrás de las chicas.

Hay una escena muy peculiar que ocurre en la casa de Rei Ayanami. La doctora Ritsuko Akagi ha olvidado darle a Rei su nuevo tarjeta de identificación de NERV, así es que Shinji tiene que ir a su casa y entregarle la tarjeta. Él encuentra un edificio muy deteriorado y al entrar al departamento de Rei lo único que ve son señales de pobreza y abandono: pisos polvorientos, muros sucios y basura por doquier. De hecho, Shinji tampoco vive en un palacio -al contrario, el departamento de Katsuragi es muy modesto- pero al menos está acostumbrado a un mínimo de orden y decoro. Nada de esto existe en la habitación de Rei. Estos héroes que han salvado el mundo viven como cualquier otra persona, sin lujos ni sofisticaciones -ellos están, por cierto, en el espectro opuesto de los tradicionales héroes occidentales como los Vengadores que viven en una mansión en la Quinta Avenida o los de la Liga de la Justicia que residen en un satélite, muy por encima del mundo, como dioses en vez de mortales-.

Imagen de Neon Genesis Evangelion vol.3 - 03Es en este mugriento lugar en el que Rei aparece desnuda y Shinji, por puro nerviosismo, se tropieza y se cae encima de ella. Hay un momento delicioso de incerti-dumbre, casi de tensión sexual, cuando Shinji está encima de ella, incapaz de reaccionar, de dar un paso más o un paso atrás. Rei, tan desprovista de emociones como siempre, no hace ni dice nada. Shinji se disculpa por haber entrado sin permiso y deja la tarjeta. Y se va rápidamente. ¿Lo que sentimos -nosotros los lectores- después de esta secuencia es el sabor de las tensiones sexuales no resueltas? ¿O es algo más? ¿Algo más oscuro y más arduo de explicar?

Puedo afirmar que algo como el amor no puede existir entre este chico y esta chica sin emociones. Pero hay complicidad. Y camaradería. Todo esto se hace evidente cuando ambos se enfrentan contra un ángel volador –Ramiel– que tiene la forma de un rombo, una criatura con la habilidad de destruirlo todo en un radio de 50 millas. Para derrotarlo, Shinji usa un cañón de partículas que consumirá todo el suministro eléctrico de Japón, y Rei será su escudo contra el letal rayo de energía del ángel. Solo, ninguno de ellos puede triunfar; juntos logran la victoria.

Neon Genesis Evangelion Vol. 1, de Yoshiyuki Sadamoto
Neon Genesis Evangelion Vol. 2, de Yoshiyuki Sadamoto