Entre disco en directo y excursión acústica, Neil Young se marca una tormenta eléctrica. No hay más que remitirse a su último trabajo, Le Noise, para saber a qué me refiero. En 2003 Greendale fue un concepto a lo grande. Una ópera rock que se extendió a una serie de conciertos en directo, una película, un musical y una novela gráfica alrededor de la familia Green y su vida en una localidad de provincias californiana. La música de Greendale está imbuida de las exploraciones sonoras que interesaban a Young durante la época, y su temática toca todas sus preocupaciones fundamentales: el medio ambiente, los tejemanejes de los políticos y el antibelicismo. Grabado junto a sus celebérrimos Crazy Horse, lo que otorga al disco una sonoridad muy directa, muy natural y muy cálida, Greendale es un disco de cruda electricidad y canciones crujientes.

Encontramos en él momentos tersos como Falling from Above, uno de esos himnos con los que de cuando en cuando se descuelga Young, y que parece salido de Ragged Glory, una de sus mejores obras. En Devil’s Sidewalk colabora su esposa Peggi a los coros, y Bandit, el único momento acústico, retrotrae a Will to Love, una enigmática balada perdida en aquel disco de retales que se llamó American Stars ‘n’ Bars. La mitad de las piezas de Greendale corren alrededor de los diez minutos y traen a la mente otro de sus trabajos fundamentales, Sleep with Angels. Son números hipnóticos como Carmichael y Granpa’s Interview, donde pone voz su visión sobre los asuntos que le preocupan. Sin embargo, el disco acaba deslizándose por el resbaladizo terreno del fallido Broken Arrow. Es desconcertante comprobar cómo Young puede hacer discos tan irregulares entre sí en la misma época y con el mismo personal.

A raíz de Greendale, dos conciertos en directo fueron publicados en DVD, uno con interpretaciones en solitario de Young, y otro con Crazy Horse al completo. Neil también dirigió una película basada en el disco. En ella los actores interpretaban sus papeles y simulaban en playback encima de las canciones originales. No es la primera vez que Young se ponía detrás de las cámaras. En 1972 había llevado a cabo otro proyecto similar, Journey Through the Past, bastante más disperso, que se saldó con resultados más bien mediocres. La cosa no acaba ahí y en 2008 Greendale fue la base de un musical en el off-Broadway. Ahora llega la adaptación al comic. Una novela gráfica que ha sido publicada por Vertigo con guión de Joshua Dysart (Unknown Soldier, Conan, BPRD, Swamp Thing) y dibujos de Cliff Chiang (Human Target). Una vez más el hiperactivo y multipremiado Dave Stewart aporta el color.

Young tiene una participación activa en este comic. Escribe una introducción y el guión sale directamente de las letras de las canciones del disco. La historia cubre los temas que más le preocupan desde siempre (los indios nativos americanos, la ecología, la corrupción política) y sus objetivos literarios más recientes (la América post 11-S, el miedo al terrorismo y la oposición a la guerra). Todo ello salpicado de un realismo mágico muy afín a Vertigo. Están presentes incluso varios personajes que podrían ser diferentes facetas del mismo Young. Las tres generaciones de la familia Green reciben el aspecto del joven Young de Buffalo Springfield, el del músico adulto que grabó con Crosby Stills & Nash y el del maduro rockero que es ahora, respectivamente. Hasta hay un personaje diabólico que parece reflejo del lado oscuro que Neil no se ha privado de mostrar en el pasado.

Greendale, el comic, cuenta la historia de toda la familia Green cruzada con la filosofía que inspira la obra de Young en general y ese disco en particular. Echa mano de un adecuado árbol genealógico para poder seguir la trama, mientras desarrolla un transfondo de filosofía hippie. La comunión del ser humano con La Tierra, La Naturaleza y Los Elementos. El dibujo de Chiang es realmente ajustado y con dominio, no produce escalofríos, pero queda muy bonito. El guión, sin embargo, se convierte en un panfleto, patina y no acaba de funcionar, menos aún su final de cuento de hadas. Todo el cómic está plagado de referencias a Young que harán las delicias de sus fans, pero acaba siendo un batiburrillo en defensa del ecologismo y en contra de la guerra mal terminado. Los elementos de realismo mágico, si bien al principio son un recurso interesante, acaban por resultar un poco bobalicones. Muy loable, pero demasiado confuso y oscuro. Tan disperso como el disco de Young y su pensamiento. Sólo para convencidos.