Moriré a medianoche, de Kyle Baker

Portada Moriré a medianocheSí bueno, a decir verdad yo creo que eso de moriré a medianoche es lo que piensan bastantes jóvenes que salen de marcha a medida que va avanzando la noche y se ponen hasta el ojete de alcohol, porros y pilulas, pues debe llegar cierto momento del despiporre en el que seguramente han de pensar que en un rato les dará un pedazo de sofoco y se quedarán tiesos. Pero no amiguitos, hoy no vamos a hablar sobre desfases locuelos, sino sobre un cómic la mar de curioso, muy entretenido y ante todo bastante recomendable.

Creo recordar que fue publicado por estos lares hace ya unos pocos años por Norma editorial. La verdad es que de la existencia de este cómic me enteré en su día en la misma tienda, cuando en una de mis visitas de por aquel entonces lo vi en uno de los estantes, me resultó curioso en el breve vistazo que lo eché así un poco por encima y me dije que ya me haría con él en mi siguiente visitaza. Y como al contrario que los políticos soy un tío que cumple sus promesas, volví de nuevo a lo General MacArthur y me hice con él como un campeón…

Lo que realmente me llamó la atención de este cómic fue el resumen que leí en la contraportada sobre su alocado argumento. Y es que la historia se desarrolla en Nueva York, el 31 de diciembre de 1999, donde veremos cómo el protagonista (Larry) decide suicidarse porque no soporta vivir sin su querida novia Muriel, que le acaba de abandonar. Pero justo después de tomarse unas pastillas, Muriel se presenta en su casa y le pide volver con él. Larry, desesperado, le oculta que ha intentado suicidarse, pero también tiene que hacer algo para contrarrestar las pastillas que se ha tomado, o morirá a medianoche.

De esta forma, el argumento se convierte en una alocada carrera contra el tiempo, ya que nuestro protagonista tendrá que apañárselas para encontrar a Gigi, una doctora que vive en la otra punta de la ciudad que le puede dar un antídoto. Pero el reloj va marcha atrás para nuestro protagonista, y esa noche hay miles de personas que se preparan para celebrar la llegada del año 2000, por lo que la ciudad está hasta los topes, lo que no ayuda precisamente a nuestro protagonista. Todo ello aderezado con el estilazo tan peculiar de Kyle Baker, con ese estilo suyo en plan cartoon, que a mí personalmente me encanta.

Sin duda alguna, se trata de una lectura un tanto movidita y muy bien narrada. Es una divertida carrera contrarreloj donde el protagonista se va encontrando dificultades de todo tipo que llegan casi hasta a poner nervioso al lector y donde uno no puede dejar de pensar qué más desgracias le pueden ocurrir a este pobre hombre. Así que si gustas de este tipo de historias de guiones jocosos y alocados (con su puntito de dramatismo también) mira a ver si lo encuentras por ahí de saldillo en alguna de las tiendas que visitas…

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