Siempre me han gustado las ucronías, esas vueltas de calcetín a la historia como What If bien hechos en las que se inventan realidades alternativas. La editorial italiana 001 desembarcó en España con Luxley, una obra de fantasía que relata el descubrimiento de Europa por los pueblos precolombinos en el siglo XII.

Un líder espiritual ha tenido una visión en la que se le anuncia que dentro de 300 años llegarán unos conquistadores allende los mares y arrasaran las culturas inca, maya y azteca. Antes de que esto suceda, una poderosa armada de los llamados atlantes se apoderarán de los reinos cristianos mientras sus ejércitos se encuentran enfangados en las cruzadas.


La guionista francesa Valérie Mangin, autora de Crónicas de la Era Galáctica y El Azote de los Dioses, es la responsable de Luxley, un muy interesante punto de partida que una vez más desaprovecha. Mangin no consiguió engancharme con sus obras previas y con esta ratifica mis impresiones. La guionista sabe concebir ideas atractivas que luego desarrolla de forma rutinaria y anodina en un relato plagado de inconsistencias. Ante la invasión atlante, será Robin de los Bosques, Luxley, el paladín de los reinos europeos. Pero da igual quienes sean los enemigos. Vienen del otro lado del atlántico, pero podrían ser musulmanes, piratas o lo que sea. No hay diferencia. Mangin no explota las posibilidades de cambio del mundo y de la historia.

Todo el cómic está salpicado de ridículos toques de magia tan del gusto de la BD, con un villano que flota sentado en el aire de forma absurda y contínuas visiones fomentadas por el abuso del peyote que, como recurso narrativo, no están mal al principio, pero que se hacen repetitivas hasta el hastío. Los personajes son poco atractivos y los protagonistas incluso repelentes, con comportamientos inexplicables e incomprensibles. Es el caso del monje que ayuda a Luxley o la capacidad de éste de escapar a las visiones de los atlantes. A mitad de la historia uno ya ha perdido el interés en lo que está leyendo y todo acaba siendo una medianía. Hasta el comic en sí es medianamente aburrido.


Añadamos a esto un dibujante competente, el español Francisco Ruizgé, pero que no deslumbra, y un tamaño totalmente inapropiado para este tipo de obra, y tendremos como resultado una decepción en su conjunto. Al final todo parece bastante tonto, desde el protagonista hasta sus antagonistas, pasando por el desarrollo de la historia y la misma situación. A lo que parece querer ir a parar Mangin es a darle la vuelta a la conquista y colonización de América. Un “pongámonos en su lugar”, lo que habría pasado si fuera al revés. La misma guionista ha dicho que lo que quería era darle una oportunidad a los pueblos precolombinos, pero se queda en una crítica llena de tópicos y lugares comunes.

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