Lost Girls, de Alan Moore y Melinda Gebbie

Lost Girls de Alan Moore es una obra controversial: prohibida en varios países, retenida por aduanas en otros, fácilmente podría ser descartada como uno de esos trabajos polémicos que quedan encerrados en algún recinto de nuestra mente en donde guardamos nuestros tabús y pensamientos escandalosos. Pero sería un grave error hacer justamente eso con esta novela gráfica. Utilizando creaciones literarias bien establecidas tales como Alicia (del país de las maravillas), Dorothy (de la tierra de Oz) y Wendy (de la tierra de nunca jamás), el conocido autor británico ha logrado, una vez más, innovar el noveno arte.
Hagamos una rápida revisión, capítulo por capítulo, para entender por qué Moore le ha dedicado tanto tiempo y reflexión a estas páginas.
Todos los que estén familiarizados con las historias infantiles, sabrán reconocer la importancia de los espejos, estos objetos mágicos y poderosos que a menudo juegan un papel clave. Los espejos también nos definen, al menos de acuerdo con psicoanalistas de la talla de Jacques Lacan. En la teoría lacaniana la etapa del espejo hace referencia a un niño entre 6 y 12 meses; es decir, una criatura incompleta, vulnerable, incapaz de caminar con soltura o incluso de controlar sus esfínteres: la viva antítesis de los adultos que lo rodean. Hasta que un día la madre señala al espejo y le dice “ese niño de allí eres tú”. Esto significa que su imagen reflejada se convierte en su primer ideal del ‘yo’; en el espejo él es un ser completo, es lo que la madre quiere que sea; y de este modo enfrenta por primera vez la intensa dinámica del deseo intersubjetivo. Pero olvidémonos de todas estas charlatanerías teóricas, ¿qué importancia tendrían en relación al primer caso? El libro uno comienza con “El Espejo”. Cada viñeta de este capítulo es, de hecho, un espejo; en realidad, es el espejo de Alicia que refleja los eventos cotidianos de su vida: sus furtivos encuentros lésbicos, sus sesiones masturbatorias, y la desaprobación de la moral tradicional, representada aquí no por una madre hostigadora sino por las sirvientas de la madre que nerviosamente se preguntan cómo una dama de buena educación puede caer en situaciones tan aberrantes. Cuando Alicia rechaza su imagen idealizada también desafía el deseo de la madre.

«Sombras perdidas» nos remite a una de las afirmaciones de Alicia sobre teoría platónica. Si recordamos la alegoría de la caverna, aceptaremos que el mundo real es un mundo de sombras, simples reflejos que guardan una vaga similitud con el mundo de las ideas. No obstante, aquí el mundo de las sombras es mucho más intenso y real que la propia realidad. Wendy llega al hotel con su esposo, un hombre canoso y amargado que no le presta atención y que parece más interesado en un libro con ilustraciones eróticas que encuentra en su habitación. La tensión sexual no resuelta es evidente en la pareja. De pronto una fuente de luz proyecta sombras en la pared de la alcoba; Wendy está zurciendo calcetines, guardando ropa de las maletas, y alcanzándole un documento (envuelto de forma cilíndrica) a su marido; no obstante, las sombras muestran algo muy distinto: una fellatio y una penetración anual. Y es que las sombras no muestran lo que sucede sino lo que realmente ocurre al interior de estos personajes. Además, no deja de ser divertida la referencia al juego de Peter Pan y su sombra rebelde, y a la habilidad de Wendy de coser la sombra al cuerpo de Peter Pan.

Los libros dos y tres indagan mucho más sobre la psique de estas tres mujeres. Y el sexo se convierte en la clave de esta exploración física y psíquica. El sexo humaniza a personajes como el espantapájaros, el león cobarde y el hombre de hojalata. Sin embargo, los actos sexuales son potencialmente peligrosos en el entorno de Wendy, sobre todo cuando el capitán Garfio es un pedófilo que solamente quiere ultrajar a Peter Pan (y de paso a Campanita). Finalmente, Alicia encuentra refugio en el hogar de una lesbiana que la obliga a participar en actos de tal depravación que ella no podrá soportar…
Cuando el archiduque de Austria es asesinado, empieza la primera guerra mundial. Mientras todos huyen, el dueño del hotel (un escritor gay de literatura erótica) y su personal organizan orgías que incluyen a las protagonistas. Así, Dorothy entenderá el poder del sexo; Wendy, previamente vista como una mujer subyugada e insegura ya no se sentirá avergonzada de nada; Alicia reevaluará su vida y aprenderá a sentirse por fin cómoda con su propia sexualidad.
La narración elíptica de Moore conecta las primeras páginas con el penúltimo capítulo, nuevamente centrado exclusivamente en el espejo de Alicia. Pero la superficie ya no refleja a las mujeres del inicio de la historia, sino a personajes que se han redefinido, que han madurado y que al fin se aceptan a sí mismas. Ya no hace falta estar a la altura de la imagen idealizada del espejo porque ellas por fin pueden ser lo que realmente son. El último capítulo es un sentido adagio que nos recuerda por qué, en última instancia, es mejor hacer el amor que hacer la guerra.
Lost GirlsEdición original: Lost Girls USA
Guión: Alan Moore
Dibujo: Melinda Gebbie
Norma Editorial
Formato: Libro cartoné, 104 págs.
Precio: 20€ c/u













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