Las puertitas del Sr. López, de Carlos Trillo y Horacio Altuna

Página Las puertitas del Sr. López - 00La rutina, a menudo, puede llegar a ser asfixiante. Quien hace lo mismo todos los días no sólo se convierte en un sujeto predecible sino también en alguien tremendamente aburrido. La rutina, no obstante, nada tiene que ver con nuestros ritos cotidianos o nuestras tareas diarias. Ir a la oficina, de 9 a 5, de lunes a viernes, podría parecer a simple vista como un trajín tedioso, pero mientras mantengamos nuestra capacidad de sorpresa y, sobre todo, nuestra curiosidad, entonces no terminaremos sofocándonos.

Carlos Trillo y Horacio Altuna, dos de los más importantes autores de cómics de Argentina, reinterpretan la frustración de un héroe sin aventuras desde la perspectiva de un modesto oficinista: el señor López. Esclavizado por sus jefes, atrapado en un puesto laboral mediocre y confinado a un matrimonio desgastado e infeliz, el señor López tiene aún una última alternativa. Escapar, aunque sea por breves instantes, a la horrible realidad y abrir una puerta, la que sea, para acceder a un mundo fantástico.

Con una envidiable economía narrativa, Trillo y Altuna retratan situaciones dramáticas en capítulos de 5 páginas. Cada uno de ellos tiene una estructura clara: empiezan firmemente anclados en la realidad, despegan hacia la fantasía más alucinante y, finalmente, aterrizan en una realidad distinta, alterada y afectada por lo que se pudo ver o, acaso, apenas intuir en el reino de la imaginación.

Página Las puertitas del Sr. López - 01Aunque todos los capítulos “Las puertitas del Sr. López” son fascinantes, me centraré en algunos de los más entrañables. El primero de ellos, muy filosófico y, quizá, hasta deudor de la vertiente existencialista, arranca con un López agobiado por las faenas de escritorio. Cuando falta poco para la hora de la salida, escapa al baño. Al abrir la puerta entra a una dimensión estrambótica. Allí, una larga fila de hombres y mujeres espera su turno. Como buen burócrata, López no tiene mejor idea que hacer la fila, sin importar cuánto demore, hasta que llega al Contestador, un sabio que tiene “la respuesta exacta a la pregunta que usted siempre se hizo”. Abrumado por tan trascendental promesa, López queda absorto y lo único que puede balbucear es una pregunta estúpida (¿qué hora es?) perdiendo para siempre la oportunidad de encontrar el propósito de su vida.

Otro capítulo, más íntimo, retrata la triste vida sexual de López y su esposa, una mujer gorda y vieja que siempre lo trata con hostilidad. Compartir el lecho hace mucho que dejó de ser un evento alegre para convertirse en un desagradable deber. López entra al baño y termina en una playa paradisíaca, frente a un chica joven, preciosa y con una sonrisa sensual y misteriosa. Armado con esta fantasía, sale del baño y reingresa a la lid matrimonial; por fin se le hace posible, y hasta soportable, acostarse con su mujer, porque en la oscuridad de la noche y con los ojos cerrados, él puede seguir viendo a la muchacha anónima de sus ensueños.

Página Las puertitas del Sr. López - 02“La libertad de creación y la pasta”, “El artista mercenario contra el artista libre”, “Dialéctica de la supervivencia del arte puro” son títulos que bien podrían aplicarse a este capítulo, que empieza con una discusión sobre la naturaleza de la creación artística. Cuando López atraviesa la puerta del baño se encuentra con un artista rebelde, que piensa en crear antes que en ganar dinero; sin embargo, torturado por un público incomprensivo y por la dureza de vivir sin recursos económicos, termina ahorcándose; la ironía máxima es que este artista se cuelga de un árbol que él mismo ha pintado antes.

En un trayecto en tren, López es testigo de la fogosidad de una joven pareja que dan rienda suelta a sus impulsos sexuales. Fastidiado, se retire momentáneamente del vagón y entra a una realidad alternativa en la que él es un guardia de seguridad en un parque. Allí prohíbe que los niños pisen el césped e impide que las parejas de enamorados se besen. Pero su obsesión por una supuesta decencia termina volviéndose en su contra. López descubre que sus ganas de reprimir a los demás son el fruto de sus propias circunstancias; si mira con odio el amor entre dos jóvenes es porque el amor que tuvo por su mujer, si alguna vez fue amor de verdad, hace mucho que se esfumó; si castiga a los que gozan es porque él mismo no tiene oportunidad de gozar.

Bajito, calvo, regordete, poco agraciado y pusilánime, López no es el tipo de hombre que podría impresionar a Leticia, la nueva secretaria de su oficina: una despampanante chica que atrae las miradas de todos. Para ella, sin embargo, cualquier hombre mayor de 30 años es un viejo. Despechado, López encuentra la forma de curar su orgullo herido. Tras cruzar el umbral de una puerta se encuentra con una Leticia gigantesca. Físicamente, el amor es imposible entre ambos (la escena, magistralmente ilustrada por Altuna, tal vez le sirvió de inspiración a Almodóvar en “Hable con ella”).

Página Las puertitas del Sr. López - 03A López le gusta perder el tiempo, pero cuando abre la puerta del baño de un cafetín, termina perdido en el tiempo, literalmente. En una especie de limbo, López observa el desfile de la historia de la humanidad. Una vez más, Altuna se luce con impresionantes ilustraciones que nos hacen recordar diversas etapas históricas.

La promesa de un ascenso logra despertar en López un inesperado afán por la competencia. Durante días, López compite con el único colega que podría ganarle el ascenso. Pero cuando entra al baño y se ve a sí mismo combatiendo a garrotazos con el otro empleado, descubre que ambos tienen las extremidades atadas a hilos. Ellos son, en efecto, marionetas que obedecen todas las órdenes de un jefe déspota. López intenta cortar los hilos pero es imposible. La secuencia final, entre el arrogante jefe y el amilanado López es de antología.

En la vida real, Trillo y Altuna lucharon valerosamente en contra de la censura. Les tocó vivir una época turbulenta, políticamente convulsa. Y probablemente la mejor manera para enfrentarse con la dictadura militar de ese entonces era haciendo lo que mejor sabían hacer: escribiendo y dibujando cómics. La libertad de expresión es el punto central de un capítulo que empieza con una discusión entre un padre y su hijo. López, apenas un invitado, se siente incómodo y no sabe qué decir. El padre critica a su hijo por sus gustos musicales, y le prohíbe que escuche música que él no considere apropiada. López se disculpa y va al baño. Al abrir la puerta es transportado a un terrible futuro en el que el triunfo de la censura es total. La gente no habla, todos son mudos y viven asustados, las librerías han sido reemplazadas por estacionamientos, la policía, de evidentes rasgos fascistas, encarcela a todo aquel que rompa el silencio del conformismo.

“Las puertitas del Sr. López” es un clásico indiscutible del cómic sudamericano. Como menciona la escritora Angélica Gorodischer en el prólogo, necesitamos al señor López “para que abra la puertita, gesto banal y fácil pero que no siempre nos atrevemos a ejecutar”. Aunque hayan pasado 35 años desde la fecha original de publicación, nos seguimos identificando con López, y con esa fantasía que tiene más peso que la realidad. Hay que agradecer al equipo creativo argentino. Los guiones de Trillo son notables, y encuentran en Altuna, uno de los más talentosos artistas de la región, al aliado perfecto. Juntos, crean historias dramáticas, tristes, divertidas, irónicas y reflexivas. Y en cada capítulo capturan el conflicto interior, el remolino de sentimientos que todos llevamos dentro.

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