Portada La última tentacion de Alice CooperEl miedo a crecer es algo con lo que todos nos podemos identificar. El viaje hacia la madurez es como una extraña e impredecible odisea, y nadie puede estar seguro de su desenlace ni de sus vicisitudes. Tal vez, entonces, la forma más fácil de describir la quintaesencia de la adolescencia es como un instante eterno de inseguridad, como un sentimiento de anhelo y al mismo tiempo de confusión, como una incertidumbre que a duras penas entibia nuestros corazones en las noches más frías.

Para Steven, el protagonista, crecer es quizás lo más terrorífico del mundo. Indisputablemente, es mucho más aterrorizador que los monstruos que acechan en las sombras de la víspera de Halloween. Y ese miedo irrumpirá en su vida, repentinamente, inexorablemente, durante una caminata con sus amigos.

En un pueblito en el que jamás sucede algo sorprendente, Steven y sus amigos quedan impresionados ante la presencia de un siniestro y decrépito teatro. No entienden cómo esta es la primera vez que encuentran un lugar así, sobre todo porque han vivido en este pueblo desde que nacieron. Sin embargo, algo los atrae. O más bien, alguien los llama: el dueño del teatro. Una figura espectral que comparte un cierto parecido con Alice Cooper (recordemos que esta novela gráfica se basó en una historia escrita por Neil Gaiman y Alice Cooper, publicada por primera vez por Marvel Comics en 1994).

“Malditos sean mis ojos. Vaya concurrencia de jovencitos tan atractivos. Qué dulce congregación de la carne”, expresa el dueño del teatro. Y los invita a entrar al teatro. Pero todos los chicos tienen miedo. La intuición les dice que hay algo maligno en este hombre. Él parece estar demasiado entusiasmado con ellos, demasiado obsesionado con el aspecto juvenil de sus rostros. Uno por uno, los muchachos inventan excusas y declinan la invitación del hombre del teatro, todos ellos excepto Steven, quien intenta demostrar que no es el miedoso que sus amigos piensan que es.

Ese es el mayor error de Steven. Aceptar la invitación del dueño del teatro. Porque apenas lo hace, el terror empieza. Después de todo, él está en el teatro de lo real. Lo real en vez de la realidad. El momento en el que Steven entró al orden simbólico, la inmediatez de lo real pre-simbólico se perdió para siempre, el verdadero objeto de deseo se convirtió en algo inalcanzable. Sin embargo, ahora él se está insertando de nuevo en lo real. Como dije al principio, los anhelos de Steven también están asociados con la confusión inherente de su edad. Él quiere profundamente pero no sabe qué es lo que quiere. De acuerdo con Jacques Lacan, todo objeto que encontramos en la realidad ya es de por sí un substituto del original perdido en lo real.

“Entre mis amigos, había acordado que las chicas debían ser aborrecidas, que la feminidad, en su totalidad, era menos bienvenida que meterse el dedo en la nariz. Pero en casa… en privado… en la noche… tal vez… había empezado… a sentir algo diferente. Había encontrado mi tentación”. Hipnotizado por el decadente show del teatro de lo real, Steven experimenta la excitación sexual por primera vez en su joven vida. Él ha encontrado en Mercy, una atractiva dama, a su objet petit a Lacaniano, el quimérico objeto de fantasía, el objeto que causa el deseo. Mientras entra en la fantasía de la femme fatale sexy, experimenta cómo este objeto-fantasía materializa únicamente el vacío de su deseo. Esa ausencia irreducible y constitutiva que es la base del deseo.

Además del despertar de su sexualidad, Steven también es confrontado con los miedos y frustraciones del mundo adulto. En una escena de pesadilla, el adolescente ve su futuro. Años más adelante, él tendrá que responder una simple pregunta: “¿qué estás haciendo con tu vida?”. Y su respuesta será descorazonadora: “nada”. Él no tendrá trabajo, ni carro, ni dinero, ni chica. Cualesquiera que fuesen los talentos que tenía de niño ahora se han desvanecido. En este momento de su vida, él está considerando prostituirse, es eso o cometer suicidio.

Michael Zulli ilustra magistralmente esta secuencia de pesadilla. La decrepitud del edificio se extiende a los zombis y otras criaturas putrefactas. La textura única de los lápices de Zulli y sus delicadas pinceladas ayudan a crear una atmósfera fascinante. Como explica Gaiman en su introducción, se suponía que esto era “Un relato de fogatas […] un cómic para cuando las hojas empiezan a crujir y a caer. Una lectura ligera para lo que Ray Bradbury llamaba el país de octubre”; y de hecho, la poesía del otoño, la rivalidad entre la luz y la oscuridad, los grandes diseños y las composiciones atrayentes son pintadas maravillosamente por Zulli.

Después de salir de este fantasmagórico teatro Grand Guignol, Steven intenta correr tan rápido como puede. Va a casa y luego al colegio, siempre en busca de seguridad. Pero ni sus padres ni sus profesores serán capaces de protegerlo. Porque el dueño del teatro todavía está detrás de él. Él visita a Steven en sus sueños, convirtiéndolos en pesadillas. Invade los cuerpos de aquellos que rodean al adolescente, e intenta persuadirlo para ir al teatro una vez más, para el gran final.

Aunque Steven está asustado, sigue siendo un chico listo. Y realiza una minuciosa investigación sobre las víctimas del teatro. Descubre que por más de un siglo, muchos chicos desaparecieron del pueblo, siempre en la víspera de Halloween. El dueño del teatro ha estado secuestrando chiquillos por años, corrompiendo sus almas y cuerpos. Steven nuevamente va al teatro de lo real. El hombre le hace una solemne promesa: si se une al teatro nunca envejecerá. “Nunca crecerás, Steven. Nunca te deteriorarás. Nunca habrá fin”, el dueño del teatro resalta que la adultez no tiene nada de bueno, no hay nada prometedor en el futuro.

Tal vez el horror definitivo es volverse adulto. Olvidar los sueños que teníamos de niños para aceptar la realidad gris. Sacrificar la posibilidad de una buena vida sólo para sobrevivir en la cruel realidad. Cuando estaba leyendo las páginas finales de “The Last Temptation” no pude dejar de pensar sobre mi propia vida. ¿Sobre qué fantaseaba yo cuando tenía la edad de Steven? ¿Qué era lo que más deseaba en ese entonces? ¿Llegué a rendirme en algún momento o seguí haciendo el esfuerzo? Estoy seguro que cada lector formulará sus propias preguntas; las respuestas, sin embargo, no están garantizadas.

“Mi único arrepentimiento es que desearía haberlo hecho mejor”, confiesa Michael Zulli en el epílogo. Comparto su misma preocupación, como creador rara vez me siento satisfecho con mi trabajo. Así que es reconfortante ver a un artista legendario como Zulli expresando las mismas inquietudes. Eso sí, debo decir que el arte de Zulli a lo largo de esta novela gráfica es una absoluta delicia. Un placer para ojos adoloridos. ¿Y cómo podría ser de otro modo viniendo del autor que nos dio “The Fracture of the Universal Boy”?

“The Last Temptation” es, indudablemente, la mejor novela gráfica que he leído en el 2014. Por favor, búsquenla y léanla. Y luego, lentamente, intenten responder algunas de las preguntas. Esperaré aquí pacientemente por las respuestas.

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