Portada Jupiter´s Circle 1 y 2A los ojos de los nostálgicos, los 50s fueron una época dorada, más simple y más pacífica, en la que todas las familias estadounidenses valoraban la decencia, la honestidad y el trabajo duro. Sin embargo, los 50s también fueron una década oscura. El racismo campeaba a sus anchas, y todavía eran lejanas las ideas revolucionarias que se concretarían en décadas posteriores; la intolerancia cultural y los prejuicios sociales eran perfectamente aceptables; y reinaba la normatividad heterosexual.

Los ingenuos cómics de superhéroes de los 50s fueron un reflejo de su época. Y por ello es lógico que el escritor escocés Mark Millar subvirtiera los fundamentos de la narrativa heroica tradicional en la tan esperada precuela de Jupiter’s Legacy.

“Jupiter’s Circle”, por lo tanto, no se centra en los hijos mimados de los principales héroes del mundo, sino más bien en sus padres, y su pasado juvenil cuando aún estaban aprendiendo lo que significaba ser los salvadores de la humanidad. Millar combina las amenazas globales típicamente alocadas con una exploración aguda y profunda de las motivaciones de estos aventureros.

Portada Jupiter´s Circle 3 y 4Utopian, Lady Liberty, Skyfox, Flare, Blue-Bolt y Brain-Wave interactúan entre sí con naturalidad. Después de vencer a los enemigos se reúnen en su cuartel general a beber whisky y a fumar cigarrillos. Claro, ese es el tipo de cosas que Superman, Wonder Woman o Flash jamás habrían hecho en los 50s (demonios, incluso hoy en día si Superman se toma una cerveza sería visto como algo controversial), pero aquí todo tiene sentido. Ser un superhéroe no significa ser un santo.

Podemos ver el ataque de un pulpo gigante y las peculiares estrategias que permiten que los superhéroes ganen la batalla (esto sería suficiente para satisfacer a los lectores anhelantes de homenajes a la edad de oro), sin embargo, este título no está destinado a estimular nuestra nostalgia. Por el contrario, se trata de un análisis muy lúcido sobre la naturaleza de la masculinidad y el arquetipo del superhéroe norteamericano.

Fijémonos en Blue-Bolt (Richard Conrad), un hombre que ha salvado al mundo una y otra vez. Es respetado y admirado en Estados Unidos, es famoso y atractivo. Pero tiene un secreto que podría costarle toda su fama y fortuna: es homosexual. Y ser homosexual en 1955 era muy peligroso. Otros superhéroes se preocupan por ser desenmascarados, pero él está preocupado por salir del closet. En lugar de la clásica identidad doble (vigilante enmascarado y alter ego civil), él tiene una triple identidad (vigilante enmascarado, alter ego civil y su vida secreta como homosexual). Hay escenas muy provocadoras que muestran la promiscua vida sexual de Blue-Bolt: sus encuentros furtivos con hombres anónimos, su cacería masculina en los parques de Los Ángeles, siempre en busca de una mamada rápida y arriesgándose a ser detenido por la policía.

Portada Jupiter´s Circle 1 y 2No es de extrañar que en algún momento lo atrapen con las manos en la masa. Y eso es lo que sucede cuando entra en escena una influyente figura de poder: J. Edgar Hoover, director del FBI. Hoover tiene en su poder un conjunto de fotografías muy comprometedoras que muestran a Richard Conrad teniendo contacto íntimo con un jovencito. El fundador del FBI procede a chantajear a Richard. La idea de que su secreto salga a la luz públicamente es suficiente para causarle un ataque de nervios. La solución, sin embargo, es tan simple como lógica: fotografiar a J. Edgar Hoover mientras está teniendo relaciones sexuales con el agente Clyde Tolson, su amante de toda la vida. Hooever era un gay “en el closet”, a pesar de ello, amenazó y atacó a los homosexuales durante años (y eso es un hecho histórico).

Por supuesto, no todo gira en torno a la homosexualidad. También tenemos un montón de infidelidad y relaciones sexuales extramaritales, cortesía de Flare, un superhéroe que está harto de su esposa y termina seduciendo a una adolescente. La mentira, la traición y la sexualidad desenfrenada parecen definir, en buena medida, la vida secreta y sórdida de este grupo de superhéroes.

Artísticamente, Jupiter’s Circle combina lo mejor de dos mundos. Tenemos la oportunidad de admirar el maravilloso trazo de Frank Quitely, quien nos ofrece las portadas del primer arco (como de costumbre, su arte es absolutamente impresionante); y luego tenemos a Wilfredo Torres, que rinde homenaje a épocas más simples, con un estilo que nos recuerda a los cómics de los 50s. Torres es un dibujante adecuado; por desgracia, David Gianfelice, su sustituto, no estuvo a la altura de nuestras expectativas. De todos modos, no puedo esperar a leer el segundo volumen que seguramente será espléndido.

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