Druuna: Morbus Gravis, de Paolo Eleuteri Serpieri

Portada Morbus gravisLa primera vez en mi vida que entré en contacto con la obra del genial artista italiano Paolo Eleuteri Serpieri, fue gracias a la revista “Zona 84”. Sin embargo, hasta el día de hoy no había tenido oportunidad de leer la primera saga de Druuna, publicada originalmente en 1985 por la editorial Alessandro. Alguna magia debe haber en el mar Mediterráneo, porque lo cierto es que los más prestigiosos creadores de arte erótico provienen de Italia: Serpieri, Manara, Liberatore, Giardino, etc.

Con un trazo exquisito y un dominio magistral de la tinta china y la acuarela, Serpieri convierte a Druuna en una tremenda obra de arte. El artista italiano equilibra con elegancia la profusión de detalles, una concepción deliciosa de la anatomía humana y un gran conocimiento de la composición. Sin embargo, vale la pena señalar que el estilo de Serpieri seguiría evolucionando y perfeccionándose cada vez más. “Morbus Gravis” marcaría una primera etapa en el ejercicio artístico de Serpieri, que se vería complementado con el virtuosismo gráfico de la secuela “Delta”.

“Morbus Gravis” significa, literalmente, morbo grave. Morbo, a su vez, deriva de ‘mori’ (morir) en latín y es por eso que, etimológicamente, esta palabra está sobre todo asociada a la enfermedad; no obstante, con el tiempo adquirió un nuevo significado: vicio, degeneración moral, padecimiento mental. No nos debe extrañar, entonces, que en este juego de palabras se encuentre la clave de la propuesta de Serpieri: Druuna es una mujer hermosa y sana que vive en un mundo enfermizo y depravado.

El mundo de Druuna es más aterrador que cualquier pesadilla, y de hecho el horror y la monstruosidad que acosan a la protagonista permiten que el autor explore con maestría escenarios oníricos de un barroquismo alucinante. En palabras del propio Serpieri: “Existe un contraste entre Druuna, que es el personaje femenino, bastante guapa, sexy, exuberante, opulenta, y el ambiente de destrucción que la rodea, por ejemplo, esa enfermedad terrible que destruye a todos los humanos. Druuna, en cambio, no puede contaminarse por el hecho de ser inocente”.

No obstante, vale la pena aclarar que Serpieri entiende el término ‘inocente’ de acuerdo a su acepción clásica. Inocente deriva de ‘in-nocens’, es la negación de ‘nocens’ (nocivo, en latín). Por lo tanto, el significado real de inocente es aquel sujeto que no hace daño a otros, alguien inofensivo. Inocente nunca ha sido sinónimo de virgen, por más que mucha gente se empeñe en darle ese significado. Druuna, por supuesto, es inocente en el sentido auténtico del término; aunque ella es tierna y dulce, también es totalmente perversa, tal como Lacan definiría la perversión: ella es instrumento de la voluntad de goce del otro.

Este es un punto importante, y si lo pasamos por alto, no entenderemos cabalmente la propuesta de Serpieri. Un lector poco informado podría afirmar que Druuna es una mujer pasiva, víctima de innumerables abusos sexuales, tanto a mano de seres humanos como de criaturas monstruosas. Pero tal afirmación sería errónea. Druuna es perversa en la medida que es instrumento de la voluntad de goce del otro, y esto significa que se vuelve imprescindible para todos los hombres que tienen sexo con ella. Mediante el uso irrestricto de su sexualidad y su apabullante atractivo físico, ella logra sobrevivir en un mundo corrompido y en decadencia. Druuna está atrapada “en un contexto absurdo, terrible, demencial”, y sin embargo logra imponerse gracias al poder del erotismo. Recordemos que erotismo deriva del griego ‘érōs’; es decir, el amor físico, el deseo sexual, lo que Freud denominaba libido o pulsión de vida. Por lo tanto, en un escenario signado por la muerte y la putrefacción, el sexo se vuelve imprescindible.

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