Portada Doom Patrol Omnibus¿Qué tan común es el estereotipo del artista loco? Claramente, si echamos un vistazo a escritores británicos como Alan Moore o Grant Morrison nos daremos cuenta de lo excéntricos que son y veremos cómo su trabajo se ha beneficiado enormemente debido a sus rarezas y peculiaridades.

Eso es evidente en el prólogo de Grant Morrison: “decidí enseguida que iba a intentar restaurar ese sentido de rareza que hizo que la Patrulla Condenada original fuese tan memorable. Quería volver a conectar con el concepto fundamental, radical del título –que aquí había un equipo compuesto por gente con discapacidades […] Este era un grupo de personas con graves problemas físicos y, tal vez, más de un tornillo suelto”.

Morrison reafirmó a la Doom Patrol como el más extraño súper-grupo del mundo en “Arrastrándose desde los escombros”; el siguiente paso era la creación de la Hermandad de Dadá, dignos adversarios de este equipo de héroes inquietantes y trastornados. Mr. Nobody, el líder de la hermandad, se describe a sí mismo como “el espíritu del siglo XXI, el hombre abstracto. El hombre virtual. El hombre conceptual”, en su opinión, el bien y el mal son “conceptos anticuados de una época antigua”, así que su única misión es celebrar lo absurdo de la vida, agravar el caos y alterar o destruir el significado de las cosas.

En “El hombre de ningún lado” (publicado originalmente en Doom Patrol # 26, septiembre de 1989), Morrison comparte con nosotros el extraño e hilarante origen de Mr. Nobody. Y ese es el preámbulo de una de las sagas más ambiciosas, tremendamente creativas e increíblemente brillantes de Doom Patrol; en “El cuadro que devoró París” (Doom Patrol # 27, noviembre de 1989), podemos ver la gloriosa primera misión de la Hermandad de Dadá.

Portada Doom 26 y 27Además de Mr. Nobody, tenemos personajes inusuales como The Quiz, que literalmente tiene todos los poderes en los que no has pensado, y con el fin de ser derrotado, todo lo que tienes que hacer es pensar en esos súper poderes (por supuesto, pensar en cientos de habilidades extraordinarias puede ser en realidad una tarea bastante difícil); Sonámbula tiene fuerza ilimitada, siempre y cuando permanezca dormida mientras usa sus poderes; Niebla puede absorber personas, pero no le gusta hacerlo porque entonces no puede deshacerse de todas esas voces dentro de su cabeza y Frenesí es un vagabundo analfabeto que puede convertirse en un ciclón viviente.

Incapaz de hacer frente a amenazas tan ilógicas como un cuadro con la capacidad de devorar a toda la ciudad de París, la Liga de la Justicia no tienen otra opción que esperar a que la Doom Patrol solucione el problema. En “Laberintos” (Doom Patrol # 28, diciembre de 1989) y “El reino de No” (Doom Patrol # 29, enero de 1990), asistimos a la llegada del Quinto Jinete, el precursor del apocalipsis, una criatura que viaja de un nivel de la pintura a la siguiente, ganando cada vez más fuerza. Cada nivel de la pintura representa un movimiento artístico específico: realismo, impresionismo, futurismo, fovismo, surrealismo, simbolismo, cubismo, abstraccionismo y así sucesivamente. Por lo tanto, la única posibilidad de neutralizar a esta poderosa criatura es atrapándola en el nivel del dadaísmo, forzando así al jinete a perder todo significado y a aceptar lo absurdo.

Cuando la Doom Patrol fracasa, la Hermandad de Dadá debe rescatar a los protagonistas; de hecho, cuando el cuadro vomita París y la Doom Patrol apenas logra escapar con vida, la hermandad se queda en la pintura, viviendo para siempre fuera de la realidad.

Portada Doom 28 y 29El escritor escocés también sobresale en capítulos más íntimos, como podemos ver en “Ir bajo tierra” (Doom Patrol # 30, marzo de 1990), un viaje delirante por la mente escindida de Crazy Jane y sus 64 personalidades radicalmente diferentes. La saga del Culto del Libro No Escrito se desarrolla en “La palabra hecha carne” (Doom Patrol # 31, abril de 1990), “Descreador” (Doom Patrol # 32, mayo de 1990) y “El teatro de títeres” (Doom Patrol # 33, junio de 1990). Morrison nos sorprende constantemente con docenas de conceptos originales y maravillosamente extravagantes; me atrevería a decir que hoy en día cualquier escritor tomaría uno de esos conceptos y lo convertiría en una miniserie de 6 ejemplares, y el hecho de que Morrison pueda incluir tantas ideas página tras página demuestra que, en los 80s, él estaba en su mejor momento como guionista.

Antes de la llegada del Descreador (una entidad cósmica con el poder suficiente para borrar todo el sistema solar), hay síntomas del inminente día del juicio final. Aparecen muchos enemigos estrambóticos: los Solteros Secos (compuestos por partículas de piel humana sin vida), las Cometas Misteriosas (hechas de la piel y de los huesos de las víctimas de homicidio), los Espectros del Delirio, los Chicos de Nunca-Nunca Jamás, la Policía Pálida (capaces de atrapar a las personas dentro del laberinto de sus propias huellas digitales), las Sombras de Hiroshima (fantasmas radiactivos y atómicos de Japón), las Hermanitas de la Virgen de la Maquinilla de Afeitar, etc. Contra viento y marea, la Doom Patrol encuentra la manera de alejar al Descreador; en el proceso utilizan la Sagrada Familia de Barcelona como un afinador místico. “Gaudí diseñó esta catedral para recoger y transmitir energías espirituales”, explica Crazy Jane, y con la incursión de Cliff Steele en la ciudad extradimensional de Nurnheim se garantiza la supervivencia de nuestro mundo.

Portada Doom 30 y 31“El alma de una nueva máquina” (Doom Patrol # 34, julio de 1990) es uno de mis capítulos favoritos. Gira en torno a la distinción filosófica entre la mente y el cuerpo, y la primacía de la primera sobre la segunda. Mientras que el cuerpo robótico de Cliff Steele está en reparación, su cerebro es colocado cuidadosamente en un tanque lleno de nutrientes líquidos. Como Robotman, Cliff Steele es una contradicción fascinante, una mente humana para siempre atrapada dentro de un cuerpo robótico, ¿cuánto de su humanidad se ha perdido? ¿Y qué ocurre cuando su cuerpo robótico desarrolla una conciencia propia? Al mismo tiempo, Brain y Monsieur Mallah irrumpen en el cuartel general de la Patrulla Condenada. Brain es también una mente sin cuerpo, un alma atormentada que espera encontrar una manera de experimentar la vida física. Su aliado y compañero cercano es Monsieur Mallah, un gorila súper inteligente. Juntos discuten acerca de filosofía, movimientos culturales, historia y arte; desde luego, ellos supervillanos recurrentes de la Doom Patrol, pero en manos de Morrison también son una pareja fascinante. Y, de hecho, el autor revela que, incluso si Brain no tiene cuerpo, todavía tiene sentimientos y necesidades; de hecho, Brain y Monsieur Mallah se aman. Sin embargo, este es un amor platónico ya que Brain no tiene cuerpo y por lo tanto no tiene manera de expresar sus sentimientos hacia Monsieur Mallah, es por eso que su plan es apoderarse del cuerpo robótico de Cliff Steele. Esta es sin duda uno de los relatos románticos más extraños y surrealistas que he leído, y una de las primeras historias de DC Comics que tratan abiertamente el tema de la homosexualidad.

Las páginas de Richard Case mejoran número tras número y, en palabras del editor Tom Peyer, “verlo crecer desde un talento en bruto hasta ser un maestro artesano que nos inspira ha sido una de las recompensas más satisfactorias de Doom Patrol”. También debo elogiar las magníficas portadas de Simon Bisley, un artista capaz de introducir la locura en composiciones visualmente sorprendentes. “Morrison y el artista Richard Case se encargaron de una serie de superhéroes de cuarta categoría a principios de 1989, y pasaron los siguientes cuatro años llevándola a través de zonas de locura surrealista que los cómics apenas habían visitado en aquella época (y que no se han revisitado desde entonces)”; este maravilloso equipo creativo seguiría rompiendo esquemas con la deconstrucción del género de superhéroes, haciéndonos recordar por qué lo raro es sinónimo de valioso, y por qué extraño y prodigio encajan tan bien en una misma frase.

Portada Doom 32 y 33Portada Doom Patrol 34

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Doom Patrol vol.1, de Grant Morrison y Richard Case

Doom Patrol vol.1, de Grant Morrison y Richard Case