Y: El Último Hombre, de Brian K. Vaughan

Si ustedes tuvieron una infancia tan dura como la mia es posible que conozcan la zarzuela Gigantes y Cabezudos. En ella se cantaba una jota, Si las Mujeres Mandasen, cuya letra decía: «Si las mujeres mandasen / En vez de mandar los hombres / Serían balsas de aceite / Los pueblos y las naciones. / Si las mujeres mandasen / No habría nunca guerras odiosas / Que a concluir esas guerras / Irían madres y esposas». No me dirán que este no es un referente cultural ultrafriki para comenzar un artículo en un blog como este.

Y, El Último Hombre es una serie creada por Brian K. Vaughan y Pia Guerra que viene a derrumbar ese topicazo porque muestra cómo las mujeres son tan violentas, duras, ambiciosas y carentes de escrúpulos como los hombres. Pone de manifiesto cómo en un mundo sin hombres, que pierde de golpe toda una clase dirigente y religiosa, en el que desaparecen los obreros cualificados, pero también la mayor parte de los delincuentes, a las mujeres no les cuesta mucho adaptarse a la nueva situación y ponerse a la altura. Simplemente han estado subyugadas, para lo bueno y para lo malo. Como siempre hemos sospechado, las mujeres son perfectamente capaces de reproducir los mismos roles de brutalidad y dominación que los hombres. Y como en Rebelión en la Granja de George Orwell, al final no se distinguen los opresores de los oprimidos. O, si me permiten compensar el desliz del inicio, citaré a The Who: «Meet the new boss / Same as the old boss».

Sobre Y pesa la maldición de muchos de los comics norteamericanos de hoy en día: tiene un excelente guión lastrado por un dibujo bastante discutible que viene disfrazado tras espectaculares portadas. Y es Yorick, el protagonista de esta historia que casi podríamos llamar coral, y único superviviente varón tras una plaga que extermina a todos los hombres de la tierra. Yorick es inocentón, infantil, irresponsable y hasta ridículo. Un personaje nada atractivo con un irritante complejo de Peter Pan. Más bien es un tipo repelente e insoportable. El único hombre vivo se comporta como un perfecto imbécil mientras cruza el mundo en busca de su novia perseguido por complicadas tramas políticas y de espionaje.

A lo largo de la serie se introducen capítulos que son ejercicios de estilo à la Promethea. Parodias del western, la space-opera o la comedia de situación durante las que Yorick irá evolucionando, madurando, creciendo y dejando de ser caprichoso e impulsivo. Así la serie se presenta como una especie de road movie, un viaje iniciático para su protagonista, una paradoja en la que el último hombre se transformará realmente en un hombre. Y tras los alegatos pro-feministas radicales, al estilo de unas Panteras Negras de la femineidad, el mensaje intelectual de fondo presenta las desigualdades de nuestro mundo y las reduce al absurdo. Las mujeres no necesitan a su lado un macho que les dé fuerza, seguridad y estabilidad por su condición de mujeres, sino por su condición de seres humanos.

Las mujeres se organizan en grupos, algunos con una agresiva filosofía, dispuestas a asegurarse de que de verdad los hombres han desaparecido de la faz de la tierra y/o a aprovechar al único superviviente en su propio beneficio movidas por su ansia de poder o por ideologías radicales. Así, a lo largo de 60 números, discurre una entretenida historia que el lector sigue con la curiosidad de saber en qué rocambolesca situación se va a ver envuelto de nuevo Yorick en el siguiente capítulo y qué ha motivado la aniquilación de los hombres. De todos modos, la pregunta que asalta a lo largo de todo el relato es si de veras un mundo exclusivamente de mujeres se convertiría en un caos, si se daría esa barbarie y esa rapiña.

El planeta femenino se convierte en un paraje post-apocalíptico, y aquellos sectores en los que la labor de los hombres era predominante se han agotado. No queda casi ninguna fuente de energía. No se producen electricidad ni combustible. Y mientras unas mujeres añoran a sus compañeros, bandas de féminas violentas pretenden instaurar un nuevo orden que, anunciando diferenciarse al máximo del patriarcado, en realidad lo reproduce.

Lo mejor de Y, El Último Hombre es que, a pesar de los desvíos que va tomando, y de los episodios que interpola, hay un plan maestro. Desde un principio los autores saben a dónde van y cómo quieren acabar la colección. No improvisan. Al contrario, van dejando pistas a lo largo de cada comic para que el lector vaya intentando desenmadejar el ovillo por sí mismo. Al final Vaughan y Guerra atan todos los cabos y cierran el círculo con una nota emotiva. Concluyen a lo grande un comic que, con todas sus imperfecciones, acaba siendo casi redondo. Pero no se engañen durante su lectura. Lo que parece una historia divertida, en realidad no lo es.

Fíjense y se darán cuenta de que es triste. Muy triste. Y por si quieren saber cómo acaba la jota del principio, les diré que la cosa tiene una moraleja que no está muy distante de Y, El Último Hombre: «Y aún siendo muchos y muy valientes / En un día acababan con ellos / Luchando furiosas con uñas y dientes. / No hay que ceder, / Hay que luchar. / A pesar de ser débiles / Si nos mostramos furiosas / Los hombres nos temerán.» Ahí lo tienen.

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