Es el momento oportuno para echarle un vistazo a Un Dios Entre Nosotros, la muy estimable obra de John Arcudi (AIDP) y Peter Snejbjerg (Starman) editada por Norma. Cuenta la historia de Eric, un ser humano sencillo, alegre, con sentido de la justicia y muy unido a su hermano y a su mejor amigo. Un día es bendecido y maldecido a la vez con don. Poco importa cómo o por qué, pero Eric consigue unos poderes casi ilimitados. Un Dios Entre Nosotros supone una mirada realista al mito de Superman y a las consecuencias en la psique de un hombre corriente cuando se da cuenta de que puede hacer cualquier cosa. El protagonista pasa de querer ayudar a todo el mundo, a sentirse alienado y finalmente, como el Doctor Manhattan de Watchmen, a verse totalmente falto de empatía y de emociones. Se da cuenta de que, como al Dios del Antiguo Testamento, lo temen más que lo aman, y de que, al igual que sucede con Yahvé, lo unico que interesa a los humanos es que este “dios” esté de su lado.

El dibujo de Peter Snejbjerg posee unas profundas influencias de Richard Corben que le sientan muy bien al ambiente de esta novela gráfica. A veces tiene unos dejes que recuerdan a la etapa underground del artista de Kansas, otras, apoyado en el color de Bjarne Hansen, se aproxima más a sus últimos trabajos. El dibujante realiza un gran trabajo con la evolución física de cada personaje para reflejar así su peripecia interior. En especial el protagonista pasa de ser un surfero, a asemejarse al Jesucristo de la Sábana Santa, y terminar como un sintecho similar al Thor hippioso y un tanto desquiciado de los Ultimates. Unas ilustraciones que en varios momentos se refieren tanto a la iconografía cristiana tradicional, como traen a la mente las poderosas viñetas dibujadas por Corben para Banner, su colaboración con Brian Azzarello para el personaje de Hulk.

El guión de John Arcudi se desarrolla a través de una interesante estructura narrativa plena de flashbacks dentro de flashbacks y de incursiones al interior de la mente de los personajes, tejiendo un rico tapiz de secundarios y tramas auxiliares. Tras la vuelta de tuerca a la vieja máxima de que “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”, la historia se desliza en su segunda parte por un desparrame de destripamientos y destrucción altamente explícitos, con lo que pierde un poco la perspectiva. De nuevo trae a la mente el Banner de Corben y Azzarello al mostrar las abrumadoras consecuencias de los actos del supuesto superhéroe en páginas desatadas de ultraviolencia hiperrealista. Aún siendo un comic recomendable, Un Dios Entre Nosotros resulta un tanto fallido. Es un trabajo tan ambicioso que el anticlimático final con el que se pretende la reflexión del lector queda demasiado frío, y su esforzada profundidad filosófica queda definitivamente tan dispersa que deja la impresión de que el autor ha abarcado más de lo que podía apretar.

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