The Crazies, de Joshua Hale Fialkov y Rahsan Ekedal

Una peli con un título tan explícito como The Crazies promete yuyito, vísceras y zombies. Si viene, además, avalada por George A. Romero, a quien tanto le gustan los muertos vivientes, ya tiene todos los números para que la parroquia friki más retorcida babee de gozo. Romero produce este remake de una película suya de 1973. Un film en la misma línea que Crossed y Black Gas, un par de cómics que si no son de zombies, se les parecen mucho. En dos días un pacífico pueblo norteamericano se va al garete. Los habitantes poco a poco pasan incubar una enfermedad a volverse extremadamente agresivos. Claro está, la cosa se desmadra. Detrás hay una historia de virus, conspiraciones militares, un Sheriff increíblemente intuitivo, y poco más. A partir de ahí todo es «me escondo, me pillas, me escapo«, con el ejército repartiendo balas a quien se mueva, y una horda de desquiciados envueltos en una ensalada de sangre.

The Crazies pretende ser un muestrario de atrocidades, pero como toda película que aspira a algo en Hollywood, es timorata. Peor aún, el misterio es pobre y la inquietud que provoca, escasa. El guión tiene más agujeros que un queso de Gruyère, y muchas veces es formulaico. Hay demasiadas soluciones de último minuto, y el espectador no puede evitar que se le escape una sonrisita ante la falta de sorpresas. El argumento, desarrollo, dirección e intérpretes son de telefilm, y sin embargo es entretenido y mantiene enganchado hasta el final si no se le da muchas vueltas. A los lectores de Crossed les divertirá, pero no esperen el mismo nivel, el cine siempre aspira a un público más amplio y con menos estómago. Aún así, funciona para pasar el rato un sábado por la tarde.

The Crazies dio pie a una adaptación al cómic. Cine y comic, dos medios que se retroalimentan. Parece que no haya película de éxito que no tenga su contrapartida sobre el papel ilustrado, ni cómic con posibilidades que no vea su adaptación en la gran pantalla. A raíz del estreno, Image puso en la calle una miniserie de cuatro números en la que Joshua Hale Fialkov ejerce de escritor mercenario, y Rahsan Ekedal, al que pronto veremos en el nuevo arco argumental de Solomon Kane para Dark Horse, se encarga de los dibujos. Parte de los personajes secundarios de la película para mostrar cómo se causa la infección y cómo se extiende. No ofrece una explicación alternativa, sino que expande la información como si aportara secuencias no vistas de la misma película. El recurso al monólogo interior que muestra cómo la enfermedad afecta a la persona, lo que siente durante el proceso y lo que sucede dentro de su mente, resulta sumamente efectivo.

Evidentemente, esta versión en cómic es mucho más tremendista y como historia funciona mejor que la película, pero si no se ha visto ésta previamente, no se entiende nada. La ambientación está conseguida, el trabajo de Ekedal es brillante, y el guión de Fialkov, lo suficientemente denso. Si se hubiera incluido la línea argumental principal que también fue adaptada al cómic en iTunes, sería perfecto. Así se queda demasiado corto, en la mera anécdota. Es un cómic para aquellos que vieron la película y les gustó. Si es su caso, ataquen. Y si aún con eso no quedan satisfechos, busquen Black Gas de Warren Ellis, cómic del que les hablamos en este mismo espacio.