Los años dulces, de Jiro TaniguchiSerendipia es la palabra. Casualidades felices, descubrimientos maravillosos por puro azar. O los caminos del Señor son inexcrutables. Me llega cuando menos me lo esperaba, por un medio que no me esperaba, la obra publicada en España del japonés Jiro Taniguchi. Y me cae encima en el momento adecuado. Todos hemos padecido alguna vez una serie de catastróficas desdichas minúsculas que por acumulación acaban dejándonos para el arrastre al final del día. Son los momentos en los que uno necesita un baño caliente, un colacao humeante, el abrazo de mamá, quedarse dormido en el sofá mientras lee. Todo eso y mucho más es Los Años Dulces, una adaptación en dos tomos de El Cielo Es Azul, La Tierra Blanca, una novela de la escritora también nipona Hiromi Kawakami.

Los años dulces, de Jiro TaniguchiEl primero de esos dos volúmenes acaba de plantarse en las tiendas de la mano de Ponent Mon en una edición exquisita. Al deleite de tener este objeto en la mano se añade la suave alegría que inunda el alma cuando uno se adentra en la historia que pone en imágenes Taniguchi. Su delicado dibujo, de fondos detalladísimos, cuenta con ritmo reposado la relación de amistad, y tal vez algo más, entre un maduro profesor y su ya casi cuarentona alumna cuando se reencuentran muchos años después. Es un relato de sugerencias que se regodea en cada instante, en cada pequeño placer cotidiano. No sólo ya en el texto, sino en lo que implica cada gesto, cada mirada perdida o que se cruza, cada sonrisa contenida. En la fina expresividad lírica sin estridencias, en suma, de cada dibujo. En Los Años Dulces no pasa nada y a la vez sucede la vida entera. Saboreamos la comida, sentimos el sol sobre la piel, la hierba bajo nuestros pies. Nos sumergimos en deliciosos paisajes en los que, como los mismos personajes, tenemos momentos epifánicos, revelaciones por las que al final nos embarga una inmensa sensación de paz. Sí, este librito llegó justo cuando más lo necesitaba. Los lectores que, como yo, por desconocimiento y/o por prejuicios se pongan en prevención ante el manga, pero que estén dispuestos a adentrarse en una obra sensible y a la vez de profunda carga psicológica, calmada y al mismo tiempo surcada de reflexiones, con Los Años Dulces pueden encontrar su puerta de entrada a la obra de un artista con mayúsculas, Jiro Taniguchi, cuyas páginas dejan con hambre de más, de mucho más, de cualquier cosa que haya hecho.

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