Kick-Ass. Cómic vs Película

Vale, he caído, he picado. Y encima me he encajado ración doble. Arrastrado por la inevitable fuerza de la actualidad me he tragado Kick-Ass, el comic, y al día siguiente he visto la película. La historia guionizada por Mark Millar, famoso por sus burradas en The Authority, y correctamente dibujada por John Romita Jr. con un estilo reminiscente de Frank Miller, es como un sketch de los Morancos. Ambos autores, como el dúo de humoristas (?), conocen bien a su público, en este caso el pijamero, y saben perfectamente cómo venderles un producto. La audiencia a la que están destinados los gags de los Morancos se reconocen en ellos y se ríen con ellos, pero no se dan cuenta de que en realidad se están riendo de sí mismos. Les gusta lo que ven porque se sienten identificados, pero a la hora de reirse no caen en que esas exageraciones no son más que ridiculizaciones de sus propias vidas.

Kick-Ass se burla del chavalito que se lleva su ración de grapas cada semana, ridiculiza sus frikadas y consigue resultar humorístico meramente mostrando unas conversaciones que resultan penosas y unas vidas patéticas. Como hacen los Morancos. Y como Millar y Romita conocen tan bien a su público, necesitan que a partir de un momento Kick-Ass deje de ser un comic con visos de verosimilitud para convertirse en un desparrame de sesos y sangre, con una niña experta en el manejo de la katana a la que no le duelen prendas a la hora de rebanar a quien se le ponga por delante.

Kick-Ass es un producto de, por y para un tipo de lector muy bien definido. El que ha crecido con estos comics como parte esencial de su vida y ha pasado horas debatiendo totalmente en serio quién vencería en una pelea entre Hulk y Wolverine. Es otro comic más que retoma una tendencia más o menos reciente que falsamente aparenta contar historias de superhéroes con un sustrato de realidad, pero que, como todos, acaba cayendo en el derroche de barbaridades y de momentos más o menos espectaculares pasados de rosca que demanda su audiencia. Ahora se llevan los comics con un fondo que parece extraído de la vida común, pero que no es más que una excusa para exhibir un muestrario de atrocidades que entretenga a la generación de You Tube, la que mira mientras dan una paliza a alguien, y en lugar de socorrerlo lo graban con sus móviles para colgarlo en la red como una diversión más.

Hasta su argumento parece extraído de uno de esos vídeos que se ven cada día en la red. Un adolescente decide ser un superhéroe al estilo de los de los comics que tanto le entusiasman. Resultado: recibe lo que no está escrito. ¿Hay algo que pueda excitar más las fantasías húmedas del fan de comics superheroicos? ¿Y que le haga levantar más carcajadas? Las mismas risotadas que al ver el vídeo en el que sacuden al novato de la escuela hasta dejarlo inconsciente.

Para que el potaje resulte más metalingüístico no faltan las referencias a otros comics del género que harán las delicias del fan más hardcore. «¿Te has dado cuenta, Choni, de que los freaks de Kick-Ass están pintados como una pandilla de perdedores a los que todo les sale mal…? Un momento ¡Como Peter Parker!» O como tú. Más me rechina cuando se quiere especiar la historia a base de convertir a una niña pequeña en un remedo de Punisher entrenada por un padre fascistón y ultraviolento. O cuando las gracias se hacen con chistes arquetípicos a costa Michael Moore, Clint Eastwood y el Partido Demócrata norteamericano.

Seguro que a una parte de la población estadounidense, la más volada, les habrán encantado y no le habrán pillado una pizca de ironía. Si es que la tiene. Igual que a la audiencia de los Morancos les encantan sus programas. Pero esto de que la pareja de autores quieran resultar graciosos a base de ver si la dicen más gorda en la próxima viñeta, al cabo de un rato empieza a perder chispa. Y más con una resolución de pacotilla, pillada por los pelos, que sirve para ponerse aún más bestia, pero que a mí me flaquea tanto como la explicación de El Protegido de M. Night Shyamalan. Vaya chorrada.

La adaptación cinematográfica es harina de otro costal, aunque se le podrían aplicar la mayoría de los calificativos que he empleado para el comic original. Destinada al mismo público y con resultados similares, discurre por otros derroteros. Empieza siguiendo a Millar y Romita al pie de la letra, y se va desviando convenientemente. Incluye los pertinentes guiños al comic para que se note de dónde viene, y hace alguna referencia a la cultura popular, como a Taxi Driver, que seguramente no captarán los niñatos a los que está enfocada y que ahora pueblan las salas esperando ver escenas flipantes mientran rumian palomitas y berrean. El film pretende ser mucho más suave y políticamente correcto, dentro de su brutalidad, que el comic. Así se evitan una calificación para adultos que les haría perder la tajada del público adolescente. Pero también pierde parte de esa mala baba contra su propio público y les devuelve una mirada más amable para con ellos. En ambas maniobras a la industria se le ve el plumero.



Si el comic acaba siendo infantilizado, la película es directamente infantil y desbarra en tonterías. Y no me refiero infantil en lo que muestra, sino en sus razonamientos y resolución simplones. Se carga la poca gracia del comic, dejando lo más insultante en blando y limpio, como es el caso de la relación entre el protagonista y la chica, y no pueden evitar añadir las recurrentes piruetas a lo Matrix que dan la mar de espectáculo. En realidad no sé si es peor la hipócrita forma en que la película desvirtúa el comic, o la manera en que se presenta la violencia como algo banal y divertido a una generación que cada vez está cometiendo más barbaridades no ya con sangre fría, sino regodeándose en ello. Al menos Nicholas Cage, que da más grima que nunca, habrá colmado sus sueños de interpretar a un superhéroe, aunque no puede estar más ridículo. Bueno, bien pensado sí que puede. Tanto el comic como la película, faltaría más, hay que seguir ordeñando la vaca, anuncian segunda parte. Igual que desde la televisión pública nos estuvieron iluminando los Morancos durante varias temporadas. Uf. ¿Entretenida? Bueno… ¿Olvidable? Definitivamente. Huh… como un gag los Morancos.