Los Hermanos Luna son conocidos por haber creado la serie Ultra en Image Comics, una de esas historias modernas de superhéroes en las que lo que interesa no es tanto las luchas con supervillanos, como la forma en la que su peculiar estilo de vida afecta a su discurrir existencial. Después de Ultra, debieron de pasárselo bomba creando Girls, un relato que tras el disfraz de horror y ciencia ficción apunta en muchas otras direcciones, incidiendo en la puesta al día de la eterna (y literal) lucha de sexos desde el humor absurdo y la crítica social. Un grupo de chicas desnudas extremadamente agresivas aparecen en una pequeña localidad de la América profunda atrapada e incomunicada por una cúpula invisible. Y la arman. Sí, está la intriga sobre quienes son, porqué están ahí y porqué actúan así, pero lo importante es la galería de estereotipos masculinos y femeninos que se presenta a lo largo de 24 números. Los Luna no dejan títere con cabeza. A primera vista, y aparentemente, la misoginia pulula a sus anchas. Las malas son mujeres. Tanto las habitantes del pueblo como las recién llegadas se atacan entre ellas, son maledicentes, cotillas, castradoras, sobreprotectoras, dominantes, promiscuas y actúan de forma irracional e incomprensible. Ni un tópico se escapa. Pero también los hombres son cobardes, calzonazos, gallitos, infantiles, irresponsables, idiotizados y se dejan llevar por su entrepierna.

Girls es una hipnótica historia de intriga y ciencia ficción competentemente dibujada, a pesar de una excesiva utilización de planos difuminados que, aunque focalizan la acción, acaban siendo cargantes,. Pero lo más interesante reside en el retrato de personajes y la caracterización de roles tradicionales masculinos y femeninos. Así, durante la primera parte de Girls, sin olvidar el componente fantástico y de terror, predominará el humor absurdo producto de la estupidez humana y los errores que cometen los personajes en plena confusión. Pero después el humor será casi barrido para centrarse en el drama humano. La acción pasa a recordar a ¿Quién Puede Matar a un Niño?, la desasosegante película de terror firmada por Narciso Ibáñez Serrador en 1976. Los hombres en Girls aparecen confusos, pugnando con la nueva identidad del varón que exige la sociedad moderna, y acaban convirtiéndose en los verdaderos villanos de la historia, repulsivos y ridículos. Lo que parecía un relato misógino se transforma en una defensa del feminismo. Pero según avanza, la trama da más piruetas y los personajes que reclaman constantemente la igualdad entre sexos, si se les da la ocasión piden que cada uno asuma el rol que se le atribuye. Las mujeres exigen a los hombres que se comporten como machos protectores, y los hombres solicitan de las mujeres una actitud maternal.

En la tercera parte de la serie, cada personaje, hombre y mujer, se va depravando cada vez más, retorciéndose cada uno en su peculiar estilo, desde el que acentúa sus rasgos hasta el extremo, hasta el que es capaz de hacer justo lo contrario que se hubiera esperado de él. La estupidez no es cuestión de sexo y todos acaban comportándose como psicópatas mientras que la historia se aproxima a El Señor de las Moscas, la novela de William Golding. Se revierten los papeles y todo desemboca en un grupo de hombres que se comportan con total irresponsabilidad cuando se ven rodeados de mujeres sumisas que los adoran. Olvidan lo que son y lo que hacen. Ese es el tipo de mujer que quieren a su lado, que no sean complicadas, con las que no tengan que competir, con las que no corran el riesgo de ser humillados o ignorados. Lo que quiere el hombre es una muñeca hinchable.

Recopilada en cuatro tomos, los dos primeros fueron publicados en nuestro país por Planeta De Agostini y luego desapareció en el limbo. Girls transcurre lenta y minuciosa en cada situación y reacción. El dibujo, intencionadamente estático, consigue transmitir el efecto de suspense y desconcierto que sufren los personajes. Tal vez la historia se alarga en demasía, pero cada episodio se edifica sobre sí mismo y ramifica en diversas subtramas que acaban siempre en un irresistible cliffhanger. Los hermanos Luna tienen en cuenta todas las posibilidades y los matices, y expanden su historia con mil metáforas preñadas de significados sobre lo que supone ser hombre o mujer. Aquellos sutiles trazos que, aunque repela a nuestra inteligencia, acabamos asumiendo que nos diferencian. Girls nos enfrenta a nuestras propias paradojas y nos demuestra que no hay sexo débil. Aunque al final no pueda evitar la típica blandenguería norteamericana.