Portada de Billy Bat 1Se le va la olla. Vale que sea un maestro del cliffhanger, que ralentizando la acción consiga un ritmo endiablado, que construya unos caracteres que enamoran, que en cada página en lugar de cerrar líneas argumentales abra otras nuevas que se disparen en mil direcciones y al final sepa enlazarlas todas. Pero que con esa manía que tiene la historieta japonesa de mirarse el ombligo le haya dado por hacer protagonista de su última invención a un dibujante de manga, y que además el motor de la historia sea un trasunto de ratón Mickey chungo, Naoki Urasawa ha ido demasiado lejos. Billy Bat es una minestrone en la que ha puesto todo tipo de ingredientes: el asesinato de Kennedy, el Ku Klux Klan, la Coca Cola, Walt Disney, la llegada del hombre a la Luna, los ninjas del Japón medieval, Judas y Jesucristo. Todo ello como marionetas de un Grand Guignol manejado por el contradictorio personajillo que da nombre a la historia. El protagonista de un tebeo que se revela como un ser real con cualidades cuasi mágicas de proporciones cósmicas.

Portada de Billy bat  edición japonesaServidor, que ya les ha dicho que es un ansioso, se ha metido entre pecho y espalda los siete tomos que han sido publicados allende nuestras fronteras hasta la fecha. Según avanzaba en la lectura, no tanto por la picazón de saber cómo continúa la acción, como por descubrir hasta dónde va a ser capaz de llegar el autor y cómo se las va a arreglar para salir airoso del tremendo embrollo en el que se está metiendo él solito. La intriga que caracteriza al fabulador nipón permanece constante, aunque cada vez parece más exagerada, casi forzada, en búsqueda de la pirueta perpetua que descoloque al lector. Pero no sólo es eso. El caricaturesco murcielaguillo que se adivina nacido en el albor de los tiempos para dirigir los destinos del ser humano, no acaba de convencer. Es un personaje sin el peso, sin la hondura necesaria, incapaz de causar el pellizco imprescindible que se supone que debe conducir la trama. Los interrogantes se acumulan, pero dan la impresión de ser sólo un montón de grandes nombres apelotonados para mantener el suspense. Puede que al final Naoki Urasawa desmadeje el ovillo, pero no lo habrá hecho con la brillantez que corta la respiración a la que nos tiene acostumbrados.

De lo que no cabe duda es de que Urasawa sabe poner el ojo en un filón histórico. Con Monster fue la caída de los regímenes soviéticos y los oscuros tejemanejes de aquellas dictaduras. Billy Bat se centra ahora en los convulsos años sesenta, una época de reivindicaciones sociales en las calles marcada por la amenaza nuclear y la guerra fría. Sobre ese telón de fondo se contraponen rudos vaqueros cabalgando hacia el horizonte para salvar al dibujante de cuyo cómic son fans, ya ven. Y eso es más de lo que uno puede admitir sin perder su cara de palo. Las historietas de Urasawa son pura fantasía, sí, pero algunos delirios caen en el lado equivocado que separa la maravilla del ridículo. Ni el murciélago misterioso ni las exageraciones que lo rodean logran la mínima credibilidad deseable. El gancho no es lo bastante poderoso. Y aunque los personajes están ahí, y las acciones paralelas que dan saltos en el tiempo adelante y atrás, poco a poco van convergiendo, Billy Bat no pasa de ser curioso. Es una tremenda soap opera, pero sus ambiciones son más grandes que sus resultados.

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