David Mazzucchelli ha hecho comics toda su vida. Esta es su primera novela gráfica”. Lo leo, sin firma, en la solapa de la edición española de Asterios Polyp a cargo de Sins Entido, y me acuerdo de Just Like Tom Thumb’s Blues de Bob Dylan. “Empecé con el Borgoña, pero pronto me pasé a material más duro“. Oooh… Ahora estamos hablando de algo serio. Efectivamente, afirmaciones tan chocantes como la anterior aparte, algo que nos llevaría muy lejos, el premiado trabajo reciente de David Mazzucchelli es un producto tan complejo que exigiría toda una tesis para analizarlo en detalle. Asterios Polyp es una obra conducida por las dualidades. Está contada por el gemelo del protagonista, que murió al nacer. Asterios es un personaje de rostro geométrico que presenta las dos caras simétricas del dios Jano. La vida y el arte se conciben como dualidades. Lo funcional versus lo decorativo, lo apolíneo versus lo dionisíaco, el ascetismo versus el hedonismo, la atracción mental versus la atracción física. Y Asterios es el ser que menciona Aristófanes, con dos caras en una sola cabeza, cuya arrogancia al desafiar a los dioses le lleva a la condenación. En este caso, en la forma de un rayo que cae del cielo para destruirlo.

Asterios Polyp es un arquitecto estirado y engreído que en plena crisis de la mediana edad pierde su casa en un incendio. Decide romper con todo y empezar de cero lejos del ambiente en el que se ha movido. Reniega de su persona anterior como un nuevo San Francisco de Asís, y lo deja todo atrás para dedicarse a la vida retirada. Ese es su segundo nacimiento, que se muestra mientras el narrador relata su primer nacimiento. Comienza así un viaje iniciático en el que descubrirá que la vida es una polifonía. Mazzucchelli es el arquitecto de esta novela gráfica y ella es su gran obra de construcción. En ella crea un mundo de diseño ex-profeso para mostrar lo que quiere contar. Nada queda al azar, todo tiene un significado simbólico. Cada línea, la disposición de las viñetas, su misma ausencia, la composición de la página, la forma y tamaño de los bocadillos de texto, su tipografía, el uso del color, los movimientos de cámara con que dirige la mirada del lector. Mazzucchelli, como su personaje a lo largo de su peripecia, concilia opuestos en un relato alegórico plagado de referencias culturales y mitológicas que conforman un mito moderno: el mito de Asterios Polyp.

Mazzucchelli recurre a vanguardias artísticas en capítulos milimétricamente planeados. Aparentemente desestructurado, con contínuos saltos adelante y atrás, Asterios Polyp encaja como un puzzle que va dejando pistas sobre el pasado para entender el presente. Sin embargo todo resulta demasiado ansioso. Mazzucchelli denota demasiadas ganas de impresionar, de ir más allá en la narrativa del comic, en hacer una obra definitiva y madura. Algunos recursos son de un simbolismo tan obvio que resultan irritantes, como si el lector precisara que le dejasen cla-ri-to su significado. Otras estrategias quieren implicar más de lo que muestran, pero resultan tan oscuras, tan personales, que se pierde parte de su contenido. Mazzucchelli se esfuerza con ganas tan excesivas en buscar nuevas fórmulas, en cargar cada línea de un significado metafórico, que se excede y apabulla. Hermoso y fascinante, Mazzucchelli pretende con Asterios Polyp que el cómo cuente por primera vez tanto como el qué, pero acaba con el lector más pendiente de la estética, de lo que se va a encontrar en la siguiente página, que de la mera anécdota que en el fondo cuenta la historia. Y tiene su reflejo en la preciosa edición del tomo (un diez para Sins Entido por su impecable labor de reproducción). Así, la historia de Asterios Polyp, el trabajo de Mazzucchelli, y el libro en sí como objeto, quedan íntimamente interrelacionados. Al final, el medio es el mensaje.

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