Portada Capitán America 247-248 USALos héroes y sus poderes han sido una parte de un mismo universo narrativo durante muchas décadas. Algunos incluso podrían pensar que para convertirse en un superhéroe los súper-poderes son absolutamente necesarios. Sin embargo, eso no es del todo cierto. El verdadero poder del superhéroe estadounidense no es su capacidad de volar o disparar rayos de energía, sino más bien su altruismo y la convicción de que el bien puede vencer al mal, en todas sus formas y manifestaciones.

Sin duda, en la mayoría de los casos, los superhéroes luchan simplemente contra supervillanos. Pero también pueden luchar por un ideal. El Capitán América representa lo mejor de los Estados Unidos de América, el potencial de libertad y tolerancia y, sobre todo, la búsqueda de los valores democráticos. Cuando le ofrecieron a Roger Stern la oportunidad de escribir “Captain America”, él estaba entusiasmado, a pesar de sentirse presionado por tener éxito allí donde muchos otros escritores habían fracasado. Con el fin de comprender el concepto básico, Stern decidió leer libros de historia sobre la Segunda Guerra Mundial antes de releer los cómics clásicos de Joe Simon y Jack Kirby. El escritor nunca olvidó que el Centinela de la Libertad era ante todo un símbolo de esperanza.

Una maravillosa sensación de optimismo llena las páginas de “Por la luz del alba” (publicado originalmente en Captain America # 247, julio de 1980). En un solo número, Stern presenta una réplica robótica del Barón Strucker, reúne al Capitán América con viejos aliados como Nick Fury y Dum Dum Dugan, y todavía tiene suficiente tiempo para hacer algunas aclaraciones respecto al origen del personaje. Este primer capítulo es muy entretenido y es un ejemplo de lo atrayentes que pueden ser los cómics de superhéroes, pero sorprendentemente, los siguientes números son incluso mejores.

Portada Capitán America 249-250 USAHay algunas secuencias de acción realmente espectaculares en “Hombre Dragón” (Captain America # 248, agosto de 1980), pero lo que más me gusta de este cómic es ver cómo Stern y Byrne se concentran en la vida privada de Steve Rogers. Como artista independiente, Steve tiene dificultades para encontrar empleo; envía su portafolio a varias agencias de publicidad y pasa un día entero yendo de una entrevista de trabajo a la siguiente; al final, se retira con las manos vacías. Es imposible no sentirse identificado con Steve, especialmente para todos los que hemos estado desempleados en algún momento. Stern incluso plantea escenas que representan las largas horas que Steve pasa en el metro o en el bus. Gracias a detalles de este tipo, el personaje se convierte en una persona de carne y hueso; los extravagantes y rimbombantes elementos superheroicos logran así estar bien anclados en nuestra realidad. A pesar de todo lo ocurrido, Steve está seguro de que encontrará trabajo a tiempo para poder pagar la renta.

Después de conocer a su nueva vecina Bernie (Bernadette) Rosenthal, el Capitán América persigue al Hombre Dragón y descubre la guarida secreta de Machinesmith en “Muerte, ¿dónde está vuestro aguijón?” (Captain America # 249, septiembre de 1980). Machinesmith es un cerebro humano atrapado en un cuerpo robótico, y ataca al Capitán América con un ejército de androides. Al final, el Capitán América deduce que debe destruir el cerebro electrónico de Machinesmith, y sin darse cuenta, de este modo mata a su enemigo. Mientras agoniza, Machinesmith confiesa que engañó al Capitán América para poder morir, él había planeado suicidarse pero sus robots le impedían hacerlo. “Hay casos en los que la calidad de vida es tan baja… que se convierte en poco más que una burla cruda de lo que debería ser la vida”. Al igual que un paciente reclamando la eutanasia, Machinesmith finalmente ha recibido el final que deseaba. Pero el Capitán América siente remordimiento; su victoria no le trae ninguna alegría, por el contrario, es un momento triste. Un impresionante final que estoy seguro habrá sorprendido a todos los lectores en los 80s… Para mí fue algo inesperado, pero que encajaba muy bien con el tono del relato.

“¡El Capi para presidente!” (Captain America # 250, octubre de 1980) es sin duda una de las mejores historias autoconclusivas de superhéroes que he leído en mi vida. Y es tan vigente ahora como lo fue hace 36 años. Como hicieron en números anteriores, Roger Stern y John Byrne trabajaron juntos como co-argumentistas, aunque Stern estaba a cargo del guión final y Byrne del arte a lápiz (que sería espléndidamente entintado por Joe Rubinstein). Stern y Byrne eran amigos cercanos, y se entendían perfectamente. Es poco frecuente encontrar un equipo creativo tan en sintonía como ellos, y parecía que se desafiaban mutuamente a hacer el máximo esfuerzo a nivel creativo.

La dupla de autores celebra la edición 250 de Captain America con una historia realmente inspiradora; el resultado es una obra notable, un clásico contemporáneo. Celebrada como una de las mejores historias de Capitán América alguna vez publicadas, “¡El Capi para el presidente!” audazmente llega a donde muy pocos cómics de superhéroes han ido antes. Dije, al inicio, que los héroes y los poderes son parte de la misma fórmula, pero también lo son el poder y la política. Y de la misma manera que el poder corrompe, los políticos son muy a menudo sujetos viles y corruptos. Esta verdad universal parece aplicarse prácticamente a todos los países del mundo. Pero a pesar de las decepciones constantes y la frustración, Steve Rogers “no había caído en el cinismo. La dureza de carácter era su mayor fortaleza”, explica Roger Stern.

Por lo general, los superhéroes son apolíticos. Pero cuando un partido independiente (no asociado con los republicanos o los demócratas) invita al Capitán América para lanzarse como candidato presidencial, el Centinela de la Libertad comienza a cuestionar su papel como ciudadano y el deber moral que tiene con su nación. Millones de hombres y mujeres están entusiasmados ante la posibilidad de votar por el Capitán América. Los que nunca votan porque se sienten insatisfechos con los candidatos, están ahora emocionados y con ganas de votar por el héroe. Steve Rogers se siente intimidado por los desafíos que enfrentaría como político (inflación, crisis energética, relaciones internacionales), pero algunos de sus amigos tratan de convencerlo de que podría lograr mucho más en la Casa Blanca que patrullando las calles de New York. Todos los Vengadores lo apoyan, a excepción de Iron Man, quien le recuerda que los héroes jamás deben participar en política.

Todo el cómic gira íntegramente en torno al dilema moral del Capitán América. Y la conclusión es inolvidable. En una rueda de prensa, el Centinela de la Libertad explica que su vida tiene sentido a causa del sueño americano: “Todos debemos vivir en el mundo real… y, a veces, ese mundo puede ser bastante deprimente. Pero es el sueño… la esperanza… lo que hace que valga la pena vivir en la realidad”. El discurso del Capitán América es impresionante, y totalmente fiel a la esencia del personaje. Él no será el candidato presidencial. La última página incluye una larga cita de John F. Kennedy, que ilustra por qué el Capitán América tiene que seguir un rumbo determinado. El extraordinario arte de John Byrne ayuda a establecer el estado de ánimo de esta escena, y el resultado es un momento profundamente conmovedor, del tipo que rara vez se encuentra en los cómics de superhéroes, algo que hace que este ejemplar sea aún más valioso.

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